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Un papelón planetario

Por José María Vallejo.- Tremendos errores y una gestión amateur son las principales conclusiones de la presidencia chilena de la COP 25 desarrollada en Madrid.

Ambientalistas del todo el mundo han criticado la forma en que la delegación chilena abordó la cumbre climática más urgente de la historia.

Jennifer Morgan, la delegada de Greenpeace, fue tajante: “La presidencia chilena tenía un solo trabajo, proteger la integridad del Acuerdo de París y no permitir que sea desgarrado por el cinismo y la codicia. El enfoque que la presidencia (chilena) ha tomado muestra cómo ha escuchado a los contaminadores y no a la gente«.

Mohamed Adow, de Power Shift Africa, declaró que “el texto enviado por la presidencia chilena es desastroso y extremadamente decepcionante, lo peor que he visto en 10 años de conversaciones sobre clima, en un tiempo en que los científicos nos advierten de las devastadoras consecuencias del cambio climático si continúa elevándose. Mientras los jóvenes, incluso escolares, están marchando por millones en las calles llamando a una acción climática, lo que tenemos aquí, el texto de la presidencia chilena es una traición a las personas a lo largo de todo el mundo”.

Fuentes presentes en la cumbre señalan que las negociaciones en los pasillos eran desesperadas y desorganizadas, y se notaba la falta de experiencia de quienes estaban al frente de ellas.

La ministra Carolina Schmidt -ex ministra del Sernam y de Educación y ex gerenta de medios de Copesa- estuvo acompañada en la trinchera por Gonzalo Muñoz, empresario fundador de TriCiclos, que no tiene experiencia previa en el ámbito político y menos en cuestiones internacionales del calibre de una COP; y por Andrés Landerretche , quien había tenido experiencia en asesorías mineras.

La desorganización fue a tal grado que gran parte de la delegación chilena ni siquiera había previsto que las sesiones pudieran durar más, como si fuera un paseo de fin de semana, y habían sacado pasajes de vuelta que no pudieron reprogramar. Como consecuencia, algunos tuvieron que devolverse y el grupo quedó diezmado antes de terminar. Los videos en que la ministra Schmidt rogaba a los delegados para continuar las negociaciones y las votaciones a través de internet porque muchos no habían podido reprogramar sus vuelos y debían ir al aeropuerto dieron cuenta de algo, por decir lo menos, patético.

Lo peor no es el papelón internacional que sufrió Chile, sino que no se logró un acuerdo más exigente que el logrado en París, y que haga vislumbrar con confianza el futuro, habida cuenta de que la meta es disminuir la velocidad del calentamiento global a 1,5°C.  Las consecuencias no son (solamente) políticas, sino planetarias. Frente a la seriedad de lo que estaba en juego, Chile debió dar un paso al costado y dejar la responsabilidad de dirigir una cumbre climática clave a otros liderazgos más probados.

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