Nuestra primera inteligencia artificial se llama Homero. Es solo una intuición, no una tesis. Fuera una persona concreta o un nombre detrás del cual hay una escuela poético-musical, lo cierto es que tanto La Ilíada como La Odisea acusan, por sus módulos de enunciación, una conciencia estructurante, algo que puede ser producto tanto de un genio individual como multiautoral para decir el mundo y la condición humana, generación tras generación.
Por Fidel Améstica y José Garrido.- El 24 de septiembre, en el Museo Violeta Parra, se presentó el Éxodo en décimas glosadas por un grupo de cultores con el guitarrón de Pirque de fondo. Detrás del hecho hay algo que rara vez se dice: saber un texto de memoria no es repetirlo, sino convocarlo bajo esquemas mentales como la décima, la cual sostiene un amplio repertorio extraído de la memoria.
Esto se aprende y transmite, es una techne, un arte que, en este caso, se llama canto a lo poeta, y que puede verse como un elemento tripartito: canto a lo humano, a lo divino y paya (improvisación poética). También, desde sus principios creativos y cualidades enunciativas, tiene dos columnas basales: memorización (repertorios a lo humano y lo divino) e improvisación (la paya como diálogo repentizado).
Hasta no hace mucho se llegaba a la paya por el canto a lo humano y lo divino: primero, el ejercicio de cantar y componer desde la memoria, y después, la improvisación. Hoy, muchos entran directo con tutoriales y PDF, y obvian un camino, para bien y mal, nada baladí. En el canto a lo humano y lo divino operan mecanismos de enunciación que en la paya no funcionan igual, porque en esta rigen otras estructuras y performance compositiva que permiten improvisar. Quien no pasó por lo primero improvisa sobre un suelo que nadie formó, pudiera concluirse.
Lo anterior atañe al salto que la escuela hace con la lectura: exigir comprensión sin haber ejercitado antes lo que la hace posible. Luis Ortúzar, “El Chincolito”, lo intuye cuando insistía en sus talleres en que un payador debe aprender de todo, y recoger palabras y experiencias tanto de los oficios como de los libros, y hacer visibles los puentes entre ellos.
Si consideramos que el Éxodo comienza donde termina el Génesis, la bisagra verbal que los articula la define este versículo: Se alzó un nuevo rey que nada sabía de José (Éx.1:8). Egipto pasó de refugio a lugar de servidumbre gracias al olvido de un vínculo.
El Éxodo hace algo más que narrar la “salida”: instituye su propia transmisión. Ordena que, cuando el hijo pregunte qué significa este rito, se le cuente. La memoria no queda encargada a un archivo, sino a una conversación que se reinicia en cada generación. Y quien debe hablar, Moisés, se declara torpe de lengua y necesita de una voz prestada.
Otro detalle crucial: la ley no se entrega en la tierra prometida, sino en el desierto. Lo que ordena y arraiga a un pueblo no espera al final del viaje; se enuncia y acompaña mientras dura. Y la generación que sale no es la misma que llega.
Una “Biblia a lo Poeta”, entonces, hace lo que el texto pide: un grupo de cultores toma este relato y lo enuncia en décimas glosadas, y sigue viajando a través del canto. Y de aquí una pregunta: ¿por qué esa capacidad de transmisión vívida no tiene un correlato con lo que ocurre en las aulas del país?
El 4 de septiembre, en uno de los paneles de la XX Convención Nacional de Cultura organizada por el ministerio del ramo, el artista e ingeniero Carlos Orrego habló con claridad sobre lo que define a un artista más allá del uso de una herramienta como la inteligencia artificial: el proceso de montaje, su conceptualización, cómo darle forma a una idea.
Si consideramos este aserto, una intuición se abre paso entre tanta monserga tecnológica: nuestra primera inteligencia artificial se llama Homero. Es solo una intuición, no una tesis. Fuera una persona concreta o un nombre detrás del cual hay una escuela poético-musical, lo cierto es que tanto la Ilíada como la Odisea acusan, por sus módulos de enunciación, una conciencia estructurante, algo que puede ser producto tanto de un genio individual como multiautoral para decir el mundo y la condición humana, generación tras generación.
Una comunidad aédica, como la del canto a lo poeta, es una escuela homérica. Eventualmente, y según la composición a la que se aboque, puede constituirse como un sujeto enunciante, en singular, sin que obste para ello su plural diversidad de cultores. ¿Cómo? Por sus modelos de enunciación. Matrices de una artesanía verbal, con el rigor de sus códigos formales: una cuarteta glosada en cuatro décimas más una quinta como “despedida” para articular una continuidad y cambios de perspectiva en el relato. Alternativas no escritas sobre cómo se enuncia Dios, describir la naturaleza; decir la vida, etc.
