En la próxima elección, el silencio activo al votar en blanco será la protesta democrática más contundente.
Por Hugo Covarrubias.- Este año tenemos elecciones presidenciales, y ya son ocho candidatos los que llegarán a la primera vuelta.
José Saramago, Premio Nobel de Literatura, se imaginó una ciudad donde, en plena jornada electoral, una gran mayoría de ciudadanos votó en blanco. No fue por ignorancia, falta de información o apatía política, sino por algo más temido: Ensayo sobre la Lucidez.
Esa claridad pertenece a quienes han comprendido que el voto no es una herramienta mágica ni un poder de garantía de justicia, y que elegir entre matices del mismo gris no siempre equivale a elegir.
Se nos avecina una nueva elección presidencial y, en estos procesos, se afinan los discursos; los candidatos se vuelven personajes y toda la maquinaria comunicacional de las promesas inunda los distintos medios. Pero hoy hay algo distinto en la sociedad: no es esperanza, sino desconfianza lúcida, que no se expresa en marchas ni gritos —como en 2019—, sino en silencios incómodos y en abstenciones conscientes.
¿A quién elegimos cuando ya no creemos en lo que representan? ¿Qué legitimidad tiene un sistema donde el voto parece la firma al pie de un contrato que no redactamos?
Saramago advertía: cuando el pueblo comienza a ver, los gobiernos tiemblan, no por temor al caos, sino por miedo a perder el monopolio de la interpretación política. Cuando el pueblo vota con lucidez —no por izquierda ni por derecha, sino desde la ética— el simulacro democrático se resquebraja.
En Chile, el escenario electoral se presenta como un tablero donde los dados ya fueron lanzados por otros. Las lógicas del mercado, la maquinaria partidista y la cooptación de la voluntad popular por los grandes intereses no son nuevas. Lo novedoso es esta ciudadanía que ya no se conforma con votar cada cuatro años, sino que exige diálogo, verdad y participación real.
Por eso, estas elecciones no deberían medirse solo por quién gane, sino por lo que la ciudadanía está dispuesta a no aceptar más. Tal vez esta sea la hora de ejercer el derecho más temido: el de pensar, el de votar con lucidez, incluso si eso incomoda a quienes aún creen que gobernar es manipular.
Hugo Covarrubias es académico de Trabajo Social, U. Central