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Redes Sociales y Estallido Social

Por Cristóbal Cox.- Para entender el comportamiento social es vital poner sobre la mesa ciertas definiciones que nos hagan entender los procesos que van más allá de los números. El filósofo italiano Antonio Gramsci, siguiendo la lógica del materialismo histórico, concebía las crisis como procesos inherentes al sistema capitalista, es decir orgánicos. Lo anterior, era en mayor o menor medida, expuesto por las clases dominantes que entraban en contradicción y no podían dar respuesta a la resolución de conflictos o disyuntivas internas.

De esta red argumentativa se desprende una de las frases definitorias de crisis que han sido puestas en relevancia en distintos momentos o procesos históricos: la crisis es cuando lo viejo muere y lo nuevo esta por nacer. “Si la clase dominante ha perdido el consenso, entonces no es más ‘dirigente’, sino únicamente dominante, detentadora de la pura fuerza coercitiva, lo que significa que las clases dominantes se han separado de las ideologías tradicionales, no creen más en lo que creían antes. La crisis consiste justamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer, y en este terreno se verifican los fenómenos morbosos más diversos”, dice Gramsci (Pasado y Presente, p. 56).

Continuando con su tesis, es claro cómo identifica que las crisis no pueden ser aisladas, es decir que involucran al conjunto de la vida social y, por ende, no se puede analizar o pretender reducir la realidad a problemáticas particulares. Es así como entendemos que la crisis financiera, de autoridad, comercial,  productiva, social, cultural, educativa u otras, no funcionan ni se explican por sí mismas, a pesar de que por medio de un trabajo de abstracción de la realidad se puede científicamente tratar un conflicto de manera aislada, pero este no tendrá una respuesta coherente y duradera.

Ya que pudimos dar una pequeña aproximación de lo que es o puede significar una crisis, podemos aterrizar esta misma en los sucesos acaecidos en Chile, que comenzaron en octubre de 2019 que se extienden hasta estos días, para tratar -debido a que es lo que pretende este texto- de explicar el comportamiento social de las personas en redes sociales y cómo la comunicación se ha postmodernizado.

En este punto nos encontramos con una pregunta elemental: ¿Qué es el Postmodernismo? Para responder esa pregunta podemos ir al presunto origen del mismo, que se suele ligar al filósofo alemán Friedrich Nietzsche, con su tan resumido y manoseado concepto de “Dios ha muerto” y, del mismo modo, también han fallecido los dogmas y valores como se concibieron hasta el mundo moderno (visión totalitaria de los postmodernistas).

Para entender, entonces, esta visión filosófica nihilista que no cree en la necesidad de valores sobre el individuo y cómo este pensamiento es parte del arte, arquitectura, educación y otros, podemos ir hasta otro de sus exponentes como es Jean François Lyotard, filósofo francés acuñador del termino en materia filosófica, que en su obra “La Condición Postmoderna” critica el positivismo imperante, o sea, la aplicación del método científico y el racionalismo para la obtención de conocimiento objetivo señalando que, si bien puede existir una verdad objetiva, nosotros como humanos nunca podremos entenderla debido a nuestras limitaciones.

Lo anterior es importante ya que nos da una idea de que ya no existen (para ellos) certeza en las ideas, sino solamente mejores o peores interpretaciones de las cosas. Esta ambigüedad que plantea y le ayuda a sostener sus corrientes ideológicas tienen características claves: es crítica de la dualidad de los conceptos definidos en el pasado, se posiciona a favor de la diversidad y el pluralismo, factor del que se cuelgan los distintos movimientos como el LGBT, feminista, movimientos indígenas, ambientalistas o animalistas. Lo anterior, por medio del cuestionamiento constante a textos literarios e históricos ya que, afirman, les falta objetividad y tergiversan la verdad para reflejar ideas personales.

También se asegura que la verdad no es universal y es construida por el pensamiento que a su vez es modelado por el lenguaje. De esto se puede desprender el por qué los movimientos postmodernistas pretenden hacer cambios en la lengua por medio de la corrección política,  ya que éste -finalmente- es el que genera la realidad. Ejemplo de esto es el lenguaje inclusivo o las categorías no científicas de patologización de individuos que piensan distinto; se busca lo inmediato debido a que el presente es lo único que el individuo puede manejar debido a que tanto el pasado como el futuro no se pueden controlar; se valora más la forma que el contenido de los mensajes. Tiene otras características como las apologías a la naturaleza y, por ende, al salvaje, pero no entran en materia de este texto.

Comportamiento comunicacional postmoderno

Entendiendo lo anterior podemos empezar a tratar de interpretar el comportamiento de las personas en los medios de comunicación, ya sea tradicionales o digitales, y cómo estos se evidencian en mayor medida en periodo de crisis. En primer lugar, y citando el último anuario estadístico de la televisión chilena del CNTV de 2018, podemos ver cómo la caída del consumo de televisión es parte de todos los rangos etarios, pero en los niños y adolescentes es mayor. En efecto, en 2013 tenían un consumo promedio diario de 41 minutos y para 2018 cayó a 12 minutos. Este dato nos da un pequeña aproximación a una conclusión casi evidente: el proceso de secularización en la obtención de información o medios de entretención es algo tangible que se refleja en la perdida de televidentes potenciales.

