Categorías: Opinión

La unidad más necesaria que nunca

Por Hugo Cox.- En términos reales no quedan más de 100 días para la elección de constituyentes, que deberán construir una nueva constitución que exprese el sentir de ese 80% de los votos que obtuvo el apruebo en el plebiscito.

Pero para que esto sea posible, es necesaria la unidad de todas las oposiciones ya que las matemáticas indican que de ir divididas, la derecha pinochetista quedará sobrerrepresentada, con los peligros que para ese Chile del 80% representa.

En días recientes se llevó a cabo en el Congreso Nacional de Santiago una reunión de varias fuerzas sociales solicitando la unidad de las oposiciones. En dicha instancia, Alejandro Goic expresó: “Hoy, ese héroe trágico es el pueblo de Chile que votó por una nueva constitución. Si seguimos dispersos, ganará Pinochet y la Constitución del 80. En este caso, quien determinan ese destino es la clase política, que habita en un olimpo. De ellos depende de que este héroe trágico no tenga ese destino”. Y agrega: “Hay un mandato del 80% de Chile, que nos compele éticamente a llevar una lista en la que confíen 6 millones de chilenos que exigieron una convención constituyente”.

La historia de este país nos entrega varias lecciones, en las que solo la unidad permite la derrota de las fuerzas conservadoras, como fue la unidad frente a la dictadura, y esa unidad permitió en un plebiscito derrotar al fascismo local (grupos minoritarios con el control político, económico, cultural, etc.). O la formación del Frente Popular y la Unidad Popular. La izquierda siempre ha cultivado la cultura de alianzas.

La historia nos sirve para poder comprender el presente a partir del pasado y, de ese modo, evitar errores en el presente que pueden retardar los avances; pero, por otra parte, se debe tener en cuenta que la magnitud de los cambios hoy en día, tanto culturales como tecnológicos, que han sido de una magnitud poco imaginada, nos distancian de generaciones pasadas. Es necesario el ejercicio y lectura del pasado para llevarlo al presente con un sentido de ayuda para preguntar y entender futuros inciertos.

En los años 30 Chile sufrió una fuerte crisis económica y una epidemia de tifus, y se inicia una fuerte migración interna desde el norte producto de la crisis. Los obreros salitreros se trasladaron a Santiago sin ingresos, sin el pago de sueldos y salarios que las oficinas les adeudaban, y si comparamos dicha situación con lo que se vive hoy, vemos que las elites se siguen relacionado de la misma manera.

Los efectos de la crisis de los años 30 en Chile fueron devastadores, paralizando el sistema exportador, crisis financiera, inestabilidad monetaria, que trajeron consigo crisis económica y social. La crisis económica y la epidemia del tifus causan estragos entre los pobres.

Detrás de esto, más que números, había personas que arrastraban sus propias historias de hambre e incertidumbre, y con estrategias de sobrevivencia.

El gobierno de Arturo Alessandri ordenó desalojar los albergues, mandar la pobreza lo más lejos posible, donde no molestara, donde la pobreza y el hambre no estorbaran la reconstrucción de la República. ¿Acaso la dictadura no hizo lo mismo trasladando a los pobres a diversas comunas del país como Los Vilos, Caldera, etc., y creando comunas donde llevó a los pobladores desde distintas comunas de Santiago especialmente de Las Condes, Vitacura y lo Barnechea? En esta última comuna hubo una alcaldesa que alcanzó a poner muros.

Esto nos recuerda que la única forma de poner punto final es que los dirigentes políticos se pongan de acuerdo en la unidad, porque ese 80% tiene nombre y, además, tiene historia, y porque ellos exigen el cambio de su destino, sentirse parte de un país, ser parte del desarrollo .

A las generaciones que no vivieron la dictadura los invito a leer la historia reciente, a ver con amplitud de criterio nuestra historia, los avances y retrocesos, como ocurre con todo proceso histórico donde hay claros y oscuros (y éstos no son lineales y menos mecánicos), a interpretar nuestra realidad entendiendo el pasado, y ese pasado exige la mayor unidad posible para seguir avanzando, unidad sin maximalismos, unidad con los pies puestos en la tierra.

Alvaro Medina

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