En Éxodo, así como en Génesis en versos, si no estuvieran los nombres de quienes aportaron, sería muy difícil advertir que hay muchas manos y una voz polifónica. No es que se diluya la autoría en un colectivo, sino que cada una se potencia bajo un sujeto imaginario con arraigo, pertenencia e identidad.
En los modelos de enunciación vibra la memoria de los pueblos más que su historia. La memoria es un repositorio vivo; la historia, un relato que se extrae de él. En Homero hay paradigmas de conducta, nociones de lo sagrado, estrategia bélica, una comprensión de la naturaleza y una pregunta por lo humano. Aquiles se deshumaniza por la cólera y recupera su humanidad al reconocerse en el dolor del enemigo; Odiseo quiere volver a casa, porque lo propio de lo humano es la comunidad.
Milman Parry y Albert Lord, tras escuchar a los guslar en la ex-Yugoslavia, constataron mecanismos formulaicos para anclar y convocar relatos en que se reconoce una comunidad, y a ello lo llamaron composition-in-performance, que es uno de los aspectos de la oralidad poética en tanto “improvisación formular”. Este hallazgo abrió una veta inagotable, y no sería un atrevimiento proponer que en los modelos de enunciación, tanto para improvisar como para incrementar un repertorio mnemotécnico, viaja una imagen del mundo: sonora, visual y cinética por arte de la palabra cantada.
El canto a lo poeta en el contexto de la IA
Hoy, una inteligencia artificial puede generar modelos de enunciación billones de veces más que Homero. Lo que no posee es el relato, su sentido. Homero tiene como telón de fondo la guerra de Troya. Una red de nodos electrónicos de varias capas, al no contar con un telón de fondo, necesita entrenarse con nuestros relatos. La predictibilidad oracional de una IA es abismante, y con alta competencia lingüística. Frente a su velocidad, volumen y escalabilidad, vale oponer algunas de nuestras mayores riquezas humanas: lentitud, déficit y acotación, porque desde ahí construimos el sentido y el propósito. Una herramienta como esta, y cualquier otra, debe estar al servicio de estas cualidades nuestras.
Si los procesos de montaje y su ideación definen a un artista, en el caso de los poetas, su arte nos avisa que debemos ser dueños de nuestra propia palabra, aun equivocándonos. Es un piso firme sobre la incertidumbre. El cauce verbal tiende a corregirse o corromperse al contrastarse o batirse con otro cauce verbal. La diversidad converge hacia el horizonte en redes. La dispersión de la diversidad homogeniza la polifonía hacia un tono plano. Una palabra frente a otra de igual solidez impulsa a continuar el flujo hacia el propósito, el sentido, la coherencia.
Chile y su medición lectora
En la prueba PISA 2025, en Lectura nuestro país obtuvo 436 puntos, doce menos que en 2022 y veinticinco por debajo del promedio OCDE (461). El deterioro no es solo chileno (entre 2015 y 2025 el promedio OCDE cayó 28 puntos en Lectura), y en esta debacle, Chile sigue entre los mejores de América Latina. Aun así, 62% de nuestros estudiantes alcanza el nivel básico de lectura frente al 69% de la OCDE.
¿Qué pasó? La hipótesis más repetida son las pantallas. La propia OCDE las menciona entre los posibles factores, y el dato local es llamativo: 48% de los estudiantes chilenos dice que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales en la mayoría de las clases de ciencias, frente al 28% OCDE. La académica Magdalena Claro apunta al acceso cada vez más temprano, masivo y autónomo; otras voces advierten que sería simplista atribuirlo solo a las pantallas o a la pandemia. No obstante, basta ver qué es lo que se erosiona: según el análisis de la OCDE, las dificultades crecen con la extensión del texto. Es decir, sostener la atención, retener y volver a decir con palabras propias.
No es un asunto de alumnos “desganados”, sino de brechas. Un estudio de Passaretta, Skopek y Van Huizen sobre Alemania, Países Bajos y el Reino Unido muestra que 50-80% de las brechas sociales en lenguaje al terminar la primaria ya existían antes de entrar a la escuela, y se mantuvieron estables durante toda la escolaridad. La escuela no las crea, pero tampoco las cierra.
Si la diferencia nace en el lenguaje oral antes de los seis años, ese lenguaje no puede seguir tratándose como un prerrequisito que el niño debe traer de su hogar: vocabulario, escucha, memoria, recitación y conversación estructurada son contenidos que se enseñan y aprenden.
Y un dato más: 51% de los estudiantes chilenos usa IA al menos una vez por semana para aprender, por sobre el 46% de la OCDE.
