¿Qué tan lejos estamos de erradicar la pobreza?

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A pesar de décadas de esfuerzos internacionales, millones de personas continúan enfrentando la pobreza y la exclusión social. Entre los avances económicos, las políticas públicas y las promesas de una nueva era de abundancia impulsada por la inteligencia artificial, persiste una pregunta fundamental: ¿estamos creando las condiciones para erradicar la pobreza o simplemente para aliviar sus consecuencias?

Por Judith Guajardo.- Cada 17 de octubre se conmemora el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, proclamado por la Asamblea General de la ONU. Según el diccionario de la Real Academia Española, erradicar significa “arrancar de raíz (algo)”. