Entre anécdota jurídica y gesto poético, la insólita historia de Jenaro Gajardo Vera —el chileno que “compró” la Luna— vuelve a cobrar sentido en una era de renovada ambición espacial, donde la pregunta por la propiedad del espacio reaparece con nuevos matices.
Por Juan Medina Torres.- La Luna vuelve a estar en el centro de las noticias, pero esta vez no solo por ciencia o exploración espacial como lo que estamos presenciando con Artemis II. Con nuevas misiones en camino y programas para instalar bases permanentes, algunos vuelven a preguntarse algo que durante años se ha considerado un misterio: ¿alguien puede ser propietario de nuestro satélite natural? La respuesta corta es no.
Sin embargo, en septiembre de 1954, el abogado chileno Jenaro Gajardo Vera llegó al Conservador de Bienes Raíces de Talca con una escritura debidamente protocolizada e inscribió a su nombre la Luna, convirtiéndose así, simbólicamente, en dueño de nuestro satélite natural.
Jenaro Gajardo Vera, nacido en 1919, aseguraba que era el dueño de la Luna, lo cual consta en la documentación oficial que hoy está registrada en el Archivo Judicial de Santiago, y que textualmente dice lo siguiente:
“Jenaro Gajardo Vera, abogado, poeta, es dueño, desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores, del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475,98 kilómetros, denominada LUNA, y cuyos deslindes, por ser esferoidal, son: Norte, Sur, Oriente y Poniente, espacio sideral. Fija su domicilio en calle 1 Oriente 1270 y su estado civil es casado. Talca.
Jenaro Gajardo Vera. Carné 1.487.45-K. Ñuñoa.
RUT 148.174.5-K.
Talca, 25 de septiembre de 1954.”
Cabe preguntarse por qué Jenaro Gajardo, abogado y poeta, inscribió la Luna a su nombre. Lo cierto es que en 1969 relató al diario estadounidense The Evening Independent que la razón por la cual redactó el documento de compra de la Luna fue poder ingresar al Club Social de Talca, el cual exigía que sus miembros demostraran poseer algún bien. Él, carente de medios y deseoso de formar parte de ese círculo de la élite local, tuvo la idea de “comprar” la Luna, la que le costó un dólar, según contó. No está claro, sin embargo, si logró ingresar al mencionado club.
Posteriormente, en una entrevista con Don Francisco en su programa Sábado Gigante, contó que recibió una “solicitud” de permiso para que los astronautas de la misión Apolo 11 pudieran alunizar: “Llegó el agregado cultural de la Embajada de Norteamérica con un mensaje del presidente Richard Nixon para solicitarme autorización para el descenso de Armstrong, Aldrin y Collins en la Luna”.
“En ese tiempo nunca pensé que un hombre llegaría a la Luna tan pronto; pensé que no llegaríamos antes del año 2000”, sostuvo Gajardo en 1969, según registros de la época.
Aunque, en teoría, don Jenaro fue dueño de la Luna por más de 43 años, en la antesala de su muerte, en 1998, la “cedió” a la humanidad, declarando en su testamento: “Dejo a mi pueblo la Luna, llena de amor por sus penas”.

