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Poder, economía y política

Por Hugo Cox.- En la actualidad, la economía se analiza como algo separado de la política. En este escenario tenemos que el agente principal sería la empresa, que generaría riqueza de manera eficiente, todo dentro del terreno que opera, los mercados. Por otro lado, desde la economía, la política debe actuar dentro del Estado y su objetivo es mantener la estabilidad y el orden a través de sus actuaciones e instituciones. Ambos poderes actuarían en forma armoniosa siempre y cuando sus decisiones no intervengan en el área de la economía.

Una manera simplificada sería la economía neoclásica, que postula que si la política no interfiere en la esfera de la economía, esta última funcionaría de manera armoniosa. Este equilibrio sería el resultado de la agregación del conjunto de decisiones individuales de agentes homogéneos e independientes, consumidores y empresas, que dispondrían de información perfecta y actuarían guiados por el egoísmo como principio de su racionalidad, lo que redundaría, en teoría, en un mejor bienestar en términos colectivos. La competencia perfecta es una economía que no tiene tiempo ni espacio, y además sin sociedad.

El sistema económico se construye sobre la base de una serie de presupuestos antropológicos que autodeterminan las relaciones entre el individuo y la colectividad social.

Hoy en día vivimos en el momento histórico de mayor avance en la ciencia y la tecnología, y que permite el aumento de las capacidades tanto productivas como de distribución, pero la realidad es que esto no se traduce en el aseguramiento de las condiciones materiales básicas que permitan que las personas tengan una mejor calidad de vida.

En síntesis, el ajuste de la oferta y la demanda a un precio de mercado no garantiza que los productos de primera necesidad lleguen a manos de quienes más los necesitan, y los sectores de mayores ingresos tienen acceso a una mejor y mayor canasta que los sectores de bajos ingresos.

Las distintas crisis económicas han permitido ver las relaciones de poder que detentan las élites político económicas que realmente organizan la economía, esto es, la producción distribución y consumo de los bienes necesarios para la reproducción social. Esta cúpula que por concretar un poco más habría que hacer referencia a las grandes empresas transnacionales- compuesta por los grandes inversores institucionales u organismos de gobernanza mundial como lo es el Fondo Monetario Internacional (FMI) que dispone de una serie de instrumentos de poder, que en cada crisis se ponen en evidencia.

El poder no solo es ejercido a través de dispositivos formales o coercitivos, sino también mediante métodos informales y persuasivos. El enfoque económico convencional (la economía neoclásica) no es ideológicamente neutro: en esta economía no existe la sociedad, con todas las implicancias que eso tiene.

A partir de lo expuesto vemos cómo en Chile se da la lógica expresada en los párrafos anteriores. El informe “Desigualdades, Orígenes, Cambios y Desafíos de la brecha Social en Chile” del PNUD del 9 de junio del 2017 dice:

“Un rasgo central de la desigualdad en el país es la concentración de ingreso y riqueza en el 1% más rico. Es una dimensión que no mide la encuesta Casen, puesto que las encuestas de hogares subestiman o no logran registrar los ingresos de la población más acomodada. Para su medición se usan los registros tributarios, y para Chile estos datos muestran que el 33% del ingreso que genera la economía chilena lo capta el 1% más rico de la población. A su vez, el 19,5% del ingreso lo capta el 0,1% más rico, El 0,1% de los ingresos más altos corresponde en lo fundamental a utilidades no distribuidas, que dan cuenta del 91% del total de ingresos de este segmento. El ingreso promedio del 0,1% se estima en $140,5 millones mensuales antes de impuestos y en $111,1 millones netos (año 2013). No es que cada persona de las 9.900 que integran el 0,1% más rico obtenga ingresos

de $111 millones mensuales después de impuestos, sino que algunas de ellas en el tope del segmento son propietarias o socias de las mayores empresas del país y obtienen utilidades muy altas, que elevan el promedio. En cualquier caso, se trata de un grupo con ingresos muy elevados, puesto que el piso de entrada se estima en $26,5 millones antes de impuestos, y entre $17,2 y $21,1 millones después de impuestos, dependiendo del porcentaje que corresponda a utilidades retenidas. La mayor parte de estos ingresos financia inversiones que por una parte contribuyen al crecimiento de la economía y por otra acrecientan la riqueza de sus dueños, en la forma de capital accionario y otros tipos de activos productivos o financieros. No se dispone de la información necesaria para saber si la concentración de los ingresos en el 1% más rico ha aumentado o disminuido en las últimas décadas, pero el fuerte crecimiento de los activos de los grupos económicos hace muy improbable que esta dimensión de la desigualdad se haya reducido”.

Los antecedentes nos permiten demostrar que los problemas estructurales, como el elevado nivel de desempleo, se asumen como individuales, como un problema de escasa empleabilidad del individuo. Al mismo tiempo se asume que el ascenso económico y social deriva del mérito individual, ya que el eslogan es una buena idea y el patio de la casa es perfecto para empezar un negocio o “emprendimiento”.

En síntesis, el comportamiento de la sociedad en su conjunto es el resultado de la mera agregación de todas las conductas individuales, basadas todas ellas en una visión utilitarista del comportamiento humano. Pero se olvidan que no existe individuo al margen de la sociedad.

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