
Por Uwe Rohwedder.- Todo el espacio construido que nos rodea nos afecta y condiciona nuestros sentidos, desde el cómo habitamos hasta cómo nos encontramos en los espacios públicos en la ciudad.
Con cierta preocupación hemos visto que algunos de nuestros antiguos e históricos liceos han sufrido un deterioro fuerte y han perdido su esencia, su legendaria identidad y, finalmente, su dignidad, considerando que la educación es un pilar fundamental para la formación de ciudadanos, de seres humanos con empatía y cultura para soñar con esa sociedad más justa y sobre todo que pueda ofrecer oportunidades a todas y todos.
Debemos hacer un gran esfuerzo a nivel político y de gobiernos locales para devolver autonomía y recursos para hacer una reingeniería espacial en nuestros espacios educativos. Los aularios, auditorios, talleres, laboratorios, patios y pasillos deben acoger cada vez más espacios colaborativos visibles y transparentes en que se vea lo que se hace, en que los otros se vayan involucrando con los que están estudiando o experimentando en un laboratorio. Los acondicionamientos físicos y ambientales son ya urgentes desde el diseño, revisando las normativas, ya no es suficiente hablar de ventilación o cantidad de luz.
La vieja forma de aulas, más bien parecidas a recintos hospitalarios o carcelarios en que se encierran los estudiantes deben transformarse en espacios que estimulen el trabajo en equipo y cambien la dinámica de sillas en filas con un profesor dictando una clase. Estamos hablando de cambiar la forma que involucra proporciones, color texturas y lo más importante ojalá siempre con presencia de elementos naturales que nos ayuden a sentir alegría y que el ir a clases sea estimulante y no un tedio monótono. Que sea el colegio un lugar al que queramos acudir, no por obligaciones del sistema sino porque es el lugar en que podemos crecer y proyectar mejor nuestro futuro.
Para ello se deben revisar programas de estudios y preguntarse siempre ¿qué espacio necesitamos para mejorar el aprendizaje? Respondiendo aquella pregunta podríamos diseñar espacios educativos que por el sólo hecho de recorrerlos o habitarlos ya estemos aprendiendo, es decir, una arquitectura que estimule y fortalezca el aprendizaje desde su propia creación espacial y vivenvial.
Uwe Rohwedder es arquitecto y académico de la UCEN
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