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Perspectiva de la Sagrada Familia y la perspectiva del Presidente Boric por una nueva Convención

Texto y Croquis de Patricio Hales.- El “Apruebo” a la Nueva Constitución se alejó de ese 80% de quienes votamos en 2020 por los cambios. El 58% dice que tiene temor y no entusiasmo.

Lo malo del texto constitucional propuesto no es solamente que promete cambios con errores, insuficiencias, dudas, incertidumbres, y plazos que generan rechazo de respetable gente independiente y de izquierda.

Lo más grave es que promete transformaciones que ilusionan al país en un proceso político muy complicado que lentificará los cambios mucho más allá de lo prometido. Es grave porque si a la impericia política evidente se suma un proceso de cambios apresurados, un discurso cortoplacista ilusorio y promesas totalizantes, el resultado siempre es la desilusión ciudadana con la política porque la ilusión y los apuros no mejoran la vida de las personas. La propuesta del apruebo crea esperanzas desmedidas en plazos impracticables que siempre traen la gran desilusión. Recién en 2015, las bravatas de cambios maximalistas, en Grecia, aprobadas por su propio plebiscito ilusorio contra la banca mundial, prometiendo cambios de ese izquierdismo fantasioso, culminó con su pueblo dándole el triunfo y el gobierno a la derecha. Así pasó en Chile en 2021 cuando  el elector prefirió la extrema derecha en primera vuelta presidencial.

Por eso muchas gentes de izquierda tememos  que el apruebo de esta propuesta de NC va a estancar el proceso de transformaciones que apoyamos.

La propuesta del Presidente Boric, de una Nueva Convención Constitucional si  triunfa el rechazo, es una oportunidad extraordinaria  para hacer bien los cambios. Una propuesta constitucional nueva permitiría recomprometer a ese 80% originario y hacerlo bien, aprovechando las lecciones que ha dejado el trabajo y debate de la Convención Constituyente.

La historia (y no yo) ha demostrado repetidas veces que el apresuramiento, el maximalismo, el querer alcanzar el sol con las manos termina en la desilusión, la apatía electoral y el regreso de la derecha a la conducción prueba que los cambios sociales. Por eso, la derecha más extrema toma palco esperando que una vez aprobada la Nueva Constitución, el triunfalismo, las exageraciones frustren el ánimo transformador.

Por eso afirmo que la propuesta de Nueva Constitución de la Convención Constituyente, ha puesto en riesgo el proceso de cambios que el país quiere y necesita urgentemente. Si gana el apruebo y viene la desilusión, la derecha más conservadora  encontraría la recuperación electoral que hoy no tiene. La derecha extrema está sin convocatoria. Los sectores de derecha que se separaron de Kast en sus primarias, asumen que la Constitución de Pinochet está muerta, incluso la de Lagos. Esa  derecha menos conservadora, si gana el rechazo se sumará al cambio de una Nueva Convención  porque saben, que si no lo hacen se hunden  porque no  elegirían parlamentarios, ni alcaldes ni gobernadores ya que el país quiere cambios. Se sumarán por principios o por oportunismo, pero se sumarán. Una Nueva CC , post rechazo, ns permite exigirles frente al país.

Hay una mayoría descontenta con lo que dejamos de hacer en nuestros gobiernos de la Concertación y esperan con pasión las transformaciones, entonces ¿por qué el 58% responde que tiene temor del triunfo del apruebo? Es que algunos  leyeron el texto y no les gusta, y otros rechazan el lenguaje desmedido, las ultra celebraciones  vociferantes, la promoción agresiva, el clima estigmatizador, la descalificación contra personas que expresan la más mínima crítica a la Nueva Constitución. Como mentirán de mi persona para anular mis argumentos por estas líneas. ¿Cómo me pueden decir que me gusta la Constitución de Pinochet si por ella quedé registrado con el N°11.076 del Informe Valech de Tortura y prisión Política? Pero ese es el reductivo argumento central del “Apruebo”. Me dicen: “Usted está con el apruebo o con la Constitución de la Dictadura o la que  llaman la maquillada por Lagos”.

Pero el Presidente, al proponer una posible nueva Convención puso fin al “todo o nada”. Él  abrió la posibilidad de un proceso mejor hecho, que permite votar rechazo para cambiar bien.

La solución no es no hacer cambios: es hacerlos bien y resolver todo lo que nosotros no hicimos cuando fuimos gobierno con la Concertación.

El apruebo puede ganar por la emoción del período en curso. Pero hoy, más del 52% dice que rechaza la propuesta que será plebiscitada. La mayoría sigue deseando tener una nueva constitución, pero rechaza la actual propuesta en consulta, y el 74% dice que debería organizarse un Nuevo Proceso Constitucional.

Me conmueve la sabiduría de esa mayoría que quiere grandes transformaciones y rechaza los excesos que se expresaron en la Constituyente; declaran disconformidad con  las propuestas desmedidas de materias que requerirían prudencia para tener éxito.