El economista Bernardo Javalquinto entrega un clarísimo análisis respecto de los riesgos de depender tanto de las exportaciones a EEUU.
Por Bernardo Javalquinto.- Chile celebra cada aumento en sus exportaciones como una victoria. Pero detrás de ese optimismo hay una realidad incómoda: Cuando crecer depende de un solo comprador (EEUU) es como construir una casa sobre arena movediza.
En definitiva, un «buen» dato económico puede esconder riesgos que afectan a trabajadores, comunidades y el futuro del país. Analicemos por qué.
- Adictos a un solo cliente: el peligro de poner todos los huevos en la canasta estadounidense
Imagina que el 90% de tu sueldo depende de un solo jefe. Si ese jefe se enferma o te despide, ¿qué comes mañana? Así funciona hoy Chile con EEUU. Un 10% más de exportaciones nos acerca al peligroso límite de la dependencia total. Cuando en 2008 EEUU estornudó por su crisis hipotecaria, Chile terminó en cama con fiebre: el PIB cayó un 1,7% en meses.
Ver también:
Crecimiento económico y desempeño de los gobiernos chilenos en las últimas décadas
- El peso chileno «fuerte»: un espejismo que mata empleos
Más dólares entrando es igual a mayor demanda de pesos. Suena bien, hasta que ves que:
- Los pequeños agricultores no pueden vender sus frutas porque el encarecimiento del peso las hace menos competitivas.
- Las pymes exportadoras reciben menos pesos por cada dólar ganado, ahogando su liquidez.
Es la paradoja cruel: el «éxito» exportador, que termina estrangulando a quienes lo hicieron posible.
- La trampa de la minería y los campos exhaustos
Cobre, frutas, vino. EEUU nos compra lo que extraemos o cultivamos, no lo que inventamos. Cada 10% extra de exportaciones significa:
- Más relaves tóxicos en el norte (ya hay 740 depósitos mineros abandonados).
- Menos agua para comunidades (la agroexportación consume el 72% del agua dulce del país).
¿De qué sirve crecer si dejamos a pueblos sin agua y a suelos sin vida?
- La falsa promesa del empleo: trabajos precarios y pueblos fantasmas
En Antofagasta, el «boom» del cobre creó empleos… pero temporales, sin seguro ni futuro. Cuando bajaron los precios, las ciudades mineras se vaciaron como pueblos del Lejano Oeste. Un 10% más de exportaciones podría repetir el ciclo:
- Contratos por obra (sin estabilidad).
- Migración forzada hacia zonas extractivas.
- Abandono de otros sectores como el manufacturero (que paga 23% mejor que la minería).
- El engaño de los precios altos: ¿quién gana realmente? Los ciudadanos pagan
Cuando el cobre sube, las grandes mineras celebran. Pero el Estado chileno sólo recibe el 11% de esas ganancias (vs. 40% en Perú o Australia). Con un 10% más de exportaciones:
- Las multinacionales repatriarán utilidades (en 2022 se fugaron US$ 23 mil millones).
- Los supermercados subirán precios porque los agricultores priorizan exportar (ej: la palta (aguacate) chilena cuesta un 60% más en Santiago que en Texas).
Conclusión: Necesitamos dejar de ser «el supermercado de EEUU».
No se trata de rechazar el comercio, sino de exigir reglas distintas:
- Impuestos reales a las ganancias extractivas (como hace Noruega con su petróleo).
- Inversión en industrias con valor agregado (¿por qué no exportamos baterías de litio en vez de solo salmuera?).
- Protección a los trabajadores y ecosistemas.
La próxima vez que celebremos un «récord exportador», preguntémonos: ¿Quién se queda con las migajas de esta fiesta? Mientras no diversifiquemos nuestra economía, seguiremos siendo rehenes de los vaivenes de Washington.