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En Chile el modelo neoliberal no se ha movido un ápice

Por Mariana Schkolnik.- Difícil de creer, pero los chilenos hemos tenido que pagar los costos  de esta terrible pandemia con nuestros propios medios. No se me ocurren muchos países donde pudo ocurrir esto. Tal vez Haití, donde el Estado prácticamente no existe. Mientras en Alemania, Francia, Australia, Inglaterra, España y, más cerca, Colombia, Perú, Argentina, se han aplicado políticas de reactivación de la economía y de apoyo especial a los más pobres en pandemia.

Muchos de estos países otorgaron importantes subsidios a las pymes e implementaron incluso políticas que aseguraron la mantención de los salarios de los trabajadores y sus fuentes de trabajo -entre otros Nueva Zelanda y Dinamarca- suspendiendo la distribución de dividendos de las empresas para preservar los contratos de trabajo. En muchos de estos países se implementó además un importante aumento en el aporte público a las pensiones. Francia simplemente suspendió los pagos de servicios como agua, electricidad y arriendos a las pymes. Muchos países han tomado medidas antes consideradas estatistas y contrarias al orden de libre mercado.

Mientras, en Chile las pymes siguen postulando a los mismos fondos de siempre, con todas las barreras para empresas endeudadas, pymes familiares y, en general, de muy difícil acceso a todas aquellas con serios problemas económicos, como se ha demostrado una vez más en Chile durante 2020.

En Chile se despidió a los trabajadores bajo en ítem “necesidades de la empresa”, y los cesantes recurrieron a sus propios fondos de cesantía, fondo que se acabó, sumándole el gobierno dos meses adicionales. La clase media trabajadora retiró su 10% de sus fondos previsionales, y las familias en extrema pobreza recibieron cajas de alimentos y tres bonos en dinero, sin que se visualicen nuevas medidas por ahora. Qué decir de los trabajadores independientes (vendedores ambulantes, artesanos, actores, taxistas, artistas, etc.) que en este pais son una gran mayoría, y que no recibieron ningún aporte en pandemia. Mientras, contrario sensu, la suspensión de pagos de impuestos puede favorecer a empresas de cualquier tamaño, sin que se focalice en las más débiles. Tampoco el gobierno incrementó los tan necesarios presupuestos de municipios de algunas regiones y tampoco a los trabajadores, ni siquiera de la salud, donde no hubo un bono o mejoramiento salarial de ningún tipo en esta pandemia.

El grupo de Política Fiscal -constituido por un ex presidente del Banco Central, José de Gregorio, y connotados economistas- propuso llegar a los 12 mil millones de dólares o sea un 5% del PIB para paliar esta crisis. Este acuerdo se supone que fue ratificado por el gobierno, aunque ni siquiera esto resultó claro. Este monto fue en todo momento insuficiente teniendo el país bases para incrementar en gasto en un 10% del PIB o más como otros muchos países en desarrollo.

Baste ver el reducido gasto adicional que se dedica a la crisis y pandemia para captar la mezquindad del aporte público, que se sitúa a nivel de los países más pobres y es de 3,5 puntos del PIB. Mientras los países ricos incrementan el gasto en 13 puntos del PIB, los emergentes o de desarrollo medio en 9 puntos del PIB, y los pobres en 4 puntos del PIB (Fuente FMI, Fiscal Monitor, 2020, citado en CIPER). La deuda chilena es una de las mas bajas del mundo y tiene espacio para aumentar varios puntos por sobre el PIB (Zahler, R. Propuesta Fiscal para el Covid, 04-06-2020).

El estudio del FMI muestra que gran parte de los países han incrementado su deuda en más de un 100% (105 a 122 países desarrollados) pero que eso no es preocupante. En un informe sobre la situación fiscal de la economía mundial publicado en octubre pasado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó que a nivel mundial se han gastado unos US$12 billones en «amortiguar el golpe» del COVID-19. Estas medidas fiscales «han salvado vidas y medios de subsistencia», resaltó el organismo.

