Recuperar la producción en la minería exige inversión, continuidad en las políticas y señales de confianza hacia una actividad clave para el desarrollo económico y social del país.
Por Francisco Rivas.- Recuperar la producción minera es una prioridad. También lo es reconocer su aporte al país y cuidar las señales que se dan a quienes invierten en su futuro.
La expresión «lastre», utilizada recientemente para referirse al efecto de la caída de la producción minera sobre el crecimiento, me parece desafortunada. Entiendo que la referencia apunta a las cifras y su incidencia económica. Sin embargo, ese calificativo puede terminar instalando una mirada injusta sobre una actividad fundamental para Chile.
La minería ha hecho, hace y seguirá haciendo grandes aportes al desarrollo económico y social del país. Empleo, ingresos fiscales, proveedores, infraestructura y oportunidades en las regiones son parte de una contribución que continúa este año, incluso con las dificultades productivas que enfrenta el sector.
Chile mantiene oportunidades atractivas para la inversión minera, en un escenario de competencia internacional por capital y nuevos descubrimientos. Se valoran los esfuerzos del Gobierno por facilitar proyectos y dar mayor certeza a la inversión. Esa orientación merece continuidad y mensajes coherentes para reforzar la confianza que buscamos fortalecer.
La pequeña minería merece apoyo por su importancia para el empleo y las economías locales. A escala nacional, los aumentos significativos de producción dependen, sin duda, de proyectos de gran escala, ampliaciones y nuevos yacimientos. Es ahí donde debe mantenerse una prioridad clara, incluida la exploración que permitirá desarrollar los proyectos futuros.
Hay, además, un aspecto técnico que suele quedar fuera de esta discusión: invertir más no significa producir más de inmediato. Con menores leyes del mineral, parte de la inversión permite sostener la producción existente. Por eso, se debe distinguir entre «mantener capacidad» y agregar «nueva producción», y evaluar los resultados considerando los plazos de desarrollo de los proyectos. Las expectativas de inversión permiten mirar los próximos años con optimismo. Convertirlas en producción exige continuidad en las políticas, proyectos viables y capacidades técnicas y profesionales para ejecutarlos.
Si esperamos que la minería impulse el desarrollo de los próximos años, debemos darle condiciones para invertir y un reconocimiento acorde con su aporte al país.
Francisco Rivas Saldaña es director de Ingeniería Civil en Minas en la U. Central

