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Mackenna se toma el Cerro San Cristóbal

Por Juan Medina Torres.- La campaña de transformación del San Cristóbal encabezada por Alberto Mackenna Subercaseaux no finalizó con la publicación de la Ley 3.295 que permitía expropiar los terrenos y otorgaba los fondos necesarios para las principales obras.

Mackenna presionó al Gobierno de Juan Luis Sanfuentes para que la burocracia cumpliera con lo establecido en la ley y, para ello, el 7 de octubre de 1917, junto a un grupo de boy scouts y conscriptos del Regimiento Tacna se tomó simbólicamente el cerro.

En la cumbre, como una demostración de conquista de este paseo para la ciudad de Santiago, izaron la bandera nacional. En el acto, Alberto Mackenna destacó que el San Cristóbal será un orgullo de Santiago y una gloria de Chile. Este sitio, dijo, “será una fuente inagotable de salud y un venero de riqueza para nuestra capital”. Luego el presbítero Miguel Miller ofició una misa de campaña al pie del monumento a la Virgen. Las palabras de Alberto Mackenna reflejaban su decisión y visión progresista.

Luego de este acto muy significativo para la época y de acuerdo a lo establecido en la Ley 3.295, el Presidente Sanfuentes nombró una comisión de hombres buenos para que tasara los terrenos a expropiar.

Finalizado el proceso de expropiación, el Gobierno tomó posesión oficial de los terrenos del cerro San Cristóbal el Lunes 17 de Junio de 1918.

Concluía así una etapa importante en la transformación del cerro San Cristóbal  y comenzaba otra destinada a hacer realidad los ambiciosos proyectos. Quien mejor sintetizó dichas iniciativas fue Alberto Mackenna Subercaseaux.  “Yo no concibo el futuro del San Cristóbal como un gran bosque de monótono y perenne verdor. Lo concibo como una decoración luminosa y variada, donde se alternen los árboles de hojas perennes con los de hoja caduca”, decía Mackenna. Ponía énfasis en el contraste entre los macizos verdes de los árboles de follaje y el colorido de los árboles en flor que, de acuerdo a su visión, deberían ser ubicados en los faldeos que enfrentan la ciudad. Sostenía que debería mantenerse, en cierta medida, el carácter agreste del cerro, conservando su flora nativa. Junto con formular estos principios paisajísticos, invitaba a trabajar para crear  las condiciones propias de un centro de esparcimiento y para ello planteaba la necesidad de construir caminos, miradores y un funicular.

 

Publicación posible gracias al Fondo de Medios del Ministerio Secretaría General de Gobierno.

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