Los dos paquetes de medidas que propuso Piñera antes de julio del 2020 hacían hincapié en un ahorro de recursos fiscales que iban desde sueldos y salarios, hasta reducción de OOPP e inversiones. ¡En lugar de endeudarse, el gobierno optó directamente por medidas que podían eventualmente desacelerar la economía! A estos paquetes de ahorro fiscal no le ha seguido ninguna propuesta sistemática de camino a seguir para asegurar la reactivación de la economía, sino sólo el Plan Paso a Paso lanzado en Agosto, donde se mantienen los subsidios, créditos y políticas de siempre, en las cuales los chilenos deben postular enfrentando dificultades y barreras a la entrada sin jamás dejar de lado la focalización de estos programas. En definitiva, el incremento del aporte fiscal en la pandemia se debe mas bien a la reducción del gasto fiscal en otros ítems, con lo cual el efecto reactivador es incierto o nulo.

El plan de agosto carece de un diagnóstico que dé cuenta de su relación con el control de la pandemia y delinee desde el punto de partida. No define objetivos, plazos, criterios, ni especifica las obras que constituirían el plan de reactivación. Una vez más el Gobierno improvisa y entrega titulares sin contenido, todo lo cual redunda en que, más que plan, estemos frente a una operación comunicacional. (Eugenio Rivera en El Mostrador 4 de agosto 2020).

Cabe preguntarse si en este plan se ha considerado algo que no estaba previamente diseñado, ya que el presupuesto 2021 sigue siendo restrictivo a pesar de los anuncios del presidente. Un 9,5% de incremento del mismo, se asemeja a muchos a otros incrementos ocurridos por ejemplo en 2007 y 2009, no hay novedades.

¿Fin del neoliberalismo?

Mas allá de la incompetencia del gobierno y la tozudez de no salir del esquema macroeconómico, esta pandemia replantea en Chile y en el mundo algo que Stiglitz ya había predicho en 2019: el neoliberalismo está muriendo. Culturalmente hablando, decir que la salud es un bien público son afirmaciones que ya pocos se atreverán a refutar.

Macron señalaba en junio de 2020: “La salud gratuita, lejos de ser una carga es un bien precioso, que debe quedar fuera de las leyes de mercado”. En una reciente entrevista el señalaba que el rol del Estado se ha revalorizado, así como el de la colaboración entre países. (Le Gran Continent,12 de noviembre de 2020).

Agustín Squella señalaba en mayo de este año que algunas de los ejes paradigmáticos del neoliberalismo estaban siendo barridos por la realidad y las nuevas necesidades y detallaba, además, diez puntos característicos del neoliberalismo: “Énfasis en la dimensión económica del liberalismo, desentendiéndose de su dimensión política y moral; privilegio del homo economicus sobre el homo politicus; interés público como la suma de los intereses privados; la política subordinada a la economía, etc.».

Esta gran tendencia a nivel planetario aún se esboza lejanamente en este país. A pesar de que también el estallido social de 2019 iba directamente en el sentido señalado por Squella. El gobierno y gran parte de los economistas de oposición confían en la reactivación del mercado. Una vez más la famosa receta de los economistas de Chicago y sus aplicados seguidores es «NO HACER NADA» para salir de esta crisis. El parlamento no ha sido real contraparte de la inactividad del gobierno y al final solo termina discutiendo mecanismos de cómo hacer que los propios trabajadores rescaten sus propios fondos de pensiones.

Mientras, en el resto del mundo el neoliberalismo deja espacio a iniciativas más estatizantes, solidarias y de colaboración, en Chile a pesar del flagrante fracaso del modelo por su pésimo desempeño en los ámbitos sociales, de la salud, educación, servicios públicos y distribución de ingresos, no se entierra la visión liberal aún con una nueva Constitución por delante.

Esta inactividad y falta de políticas claras de desarrollo ya están jugadas. La esperanza que queda es la reactivación de la economía en los períodos de desconfinamiento, y cuya única expectativa es el aumento del consumo de los hogares y la reactivación del comercio internacional. Los desempleados consumen sus fondos de cesantía y las empresas se benefician de subsidios a la contratación, y todos los chilenos que pueden sobreviven con el 10%, nada nuevo bajo el sol.

El gran riesgo es que una segunda ola genere un impacto mas serio aún en la economía, y dañe irremediablemente fuentes de trabajo y seres humanos, y el gobierno y el parlamento siga sin estar a la altura de las circunstancias.

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