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Las medidas económicas de Joe Biden frente a Chile

Por Gonzalo Martner.- ¿Sabía usted que Joe Biden, de ser elegido en noviembre presidente de Estados Unidos, y luego de haber negociado con los partidarios de Bernie Sanders, contempla aumentar al doble el salario mínimo, de 7,25 a 15 dólares la hora, lo que ya ocurre en la ciudad de Nueva York?

Aquí los neoliberales unidos dirían que eso sería catastrófico y que atentaría contra el empleo. Economistas serios como el Nobel Paul Krugman concluyen que solo aumentaría los ingresos de los peor pagados y contribuirían a reactivar la alicaída demanda de consumo.

¿Sabía usted que Joe Biden contempla aumentar los impuestos en 2% del PIB y que tres cuartas partes del incremento vendrían del 1% más rico (US$118 mil de impuesto adicional por individuo, que implicaría una caída de 17% de su ingreso neto)?

En Chile, los neoliberales de todo el espectro dirían que esto atentaría contra la recuperación y el crecimiento y que implicaría la salida de capitales. Es tal la concentración del ingreso en Chile que una medida de este tipo (de 2% del PIB en el corto plazo y de 10% del PIB en el horizonte de una década), bien aplicada al capital inmobiliario y financiero (incluyendo el que estuviera en el exterior perteneciente a agentes económicos chilenos) y al consumo de lujo no tendría grandes consecuencias de ese tipo y permitiría mejorar la distribución del ingreso y, por ejemplo, aumentar la pensión básica, que hoy tiene un valor que va entre 141 mil (para los de 65 a 74 años) y 170 mil pesos (para los mayores de 80 años).

¿Sabía usted que Joe Biden plantea aumentar de 37% a 39,6% la tasa de impuesto a la renta para el tramo más alto de ingresos y que sumando el impuesto a la renta de ciudades y estados llegaría a 60%?

¿Se imagina usted que en Chile se propongan tasas de 40 y 60%, luego que el Senado aceptara bajar a 35% la tasa más alta en la cocina de la reforma de 2016, la que era de 50% en 1993? Los neoliberales de distintas variantes dirían que eso desincentiva la inversión y el esfuerzo (de los más ricos y rentistas, claro, lo que es bastante ridículo como razonamiento). Está ampliamente probado que analítica e históricamente eso no es cierto (véase los trabajos de Thomas Piketty, Gabriel Zucman y Emmanuel Saez, por ejemplo).

¿Sabía usted que Joe Biden propone eliminar el techo de cotización de las personas de altos ingresos (hoy situado en US$137,7 mil de ingresos anuales) al sistema de pensiones de reparto y así contribuir a financiarlo? En Chile se diría que eso aumentaría la evasión y que los sistemas de reparto no sirven (¿?). Pero usted leyó bien: en Estados Unidos las cotizaciones obligatorias son de 12,4%, pagadas de manera paritaria por trabajadores y empleadores y van a financiar las pensiones de los pasivos, sin que nadie se enoje y ningún sistema esté ni vaya a estar quebrado porque va ajustando sus necesidades de financiamiento. En realidad, este sistema protege a la mayoría de la población de menos ingresos desde que fue fundado en 1935 por Roosevelt. Las propuestas de privatización de la seguridad social no han tenido ningún eco en ese país.

¿Se imagina usted a la oposición chilena unida planteando que uno de los pisos de la seguridad social debe ser un sistema de reparto con cotización paritaria y sin topes en las cotizaciones? Los neoliberales de toda índole dirían: ¿cómo se le puede ocurrir a alguien establecer un sistema así, cuando aquí ya adoptamos la religión de la capitalización individual exclusiva? Así va Chile.

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