Por Alejandro Félix de Souza, desde Panamá.- En las líneas que siguen, el afamado pensador e historiador israelí Yuval Harari, autor de algunos de los ángulos y perspectivas más interesantes de los últimos años sobre la peripecia humana, dialoga con la no menos célebre periodista iraní-británica Christiane Amanpour, en su espacio de entrevistas en CNN, sobre los eventos recientes en Israel.
Hace unas semanas yo había escuchado una excelente entrevista del periodista de Fox News, Brett Bauer, al Príncipe Heredero (pero que en los hechos es quien gobierna) de Arabia Saudita, Mohammed Bin Salman. El punto saliente de esta entrevista, y que les compartiré luego de este texto, es cuando el Principe Bin Salman se refiere a las bien encaminadas gestiones para lograr un acuerdo de paz entre Israel y Arabia Saudita.
Cuando ocurrieron estos atentados terroristas en Israel, no pude sino pensar que, voluntaria o como efecto no buscado, esto iba a detener o afectar esos esfuerzos de pacificación entre Arabia Saudita e Israel, que sería uno de los hitos diplomáticos más importantes en la región del mundo que registra más riesgos de conflictos armados.
Me puse a buscar e investigar dónde podría encontrar un buen ángulo que pudiera permitirnos a todos relacionar un aspecto con el otro, y “como el que busca, encuentra”, esta breve entrevista de Amanpour a Harari ayuda mucho a esclarecer y dar perspectiva a cuáles serán las consecuencias de largo plazo de este evento puntual, que pasó hace unos días.
El punto que enganchó mi atención de esta entrevista a Harari, fue cuando el historiador israelí, con excelente puntería, además de indicar lo cerca que le tocó vivir estos eventos (sus tíos, nonagenarios, estuvieron a punto de ser capturados por los terroristas de Hamas), es que este evento particular no es como los habituales que se le inflingen a Israel cada dos o tres años, sino que cumple con un propósito “de estilo ISIS” (la temida formación terrorista islámica): por un lado, el generar terror psicológico en la población israelí, y por el otro, descarrillar, hacer retroceder, e inviabilizar un camino que hubiera sido muy positivo para el Cercano y Medio Oriente, como sería un acuerdo de paz entre Israel y la principal potencia árabe.
La violencia y el sadismo inusitado perpetrados contra las víctimas, y prácticas como decapitar o matar a hijos delante de sus padres o viceversa, y la filmación y transmisión abierta de videos de estas atrocidades por redes sociales, se explican como un esfuerzo deliberado de los terroristas no sólo para sembrar el terror, sino que, hablando de siembra, para “sembrar” semillas de odio que aseguren que el conflicto entre ambas partes permanezca por generaciones, que la “grieta” entre ambas partes no se pueda cerrar, y que definitivamente no sea factible a corto plazo la paz entre Arabia Saudita e Israel.
Pero en una muestra más de lo mezquinos que pueden ser algunos de nuestros congéneres, en la vida de muchas sociedades hay actores políticos, activistas y sindicalistas a los que les conviene que las cosas, “cuanto peor estén, mejor” (para ellos y sus ganancias políticas y económicas).
Es decir, esto no solo pasa en Palestina, también pasa en América Latina, en África, en Estados Unidos, en Europa: gracias a esas situaciones es que han surgido, surgen, y lamentablemente parece que seguirán surgiendo, los populismos autoritarios y proto-autoritarios, desde el fascismo y el nazismo hace ya un siglo, hasta los movimientos anti-sistema del día de hoy, disfrazados bajo la máscara y el escudo de “trabajar para los pobres y los desplazados”.
En pocas palabras: a Hamas, como a muchos de estos actores en nuestras sociedades, NO LES CONVIENE QUE A LOS PALESTINOS LES VAYA BIEN Y QUE PROGRESEN. Necesitan el caldo de cultivo de pobres ignorantes y “adoctrinables” (igualito que en América Latina), que, cegados por el lavado de cerebro, no se den cuenta de la “humanidad del otro” a quien decapitan, asesinan y matan en nombre de “la causa”.
Esto me recuerda cuando hace casi 30 años, y estaba haciendo mi Maestría en Estudios Comparados y Negocios Internacionales en Japón, estudié precisamente cómo se adoctrinaba a los niños y jóvenes indonesios de orígenes muy humildes en algunas “madrasas” o escuelas islámicas de orientación fundamentalista (no todas las madrasas lo son, claro está). Menos de una década después, el mundo conoció cómo jóvenes egresados de esas madrasas habían sido los protagonistas de los atentados en Bali, Yemen, Nueva York y Afganistán.
