En un mundo gobernado por algoritmos y velocidad, la verdadera resistencia no está en la tecnología, sino en recuperar la virtud, el cuidado y la conciencia como herramientas para no perdernos en el laberinto digital.
Por Fabiola Monasterio.- En el laberinto de la mitología clásica, Ariadna entregó a Teseo un hilo para que este pudiera regresar del centro de la oscuridad. Hoy, el laberinto no es de piedra, sino de silicio. Nos movemos en lo que el sociólogo Zygmunt Bauman llamó la «modernidad líquida», un entorno donde la saturación de información y el avance frenético de la inteligencia artificial parecen haber diluido nuestra capacidad de juicio y de calma.
Desde mi experiencia en la Asociación Vita Caeli y tras recorrer distintos foros de pensamiento en nuestra ciudad, percibo una inquietud común: el miedo a ser reemplazados por el código. Sin embargo, el verdadero riesgo no es que las máquinas piensen, sino que nosotros dejemos de hacerlo.
Frente a la automatización del espíritu, propongo recuperar lo que denomino la «Gramática de la Virtud». No se trata de un concepto nostálgico, sino de una tecnología humana de resistencia. Se inspira en la duda metódica de Descartes —esa higiene mental necesaria para distinguir lo real de la simulación— y en el silencio de Wittgenstein, quien nos recordó que lo más importante es aquello que no se puede decir, sino que se muestra a través del ejemplo y la integridad.
En La Coruña, estamos olvidando la Ontología del Cuidado. La IA puede gestionar datos, pero no puede cuidar. El cuidado es un acto de presencia real que requiere habitar el tiempo de forma distinta a la inmediatez del algoritmo. La virtud, la phronesis o prudencia aristotélica, es el hilo que nos permite navegar por la incertidumbre sin perder nuestra potencia creadora.
No necesitamos más procesadores; necesitamos más humanidad. La salida del laberinto digital no está en desconectarnos, sino en reconectar con la ética del cuidado y la palabra con sentido. La «Piedra Bruta» de esta era tecnológica solo se pule con la herramienta de la conciencia. Es hora de decidir si queremos ser súbditos del dato o arquitectos de nuestra propia virtud.

