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Las Guerras de las tres esferas: Occidente, Oriente y el Metaverso

Por Andrés Ortega.- Si bien no es la visión habitual, el mundo puede ser visto como tres esferas que compiten entre sí: uno gira en torno a Estados Unidos (e incluye a Europa y otros), otro en torno a China y un tercero en torno a todo lo digital. El control y dominio de esta última esfera está sujeto a una lucha importante. Esto se aplica tanto desde adentro -por ejemplo, las grandes corporaciones versus el poder político, incluso en China- como desde afuera, en la principal rivalidad entre las grandes superpotencias o civilizaciones. En otras palabras, hay dos esferas o mundos físicos, formados por átomos y geografía (incluido el espacio exterior) más uno virtual, aunque, parafraseando a Hegel: lo virtual no anula lo real.

Es un punto de vista que está ganando apoyo y defendido, por ejemplo, por el Centro para el Estudio de la Vida Digital (CSDL), dirigido por el gurú de la tecnología Mark Stahlman. Según Stahlman, no somos “ciudadanos del mundo”, tanto como habitantes de esferas que están en conflicto potencial, las tres con alcance global. Esto es algo absolutamente nuevo en la historia de la humanidad, porque las distintas civilizaciones no solo tendrán que enfrentarse entre sí, sino también en una esfera digital que ha penetrado a las demás.

Estas esferas no son inmunes a la influencia recíproca. Son y seguirán siendo interdependientes, ciertamente en términos económicos y financieros. Es cosa de atestiguar las crisis que han asolado al gigante inmobiliario chino Evergrande y al suministro de gas natural con consecuencias en todo el mundo.

Una errónea identificación con lo militar

La competencia entre las dos esferas físicas persigue una lógica que en parte es erróneamente considerada militar. Eso se hizo muy evidente con la asociación AUKUS destinada a proporcionar a Australia submarinos de propulsión nuclear y que se extendió además a la ciberseguridad, la inteligencia artificial y la comunicación cuántica. Eso refuerza la cooperación entre los tres aliados de habla inglesa (¿quizás una subesfera de habla inglesa?). Sin embargo, no es necesario que predomine la cooperación abiertamente militar, como ha quedado claro con la reciente reunión de los países del Quad que involucró a Estados Unidos, Japón, Australia e India, otra manifestación de una sub-esfera.

La tercera esfera, la digital (que puede extenderse a otros campos, por ejemplo, la biología con el cambio de la ingeniería genética de las grandes corporaciones a talleres privados) probablemente se entienda mejor no tanto como líquida sino como gaseosa. En el fondo estamos asistiendo al nacimiento de un llamado Metaverso, en el que casi todos vamos a estar involucrados y puede llegar a afectar a casi todo lo humano. Metaverso (“meta-universo”) es una expresión que ha encontrado eco en Silicon Valley.

Esta expresión ha existido durante algún tiempo, habiendo sido acuñada en 1992 (antes de la explosión de Internet y los móviles conectados a la red) por Neal Stephenson en su novela de ciencia ficción «Snow Crash». Se refiere, pues, a una confluencia o convergencia entre la realidad física, la realidad virtual y la realidad aumentada, todo salpicado de inteligencia artificial.

Expansión de la influencia del metaverso

La realidad virtual es la que se crea en el mundo digital únicamente, como sucede con el popular videojuego Fortnite, con su alcance global. La realidad aumentada consiste en agregar elementos digitales a la realidad física, aunque visualizados en una pantalla. Los ejemplos incluyen el juego global de Pokémon y el uso de visores de realidad virtual.

En 2020, Matthew Ball, un capitalista de riesgo, señaló ciertas características del Metaverso. Entre ellas, que tiene que abarcar los mundos físico y virtual, contener una economía en pleno funcionamiento y ofrecer una «interoperabilidad sin precedentes». Los usuarios deben poder llevar sus avatares y activos de una parte del Metaverso a otra, sin importar quién controle qué parte en particular. De hecho, muchas grandes corporaciones, y no solo las grandes empresas de tecnología de EE. UU. Sino también la empresa japonesa Sony, por ejemplo, están invirtiendo fuertemente en la construcción de este Metaverso. Deben estar apuntando a algo.

¿El Santo Grial?

Un gran peso pesado de la tecnología como Mark Zuckerberg, el controvertido fundador de Facebook, quería convertir el mundo en una vasta comunidad bajo su red social. Ahora ve al Metaverso como una realidad alternativa universal. Para Zuckerberg, es un «Santo Grial de las interacciones sociales», que él cree que se convertirá en una realidad para e 2025. Se perfilan así los posibles futuros de Internet 2.0, una convergencia de la realidad física, aumentada y virtual en un espacio online compartido. Según Zuckerberg, ninguna empresa controlará el Metaverso. Más bien, será administrado por muchos de manera descentralizada. Pero,

¿Lo permitirán los que dirigen las otras dos esferas? La pregunta no es solo si el Metaverso es controlable, sino si es gobernable. O si nos dirigimos hacia una esfera digital que lo impregna todo, pero donde ningún poder político es capaz de dominar y donde empresas y múltiples actores se resisten a los intentos de cortarles las alas.

China está tratando de hacer precisamente esto con una serie de medidas destinadas a utilizar el poder político para controlar el incipiente Metaverso, del que no será inmune. Pero ni siquiera el régimen chino, con todas sus palancas, puede estar seguro de que no será abrumado por un Metaverso anárquico, ingobernable por los poderes públicos o, en un sentido más amplio, por una esfera digital sin ley.

Conclusión: un tercer tipo de guerra

Tanto en el ámbito físico geográfico como el cultural, Oriente y Occidente se encaminan hacia un conflicto que no es necesariamente militar. Presenta un nuevo tipo de guerra bastante diferente de la guerra clásica y la llamada Guerra Fría entre Occidente y la Unión Soviética.

En cualquier caso, sin un conocimiento profundo del impacto de la tercera esfera sobre las otras dos, la de la tecnología digital en las de las civilizaciones -oriental y occidental- y sin un conocimiento recíproco entre estas civilizaciones (a las que se unen esferas más pequeñas de menor autonomía como la UE, India y Rusia, por nombrar solo tres) seremos incapaces de navegar por el futuro, advierte Stahlman. A este respecto, Oriente conoce mucho mejor a Occidente que al revés. Y el Metaverso nos conocerá a todos.

Andrés Ortega es investigador senior del Real Instituto Elcano, un importante grupo de expertos en asuntos exteriores de España. Artículo publicado en The Globalist.

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