Cuando escuchen la entrevista a Bin Salman, escucharán también que él se refiere a la necesidad de que Medio Oriente sea una región estable y que progrese, y verán cómo se refiere en términos moderados a Israel y a Palestina, tomando una posición tendiente a acercar y a no cavar una zanja entre ambas partes. Para quienes creen en que “cuanto peor, mejor”, esto no es definitivamente un enfoque bienvenido.
El objetivo de estos atentados no era asesinar a ancianos, mujeres, jóvenes y niños: era “asesinar cualquier oportunidad para la paz”. El objetivo era cavar una zanja lo más ancha y profunda posible y que perdure por generaciones. Esta gente sabe de guerra psicológica.
Y otro punto que hace Harari sobre el que vale la pena reflexionar, y que, si no entramos en modo “fan”, es válido tanto para palestinos como para israelíes: es posible que al mismo tiempo uno pueda ser “víctima y victimario”, y esta es una perspectiva situacional muy importante.
De hecho, como mediador social, me ha tocado mucho ver esta perspectiva entre diferentes actores en nuestra sociedad: muchos de los que se dicen víctimas no reconocen a veces que han sido victimarios, y por “sesgo de confirmación”, sólo acumulan pruebas contra los que ven enfrente como victimarios (yo digo que “les hacen un prontuario”), y generan expedientes de santidad y bondad para sus propias acciones.
Me ha pasado mucho con ejecutivos de empresas que, queriendo justificar sus acciones, “criminalizan” a quienes no hacen “obediencia ciega” a lo que pretenden o a sus agendas y objetivos propios, así que esto de la víctima que no se ve como victimario, lo he vivido en carne propia.
Cuando tenía como siete años, me tocó participar en un pesebre viviente, donde estábamos teatralizando el nacimiento y la vida de Jesús. Y una de las frases que siempre me impactó, y que me hace siempre ser muy prudente a la hora de juzgar al prójimo, y muy tolerante para las injusticias que se comenten en contra de uno, es “antes de mirar la paja en el ojo del prójimo, mira la viga que tienes en el propio”.
Como prudentemente menciona Harari, a muchas personas y a muchas naciones en la historia, les toca esto: a veces son víctimas, y a veces son perpetradores, y a veces son ambas cosas al mismo tiempo. Ahora, como bien lo menciona el historiador israelí, cuando estás a miles de kilómetros de distancia (y yo agregaría: o a siglos o décadas de distancia), esto se puede distinguir.
Pero cuando estás en medio del problema, hundido en el mismo campo donde ocurren estos hechos, es “psicológicamente imposible”.
Ese es mi gran desafío cuando tengo que atender crisis o problemas donde las partes “deshumanizan” o “criminalizan” al otro: les es tremendamente difícil hacer el viaje de regreso a su “yo racional”, están totalmente secuestrados por la emoción, por más que griten a los cuatro vientos que son racionales, que su formación es de “ciencias duras”, y que tienen los mejores intereses de sus empresas, organizaciones, y a veces hasta se atreven a decir, “de la sociedad”, en mente.
¿Hay esperanza? La hay, y por eso es bueno recordar que, como decía el gran Cicerón en su De Oratore, la historia es “Magistra Vitae”, la historia nos enseña, y mucho. Y en esta entrevista este historiador nos hace reflexionar sobre las pacificaciones en los Balcanes, y otros episodios de la historia reciente menos conocidos, como las relaciones entre Polonia, Lituania y Ucrania, antes muy enemistados, hoy apoyándose mutuamente.
Mi última reflexión es recordarles a todos aquella famosa frase ya centenaria del senador estadounidense Hiram Johnson, quien en 1917, y refiriéndose a la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, mencionó que “la primera víctima cuando llega la guerra es la verdad” (esta frase, como muchas otras, es atribuida a Winston Churchill, pero yo, que soy churchiliano y tengo una colección de sus libros y biografías, sé que la pronunció muchos años después, con algún giro y variación, en ocasión de la siguiente guerra mundial).
Lectores cómplices, busquemos juntos, entonces, las verdades con humanidad, con comprensión, y viendo siempre que, aunque el prójimo a veces nos inflija dolor y estemos enojados, molestos o decepcionados, es siempre, siempre, un ser humano.
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