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Opinión

15 días bastaron: la crisis que desnuda al país y a su clase política

Última actualización: 29 de marzo de 2026 8:30 am
7 minutos de lectura
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kast política crisis
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Las fallas estructurales del gobierno y la erosión del debate público muestran una crisis que tiene a Chile atrapado entre refundaciones fallidas y nostalgias estériles. El desafío es reconstruir desde la razón antes de que el péndulo vuelva a golpear.

Por Hugo Cox.- No han pasado más de quince días de gobierno y pareciera ser que ha transcurrido mucho más tiempo. Las decisiones tomadas han generado un estado de ánimo muy complejo en la sociedad. El gobierno enfrenta su primera crisis, sostenida en dos pilares: la estructura política y el área comunicacional.

En cuanto al primer ámbito, la crisis afecta al voto blando, que fue un aporte sustantivo para su triunfo, y a la vez corroe las políticas de alianzas dentro de su sector. La decisión se ancla en su voto duro, y una vez que los micrófonos se apagan, sus aliados —en sordina— critican tanto al ministro de Hacienda como a la ministra vocera de Gobierno (fuego amigo). Respecto de la vocera, se cuestiona su baja preparación y formación, a lo que se suma que aún no asumen que la campaña terminó y que ahora corresponde gobernar.

Pero esto no es más que una demostración de la crisis por la cual atraviesa el país desde hace ya bastante tiempo, y para la cual aún no se avizora una salida.

Jürgen Habermas, testigo presencial del desastre de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, vivió un estado de perplejidad que marcó profundamente su obra. Tenía alrededor de 16 años cuando terminó la guerra y descubrió que aquel panorama de ruinas y desolación era obra de los suyos. Esa perplejidad ante el estado de su Alemania es el punto desde el cual construye su pensamiento.

“Habermas nos invita a levantar la vista, mirar hacia el horizonte, mirar hacia atrás, explorar las profundidades y los vericuetos de cada episodio, entenderlo con las herramientas de la tradición filosófica, encontrar su lugar en una realidad cambiante y pronunciarse. Tomar la palabra en el espacio público, reclamar atención; un mundo que pusiera la razón en el centro como combustible para comunicarse, discurrir, argumentar, convencer. Y para tomar decisiones e, incluso, para pelear por una causa. Una causa modesta, que no se alzara sobre los hombros de los grandes mitos de cada nación —excluyentes, por definición, un poco bárbaros— y que se anclara en el terreno de las leyes que nos hacen ser los que somos: Habermas se inclinó por el patriotismo constitucional.”

Para debatir no es necesario insultarse. No se puede mirar con desdén un gesto desapasionado que permita acuerdos. No es bueno para la democracia que la forma de hacer política hoy sea alimentar la polarización y el poder del más fuerte. A esto hay que hacer frente con la razón y con el diálogo fundado. No es un esfuerzo inútil; todo lo contrario, especialmente en el actual escenario local y global.

La razón ordena las cosas y pone freno a las pasiones irracionales. Tal vez sea necesario volver a lo antiguo. Los argumentos de hoy desbordan el sentido común. Es necesario dejar atrás los algoritmos y evitar que los gabinetes de expertos sean quienes manden. Hoy necesitamos en Chile más razón que pasión, más razón que sectarismo ideológico.

En el Chile de 2026 nos encontramos en un punto crítico donde el péndulo político parece haber completado una oscilación completa: desde el ímpetu transformador que llevó a Gabriel Boric a La Moneda en 2022, hasta el giro hacia el orden y la seguridad que marca el actual ciclo electoral.

Determinar cuándo se producirá el fin de este movimiento pendular para encontrar un nuevo sentido común no depende de una fecha exacta, sino de la resolución de tres tensiones fundamentales. Estas se resolverán en la medida en que los actores asuman el respeto al otro —que no es un enemigo, sino un adversario— y que el debate informado y estructurado en la razón permita llegar a acuerdos.

El fin de la “Era de la Refundación” vs. la “Reconstrucción”

El péndulo comenzó a agotarse cuando la ciudadanía pasó de demandar “cambiarlo todo” a exigir “que las cosas funcionen”.

Momento clave: Se producirá cuando la clase política deje de ofrecer modelos de país opuestos —como ocurrió en los procesos constitucionales fallidos— y se centre en una gestión pragmática que haga sentido a los ciudadanos.

Señal: Un nuevo sentido común emergerá cuando el debate no sea si el Estado debe ser “social” o “subsidiario”, sino cómo hacer que el Estado sea eficiente en seguridad y salud, sin importar el color político.

El factor global: el fin de la polarización por agotamiento

A nivel mundial, 2026 está marcado por una creciente policentricidad y una fatiga democrática. En muchos países, la polarización ha llegado a un techo donde ya no moviliza, sino que paraliza la economía.

Chile suele anticipar o seguir muy de cerca estas tendencias. El nuevo sentido común podría aparecer por decantación: cuando los extremos —ya sea la derecha libertaria o la izquierda radical— no logren dar respuestas a problemas transnacionales como el crimen organizado o el estancamiento económico.

Las elecciones de 2026 como “filtro”

Estamos en un año de recambio. Los programas actuales —desde José Antonio Kast hasta figuras del oficialismo— muestran una brecha ideológica profunda, pero una coincidencia en las urgencias: seguridad, crecimiento y migración.

¿Cuándo ocurrirá el punto de inflexión? Cuando quien gobierne entienda que el país no está para nuevas fundaciones, nuevas reconquistas ni regresos a un pasado idealizado. Chile parece moverse hacia un centro pragmático, donde el éxito no se medirá en victorias culturales, sino en hechos concretos: reducción de listas de espera, recuperación del control territorial, fortalecimiento institucional.

ETIQUETADO:crisispolítica
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