Filosofía

La Revolución del Lenguajear: del Homo Sapiens al Homo Digitalis

La transformación digital exige renovar nuestro lenguaje y ética institucional para recuperar la autonomía, la reflexión crítica y la humanidad en la era de la viralización.

Por Carlos Cantero.- La emergencia de la Sociedad Digital nos ha permitido observar —durante un par de décadas— la transformación del ecosistema, de analógico a digital, lo que cambió la forma de ser, estar y hacer en el mundo, marcando un salto evolutivo desde el Homo sapiens al Homo digitalis. Me preocupa profundamente que, mientras la tecnología avanza, nuestro ethos institucional y las políticas públicas para adaptarnos a esta realidad lo hagan con una lentitud alarmante, y aún más con el despliegue de la inteligencia artificial.

No hablamos solo de tecnología, sino de un cambio en el “software del ser”: un nuevo entorno en el que el paradigma comunicacional ha mutado —múltiples emisores, con múltiples mensajes multimodales y multimediales, y múltiples receptores—. Siguiendo la huella de Humberto Maturana, el lenguaje hoy es mucho más que hablar; es una relacionalidad digital donde el impacto se potencia mediante la viralización y el contagio instantáneo. Es una red multidireccional y global, donde quien domina las plataformas tiene la capacidad de viralizar sus mensajes y el poder de configurar la realidad, la percepción y los valores de millones de personas.

Sostengo que la crisis que hoy atraviesan nuestras instituciones es, en su esencia, una crisis de ética y de lenguaje. Nuestras estructuras tradicionales —lineales, jerárquicas y racionales— son incapaces de procesar la complejidad de este mundo digital. Estamos ante una “crisis de límites” donde lo ético y lo cultural muta desde los límites hacia bordes opacos y superficiales. Chile tiene una riqueza intelectual única para entender esto: dos premios Nobel de Literatura, la biología cultural, la ontología del lenguaje, la PNL, el coaching ontológico, la psicoterapia integrativa y el eneagrama de la personalidad. Estos enfoques filosóficos nos enseñan que el lenguaje no describe la realidad, sino que la crea.

Mi propuesta de una Ontología Digital bebe de cumbres fundamentales y de pensadores como Francisco Varela, Humberto Maturana, Fernando Flores, Claudio Naranjo, Rafael Echeverría y Alejandro Jodorowsky. Maturana nos enseñó que existimos en el lenguaje y que todo sistema racional tiene una base emocional nacida del “amar” o de la aceptación del otro. Varela planteó la enacción: el lenguaje hace emerger un mundo a través de nuestra interacción con el entorno. Naranjo nos invitó al autoconocimiento y a la transformación personal, al despertar y a la expansión de la consciencia. Flores nos enseñó que hablar es actuar y coordinar futuros. Echeverría situó al lenguaje como el espacio donde el ser se crea a sí mismo. Jodorowsky advirtió que el lenguaje puede ser una cárcel para la subjetividad o una vía de curación para el inconsciente.

El escenario digital presenta riesgos críticos. La viralización hoy prioriza la emoción reactiva (rabia, miedo, asombro) sobre el juicio crítico. Las redes sociales funcionan como cajas de resonancia donde las emociones se contagian antes de ser pensadas. En esta dinámica, un mensaje se valida no por la fuerza de su verdad, sino por su capacidad de ser compartido. La estructura binaria de los algoritmos relacionales (el simple “me gusta” o “no me gusta”) empuja un proceso de mismidad y otredad, lo que genera polarización, castiga los matices y destruye la intimidad necesaria para la reflexión interna. Tenemos un desafío ético y humano: debemos distinguir entre información, conocimiento y sabiduría. El torrente digital nos inunda de información vertiginosa; el conocimiento requiere tiempo y la sabiduría exige ética.

Estamos ante una mutación cultural. Si el Homo digitalis no es consciente de cómo el lenguaje digital configura la realidad y manipula nuestras emociones, corremos el riesgo de perder nuestra autonomía y convertirnos en simples habitantes de una red que escasamente controlamos. Es imperativo rescatar la ética y la humanidad en medio del torrente de datos para no dejar de ser, en esencia, seres ontológicos. Chile tiene referentes de talla mundial en biología cultural, ontología del lenguaje y subjetividad; debemos volcar ese capital intelectual a favor de una conversación de convergencia y articulación (HUB) para el desarrollo humano. La invitación es a recuperar una cultura de paz y un pensamiento estratégico que nos permita volver a un lenguaje de unidad. ¡Que así sea!

Carlos Cantero Ojeda, Geógrafo, Máster y Doctor en Sociología

Alvaro Medina

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