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Los gérmenes de la decadencia

Por Hugo Cox.- En Chile asistimos a un deterioro paulatino y sostenido de la fe pública, que ha ido en aumento a partir de escándalos como el ocurrido en Carabineros y el Ejército. Esta hipótesis se sustenta con el estudio de opinión del Centro de Estudios Públicos (CEP) en su encuesta de septiembre –noviembre del 2018, en ella da cuenta de niveles preocupantes que están alrededor del 50% de falta de confianza en las instituciones, tendencia que ya se anunciaba en la encuesta bicentenario de la Universidad Católica de Chile en 2017.

Dada la naturaleza de las instituciones investigadas, esta variable adquiere dimensiones insospechadas, en el detonante de una crisis que afectaría al Estado. Ergo, va más allá del partido político de moda o de alguna institución, pública o privada, que tenga algún tipo de poder temporal.

La desconfianza se ha instalado en Chile. Quien entrega una buena mirada a la actual estado de la sociedad es Z. Bauman, que ya hace más de una década señalaba: “Consideremos que la fluidez o liquidez son metáforas adecuadas para aprender la naturaleza de la fase actual de la historia de la modernidad” (Bauman Z. 2003). Por otra parte, el filósofo sur coreano Byung Chul Hun nos plantea una sociedad del híper consumismo, con un temor hacia lo diferente y esclava de sí misma, híper conectada, exigente, en la comunicación. “Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información, las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se ensalza con lo igual, la comunicación digital es solo vista, se han perdido los sentidos, estamos en una fase debilitada de la comunicación global y de los likes, solo consiente a los más iguales a uno, lo igual no duele” (B. Chul Hun, 2017).

Lo anterior nos obliga a preguntarnos cuáles son las características éticas de una crisis en un contexto posmoderno o de sociedad de modernidad avanzada. Gianni Vattimo nos ofrece una respuesta: “La posmodernidad es, de por sí, ética… la ética de la posmodernidad que se estructura a través de la hermenéutica”. Vattimo denomina a ese código valórico una “ética de la interpretación”, ya que la hermenéutica es una actividad ética y la ética se ejerce, se efectúa de modo hermenéutico, en que la metafísica como pensamiento fuerte se transforma en pensamiento que ejerce violencia, en cambio la ética ejercida a través de la hermenéutica se transforma en un  pensamiento interpretativo y, por lo tanto, la crisis gira en torno al constante cuestionamiento de toda verdad absoluta.

En síntesis, la ética a partir de la hermenéutica no ofrece principios universales o imperativos, categóricos, sino que orienta hermenéuticamente las propuesta de solución tanto de la vida individual, social y política, lo que permite la comprensión desde la cual toda propuesta de solución a la crisis no tiene pretensiones de validez universal absoluta, sino que recoge las expectativas y proyectos del hombre culturalmente situado en sus propios contextos y particularidades.

Por otra parte, tenemos que estos hechos presentan un proceso multidimensional, que tienen que ver con una dimensión pragmática, una dimensión simbólica y estructural.

Los efectos de las crisis se reflejan en el análisis de las representaciones y de las prácticas simbólicas reflejadas en las dimensiones antes enunciadas, lo que obliga a indagar las diversas similitudes entre las distintas realidades, también en el doble carácter de las instituciones como facticidad objetiva y como complejo de significados subjetivos que orientan a la sociedad.

Hoy encontramos siete variables presentes en el quehacer político que han dado origen a una política vacía de contenidos en algunos países como Estados Unidos, (Trump), Inglaterra (Brexit) y en América Latina los ejemplos abundan.

Algunas variables están más presentes en algunos países que en otros, estas están ligadas a la imagen de los políticos y la responsabilidad de los medios de comunicación y las redes sociales.

  1. La antipolítica: rechazo a los políticos de siempre y de la presencia de los gobernantes tradicionales que usan la política para su beneficio personal y no en aras del bien común. Quienes se ponen en esta posición piensan que echando a los antiguos gobernantes su situación personal mejoraría o, al menos, servirá para decirle a los poderosos: “Que se vayan todos y nada puede ser peor de lo que hay”.
  2. Partidos débiles: debilidad de los partidos tradicionales, con divisiones internas.
  3. Normalización de la mentira: El uso de la mentira como arma política.
  4. La manipulación digital: Uso intensivo de las redes sociales para influir y manipular la opinión pública.
  5. La intervención extranjera vía armas cibernéticas o directamente.
  6. El nacionalismo: Denuncias contra la globalización, el comercio internacional, y países que se aprovechan de otros.
  7. Narcopolítica y/o delincuencia empresarial: Que afecta y ha afectado a países como Chile (casos de colusión), Brasil (caso Odebrecht), etc.

En síntesis el antiguo pacto social está quedando vacío, por lo tanto los reclamos tienen una tendencia a aumentar profundamente, así como la intolerancia, la xenofobia, etc.

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