El 1 de abril de 1811, un levantamiento militar encabezado por el coronel español Tomás de Figueroa intentó frenar el proceso de emancipación chilena. La sublevación terminó en una batalla en la Plaza de Armas de Santiago, seguido de la captura, juicio y ejecución de su líder. Un episodio decisivo de la Patria Vieja que puso a prueba a la naciente institucionalidad republicana.
Por Juan Medina Torres.- La historia cuenta que el 1 de abril de 1811, el coronel español Tomás de Figueroa y Caravaca lideró un alzamiento cuyo objetivo era disolver la Junta de Gobierno, impedir la elección de diputados que debía realizarse ese día y restaurar el orden colonial.
Entre los acontecimientos que ocurrieron ese día, hay una curiosa batalla en la Plaza de Armas de Santiago. Los hechos indican que, poco antes de las 9:00 de la mañana, el coronel Tomás de Figueroa, junto a los 250 hombres que se pusieron bajo sus órdenes, se dirigió a la plazoleta frente al edificio del Consulado (donde hoy se encuentran los tribunales, en la intersección de las actuales calles Compañía y Bandera).
En el lugar, donde supuestamente se encontraría la Junta de Gobierno, no había nadie. Entonces, ordenó a sus hombres dirigirse a la Plaza de Armas de Santiago. Ahí, en el costado norte, formó a su tropa e ingresó al Palacio de la Real Audiencia, que era el tribunal de justicia de la época, con el fin de obtener el apoyo de los miembros de la Real Audiencia.
Satisfecho por lo expresado por los oidores, Figueroa volvió a reunirse con la tropa que lo apoyaba. En esos precisos momentos, el comandante Juan de Dios Vial informaba de lo acontecido a los miembros de la Junta, que estaba reunida en la casa de Fernando Márquez de la Plata.
Juan Martínez de Rozas, presidente de la Junta de Gobierno, ordenó al comandante Vial que se dirigiera de inmediato a sofocar la sublevación. Para ello, contaría con la ayuda del batallón de Granaderos, integrado por 500 hombres, y un destacamento de artillería.
Vial se dirigió con su tropa a la Plaza de Armas, a la que ingresó por el costado sur, donde apostó los cañones. Al otro lado, en el costado norte, lo esperaba Figueroa. Como era un día lunes, los comerciantes del sector comenzaron a cerrar las puertas de sus negocios, mientras los transeúntes abandonaban el lugar.
Cerca de las 10 de la mañana, Figueroa y Vial iniciaron un diálogo a viva voz desde un sector de la plaza al otro. Figueroa le ordenó que se pusiera bajo su mando, pero Vial le indicó que solo obedecía a la Junta. En ese instante, Figueroa se dio media vuelta y ordenó una descarga de fusilería. Vial hizo lo propio, pero además ordenó que se dispararan los cañones.
A la primera descarga de artillería, los hombres de Figueroa huyeron. La batalla había terminado con un saldo de diez muertos y veinte heridos.
Juan Martínez de Rozas acusó a los oidores de la Real Audiencia de haber instigado la sublevación y ordenó la captura del coronel Tomás de Figueroa y Caravaca, quien se había refugiado en el Convento de Santo Domingo (ubicado en la esquina de las calles Santo Domingo y 21 de Mayo), desde donde fue apresado y llevado engrillado a la cárcel pública. Pocas horas después se realizó un juicio en su contra.
A las 12:00 de la noche, se le leyó la sentencia en su celda al coronel Tomás de Figueroa y Caravaca, en la que se estipulaba que sería fusilado en las próximas cuatro horas y se le permitía confesarse con fray Camilo Henríquez.
A las 3:55 horas del 2 de abril de 1811, fue fusilado en la Plaza de Armas el coronel Tomás de Figueroa y Caravaca.
Su cadáver, junto al del cabo Eduardo Molina y los de otros soldados muertos en la plaza, fueron exhibidos públicamente y enviados al Enterratorio de la Caridad, ubicado en el costado oriente de la actual calle 21 de Mayo, en un sitio situado entre las calles Santo Domingo y Rosas, justo enfrente del convento y del templo de Santo Domingo, en el centro histórico de Santiago, lugar donde solían ser abandonados los presos ajusticiados por delitos comunes.
Así terminó el motín. Las elecciones para diputados se postergaron para el 6 de mayo y el Primer Congreso Nacional se abrió el 4 de julio de 1811.