Pero este cambio no es sólo en  la televisión. La crisis en los diarios impresos es una de la que se tiene constancia desde hace mucho. Con este panorama, ¿cómo se informa la gente?

Para dar una respuesta a esta interrogante tenemos que revisar primero el nivel de penetración que tienen las Redes Sociales en la actualidad. Ahí nos encontramos con los datos de la Asociación Nacional de Avisadores de Chile, que señala que el 77% de la población total del país tiene acceso a internet y, de ese porcentaje, un 71% utiliza las redes sociales (https://www.anda.cl/uso-de-redes-sociales-en-chile/ ). El uso de estas redes también aumenta a medida que reducimos la edad de las personas además de que el consumo en redes sociales también ha aumentado en cuanto a las horas que pasan los ciudadanos en ellas, cosa que nos habla indefectiblemente de la penetración de estas redes de información.

Estos datos nos explican cómo las personas se están informando y la teoría nos da un alcance de por qué los medios tradicionales de comunicación se encuentran en constante cuestionamiento, ya que habla de un visión de mundo que va más allá de las riñas personales. Es también acertado señalar que esta secularización trae consigo problemas no sólo de carácter ético o de sesgo ideológico de quien produce contenidos a la hora de elaborar publicaciones y ponerlas a disposición de las masas en redes sino, además, la sociedad se enfrenta a problemáticas como la posverdad​ o mentira emotiva que buscan distorsionar la realidad sin la necesidad de comprobación de información ya que apela directamente a lo que el usuario de internet está buscando y funcionan como una reafirmación de sus pensamientos, sean racionales o irracionales.

Estallido social

Podríamos decir que el estallido social en Chile profundizó o reveló el ya claro proceso de atomización en la obtención de la información, debido a una crisis sistémica que no es sólo de la clase política o económica. Pero ¿por qué?

Se podrían debatir distintas hipótesis sobre el fenómeno. La más argumentada es la que habla de las deficiencias en la democracia chilena para asimilar las crisis.

En países con sistemas parlamentarios como Inglaterra (no es una apología a su modelo, que es bastante mejorable), se tienen alternativas para que el sistema político pueda hacerse cargo de las problemáticas sociales. Una de ellas: el llamado a elecciones. En Chile el modelo no permite que el Estado pueda dar respuestas rápidas a problemas urgentes, polarizando la discusión y dejando inerte el terreno para posturas de centro. Este problema se traduce en las redes sociales, donde se ve cómo los contenidos con posturas más extremas van adquiriendo relevancia.

En este contexto podemos ver que se han posicionado formas alternativas a lo que podemos considerar medios de comunicación tradicionales. Los jóvenes en especial tienen una tendencia a informarse u organizarse por medio de páginas dedicadas especialmente a difundir contenido con mayor o menor carga política, ergo, mayor o menor subjetividad. También se ha visto cómo los mismos grupos o páginas que se utilizaban para compartir humor (memes), y ahora también sirven como canales de difusión programática, de información y de viralización de videos, que son muchas veces tergiversados en la entrega de datos verídicos.

Ejemplo de lo anterior es el video publicado por la página “duenosdechile” en la que se informa en el texto que acompaña la publicación, que en el video queda constancia de un empujón a un ciclista que provoca la ruptura de su cabeza. Sin entrar en el debate de si el hecho es como se relata, cosa que determinará la Justicia, en el video no se ve que se le empuja, de hecho, este parte después del suceso y tampoco se ve un cráneo roto. Más allá de lo evidentemente errada que es la información, los usuarios y seguidores de la página optan por creer la tesis expuesta, lo que demuestra que no buscan saber la verdad de los hechos, sino reafirmar su postura ideológica.

 

Análisis Big Data

Más allá del error político y mediático que significó el análisis de Big Data expuesto por el Gobierno, que relacionaba la música popular coreana K-pop con los hechos vandálicos, de él se desprende un dato interesante que reafirma la forma en que las personas buscan informarse. El dato señala que los jóvenes animaron las movilizaciones, generando más de 4 millones de retuits en los primeros 8 días de manifestación. Esto habla de la relevancia que han tomado las nuevas forma de comunicación no sólo en Chile, ya que es el mundo el que vive esta revolución digital.

Podríamos decir que, en vista del actual mapa que se ha planteado y los distintos procesos que se han llevado a cabo tanto en periodo de crisis como de “normalidad”, el proceso de secularización de los medios es algo inevitable, que puede traer o profundizar conflictos sociales si no es estudiado y entendido a tiempo, pero sobre todo si los medios tradicionales no suben los estándares de calidad de sus reporteros y contenido, que más allá de lo señalado, es más que evidente su deterioro a nivel de calidad periodística.

 

 

 

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