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Agentes (de cambio) inmobiliarios en medio de la revolución

Sr. Director

En algún momento del año 2008 se consolidó un cambio trascendental en la historia humana: por primera vez, desde que el homo sapiens recorre la Tierra, más de la mitad de sus individuos pasaron a vivir en ciudades. Para el año 2030 se espera que el número de seres humanos viviendo en ciudades sobrepase los 5.000.000.000. A nosotros, que trabajamos proveyendo espacios para residir, trabajar y vivir en general, nos resulta obligatorio reflexionar respecto de esta revolución global en marcha.

Como especie, hemos venido a vivir mayoritariamente en ciudades recién en los últimos 13 años, en un proceso sostenido de urbanización global, que ha avanzado a diferentes ritmos, en las diferentes regiones del mundo y que se ha acelerado vertiginosamente en los últimos 200 años.

Nuestra línea de trabajo nació con este mundo cambiante y con sensación de crisis permanentes, reales e imaginarias. Las crisis actuales, ya sean las muy recientes, como el coronavirus, o las menos recientes, como la urbanización mundial, pueden ser una oportunidad, tanto para mejorar nuestros ingresos, como para contribuir a suavizar los efectos adversos que todo cambio puede tener.

Hay ciertos aspectos de nuestro trabajo que pueden verse favorecidos en una crisis y otros que pueden favorecer a las sociedades donde vivimos. Primero, lo obvio: las crisis, especialmente las económicas, que provocan que los inmuebles cambien de propietarios. Si nuestro trabajo es intermediar esos traspasos, tiene todo el sentido del mundo pensar que estas épocas pueden ser muy provechosas para nosotros, si estamos dispuestos a afrontarlas con decisión.

A menudo, el “corredor” es infravalorado como un operador poco preparado, cuya única labor es salir a las calles que otros no pueden recorrer por hacer cosas más importantes y tener, por tanto, menos tiempo disponible. Una vez iniciada la negociación, el rol del agente inmobiliario puede verse reducido a un mero canal de comunicación entre las partes. Sin embargo, un asesor cumplidor, organizado, minucioso y estudioso puede ganarse el respeto de las partes, así como de los asesores que las asisten en otras áreas.

Si bien nuestro oficio puede carecer a menudo del grado de especialización y profundidad de otros actores presentes en las negociaciones, esta misma mirada general puede darnos una mirada más amplia, capaz de integrar distintos factores y áreas en la toma de decisiones de nuestros clientes. Es conveniente, por tanto, generar estructuras organizacionales que nos mantengan en constante relación con otros profesionales que concurran a los negocios inmobiliarios.

Cordialmente

Germán Burgos French-Davis
Coordinador de Negocios de Cusaco Realty Group.

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