La historia de Nanci García sobre la bipolaridad muestra cómo la información, la comunidad y la identidad neurodivergente pueden transformar un diagnóstico en un camino de comprensión, derechos y acompañamiento.
Por María Fernanda Pavez.- La experiencia personal de Nanci García —conocida como “Nancilú”— revela cómo el acceso a información, la comunidad y la psicoeducación pueden transformar el impacto de un diagnóstico en un proceso de comprensión, identidad y propósito.
“Padeces trastorno bipolar afectivo”. Esa frase marcó un antes y un después en la vida de Nanci García. Tenía 27 años cuando recibió el diagnóstico, y su reacción fue inmediata: pidió una solución para que desapareciera. La respuesta fue clara: no se quita, se aprende.
Desde entonces, su historia ha estado atravesada por un proceso de comprensión personal que, con el tiempo, se transformó en una herramienta para otros. Creadora de contenido audiovisual, escritora, poeta y activista neurodivergente, Nanci —también conocida como “Nancilú”— es la fundadora de @bipoclub, una comunidad digital enfocada en visibilizar el trastorno afectivo bipolar y otras neurodivergencias en Chile.
Su experiencia con los diagnósticos médicos y el complejo inicio de su proceso fueron el impulso para compartir lo aprendido. Ese recorrido también dio origen a su libro “Bestiario de relatos bipolares”, una recopilación de historias breves que describen, desde su vivencia, distintos episodios asociados al trastorno afectivo bipolar y otras neurodivergencias: la euforia, el vacío, la culpa, el miedo, el amor desbordado y la caída.
Un camino de aceptación
Tras recibir su diagnóstico, el proceso no fue inmediato ni sencillo. Nanci describe su vida desde entonces como un recorrido “con altos y bajos”. Durante un tiempo predominó la negación, junto con sentimientos de culpa y cuestionamientos que no lograba explicar.
Con el paso del tiempo, la psicoeducación fue clave. Comprender lo que le ocurría le permitió darles sentido a experiencias pasadas y comenzar a validarse. Descubrir que existían otras personas con vivencias similares marcó un punto de inflexión.
“Entendí que valgo mucho, igual que todas las personas. Y eso no es egoísmo, es autocuidado”, afirma.
De la experiencia al propósito
Ese proceso personal abrió paso a una decisión: utilizar sus herramientas y conocimientos para llegar a otras personas. Desde su formación audiovisual y su cercanía con las redes sociales, encontró un espacio para comunicar y generar contenido enfocado en quienes se sienten aislados o incomprendidos.
Desde ahí surge también una mirada identitaria sobre la bipolaridad y otras neurodivergencias. Más que una condición externa, Nanci plantea que forman parte de quién es.
“No lo veo solo como un trastorno médico. En mi caso, la bipolaridad es lo más desafiante, pero es una condición, no un problema”, explica. A esto suma otros aspectos de su identidad, como el TDAH, el autismo y las altas capacidades, que, según señala, también forman parte de su manera de habitar el mundo.
Trabajo, derechos y barreras invisibles
En el ámbito laboral, su experiencia ha estado marcada por aprendizajes importantes. Actualmente lleva cuatro años en su trabajo, al que ingresó a través de un cupo de discapacidad.
Aunque reconoce que sintió temor al momento de declarar su condición, también destaca la importancia de haber estado informada tanto en lo legal como en lo personal. Esa preparación le permitió enfrentar el proceso desde la conciencia y no desde la defensiva.
Uno de los principales desafíos, señala, no es solo acceder a acomodaciones, sino lograr pertenencia y ser escuchada. También menciona el temor a ser tratada con paternalismo o a que se cuestione su capacidad.
En trabajos anteriores, pese a que su diagnóstico era conocido, no contaba con la información suficiente sobre sus derechos. Con el tiempo, comprendió que puede exigir lo que le corresponde y que establecer límites es parte fundamental del proceso.
“Este diagnóstico no determina mi desempeño. Forma parte de mí, pero no define mis capacidades”, sostiene.
La invisibilidad de este tipo de discapacidades también representa una dificultad en la vida cotidiana. Comentarios como “no pareces tener discapacidad” reflejan, según explica, el desconocimiento generalizado. Situaciones simples, como hacer una fila en un banco, pueden volverse complejas cuando no se reconoce lo que no es visible.
Para Nanci, el problema no radica en la condición, sino en la falta de información y psicoeducación.
Comunidad, información y acompañamiento
Ese mismo diagnóstico y las barreras asociadas al desconocimiento dieron origen a @bipoclub, una plataforma pensada para compartir experiencias, entregar información y generar un espacio de encuentro para personas que buscan ser escuchadas sin juicio.
En ese contexto, también aborda el tema del autodiagnóstico. Considera que puede ser válido como punto de identificación, especialmente en un escenario donde el acceso a la salud mental es limitado. Sin embargo, establece una diferencia clara con la automedicación, a la que se opone.
“El acceso a información permite que muchas personas se identifiquen con ciertas características. Lo peligroso es automedicarse. La psicoeducación siempre será fundamental”, enfatiza.
Su libro, su comunidad digital y su trabajo en redes sociales apuntan a ese mismo objetivo: acompañar a quienes han experimentado la soledad o la incomprensión.
Desde su propia experiencia, hay una convicción que resume el sentido de su camino: conocer a otras personas con vivencias similares puede marcar una diferencia profunda.
“En mi experiencia, conocer a gente como yo me salvó la vida”.

