La construcción de la Marca País de Chile exige coherencia entre reputación y realidad, diversificación productiva e impulso a la innovación y sostenibilidad.

Por Nassib Segovia.- En un mundo interdependiente y competitivo, la imagen que un país proyecta es tan decisiva como sus indicadores económicos. La Marca País no es un eslogan ni una publicidad circunstancial, sino una herramienta estratégica que transforma activos tangibles e intangibles en ventajas comparativas sostenibles. Bien diseñada, fortalece la competitividad, amplifica la proyección internacional y aumenta la capacidad de influencia en mercados, talento e inversiones.

En Chile, la Fundación Imagen de Chile ha instalado un relato ligado a estabilidad, naturaleza única y confiabilidad. Según la edición 2024/25 del Country Brand Ranking de Bloom Consulting, el país se ubica segundo en América Latina en inversión y negocios y asciende dos posiciones en turismo, con calificación “AA”. Sin embargo, el Nation Brands Index muestra retrocesos en cultura e innovación frente a competidores regionales, lo que exige reforzar estos atributos e integrar la sostenibilidad como eje transversal.

Consolidar nuestra marca requiere coherencia entre imagen y realidad. Una reputación de estabilidad se resiente si la criminalidad aumenta: la tasa de homicidios pasó de 3,0 por cada 100 000 habitantes en 2015 a 6,0 en 2024. Aunque baja en comparación regional, CLAPES UC estima su impacto económico en 8 200 millones de dólares anuales, equivalentes al 2,6 % del PIB.

Otro desafío es diversificar una matriz productiva dominada por cobre, vinos, frutas y salmón, que en 2024 sumaron más del 80 % de las exportaciones. Para proyectar a Chile como referente en innovación y sostenibilidad, urge un relato de “Chile Tech” o “Chile Innovador” respaldado por políticas de CORFO en energías limpias, manufactura avanzada y servicios tecnológicos, capaces de capitalizar nuestro potencial en hidrógeno verde, litio con valor agregado e industrias creativas.

La estrategia de Marca País debe articularse en torno a tres metas: atraer turismo, ampliar exportaciones y captar inversión extranjera directa. En 2024 ingresaron 21 000 millones de dólares en IED, mayormente en sectores tradicionales. Se necesita un relato común entre Estado, sector privado, universidades y sociedad civil, capaz de trascender gobiernos y proyectar una visión consistente.

Un plan con indicadores claros en turismo, inversión y percepción internacional, junto a un énfasis en tecnología, conocimiento y sostenibilidad, permitiría fortalecer la Marca País y consolidar a Chile como actor competitivo en la economía global. No se trata solo de cómo queremos que nos vean, sino de cómo, con hechos, construiremos la reputación que aspiramos a tener.

Nassib Segovia es vicedecano de la Facultad de Economía, U.Central

 

Alvaro Medina

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