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Iglesia de la Sagrada Familia en Barcelona: los riesgos del apuro

Texto y croquis de Patricio Hales.- Quizás a la Convención Constituyente le falta más tiempo. No tanto como demoró Gaudí en hacer la Iglesia que yo dibujo por dentro. Pero hay que disolver este clima de guerra de querer vencer al otro. En construir la Iglesia de mi croquis el arquitecto se pasó la vida y, 100 años después, aún no se termina.

Hacer una Constitución requiere pensar, saber ceder, mirar al porvenir. El corto plazo conspira contra el buen resultado.

Y para  peor, se está instalando como aceptable, el objetivo de cierta izquierda y derecha por vencerse. O de castigar a los que en los últimos 30 años no hicimos todo lo que había que hacer.  Como si la Nueva Constitución fuese ganar una guerra entre enemigos y no  las bases de una comunidad con objetivos compartidos.

Algunas propuestas generan dudas, temores, incertidumbres. Hay mal clima. No nos demos el gusto de culpar a tal o cual sector de esta situación.

¡Nos hace falta pensar a Chile! Dotar de  sentido el territorio compartido. Algunos llaman a “aprobar” como  objetivo bélico; leo  que no importaría qué se aprueba, porque todo sería mejor que lo actual.  Es tan  legítimo aprobar como rechazar la Nueva Constitución, pero es mejor disminuir diferencias aumentando el plazo . Lo que está en juego es hacerlo bien y no hacerlo rápido.

La Constitución de la dictadura demoró siete años; los cambios profundos de la Concertación, quince. ¿Por qué estos constituyentes tendrían que hacerlo en pocos meses? El plazo se puede cambiar.

Con el ánimo refundacional en curso, de enojo diario, es absurdo  hacer la Nueva Constitución post estallido en menos de un año plazo. Aumentémoslo, aunque no sean los 100 años que se tomó Gaudí, ni la calma con que hago mi croquis, sentado en la iglesia de Barcelona, mientras María la recorre.