Una experiencia puede sintetizarlo. Harán unos 15 años, un pequeño niño en la cordillera de Nahuelbuta, sin saber leer ni escribir, podía reconocer los tipos de tierra, qué come cada animal y cuándo estaba listo para domesticarse. Sabía no solo si iba a llover, sino qué tipo de lluvia. Conocía todos los códigos de su medio. Sin saberlo, usaba los mismos recursos del canto a lo poeta: enunciar, memorizar y valerse de tropos, rimas, aliteraciones, contraposiciones. Metaforizaba constantemente, y eso le daba una imagen clara del mundo y de sí mismo en él. Y lo más notable: toda la descarga cognitiva que le permitía su medio era en pro de su felicidad, porque eso declaraba, quería ser feliz. Entretenerse para ser feliz, evadirse en el juego no para dejarse capturar, sino para ser.
Si las tradiciones populares de la poesía cantada contienen herramientas para la descarga cognitiva, en favor de la memoria y la creatividad, en concordancia con nuestra natural facultad para el lenguaje; si ellas activan con su estímulo un núcleo familiar y comunitario, desde la primera infancia, ¿podrán estar ahí las claves que permitan ir cerrando brechas en la comprensión lectora justo en la edad cuando se definen? Más que subir un punto en Lectura, el canto a lo poeta abona el sustrato sobre el cual esa lectura despierta una comprensión afirmada en el asombro, la imaginación y la voluntad, para actuar en el mundo e innovar no tras la productividad, sino de una mejor convivencia, salud y resueltos a aceptar los desafíos.
Llegar a destino es cruzar un desierto
En 2017, el Decreto 131 instituyó el 30 de julio como Día Nacional del Payador, un acto de propiedad del Poder Ejecutivo. Este año, fue despachado a Unesco el expediente para que el canto a lo poeta ingrese a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI), un trámite de potestad estatal pero a instancias y gestiones de una comunidad cultora organizada. Ambos se podrían entender como hitos, pero también como que el Estado reconoce y no sostiene.
En la escuela se repite esta lógica. Entre el 16 de noviembre y el 4 de diciembre, Impulso Lector evaluará de forma censal las habilidades lectoras de 278 mil estudiantes de segundo básico. Una decisión correcta, pero tardía; y tal como está planteada, sin umbral individual ni garantía asociada, sabremos cuántos niños no leen comprensivamente a los siete años, mas nada obligará a solucionarlo.
Al respecto, Inglaterra hizo lo contrario hace 15 años: prueba individual de lectura temprana, apoyo estructurado para quien no alcanzaba el umbral y reevaluación al año siguiente. Pasó del puesto 19 al 4º en Lectura en una década. Corolario: la respuesta es ahora. Si caminamos por el desierto, la ley que nos permitirá ser lo que se requiere para llegar a destino es hoy, no mañana. La ley se entrega en el desierto, y criados por ella, tendremos las herramientas para una tierra de promisión sin farrearnos la chance.
Hay tres objetivos planteados desde la comunidad cultora en distintos momentos e instancias, y que siguen sin cumplirse; y agreguemos un cuarto:
- Formar un magisterio en complejos culturales como el canto a lo poeta, para educar hacia un horizonte común con los elementos de nuestra vida en común, que es el sentido de lo humano.
- Replantear en textos escolares licitados por el Estado temas de PCI como el canto a lo poeta, desde la conceptualización, metodologías, transmisión y cultivo de estos saberes y prácticas, a fin de entregar herramientas que favorezcan la descarga cognitiva.
- Promover el ingreso de cultores a las escuelas y sus procesos educativos con sus propias herramientas cognitivas, para que los niños adquieran lúdicamente estos códigos a temprana edad.
- Fijar umbral individual en Impulso Lector, con apoyo garantizado para quien no lo alcance, a objeto de fortalecer capacidades mínimas en la cognición.
Nada de esto implica recintos nuevos ni metodología curricular, sino tiempo, presencia y formación. Y ojo: llevar una tradición al aula puede cosificarla. Si la transmisión la ejerce la comunidad, hay salvaguardia. Si el material didáctico lo hacen terceros, tenemos folclorización.
El Éxodo no termina con la llegada, sino con un pueblo que aprende en el camino a contarse a sí mismo lo que le pasó. Es lo que hacen los cantores a lo poeta. Y es lo que una escuela debería poder enseñar: decir con palabra propia lo que nos pasó, porque ninguna máquina puede hacerlo por nosotros.
José Garrido Fuchslocher es académico Tech Policy LAB en la Facultad de Gobierno UDD
Fidel Améstica es poeta y guitarronero

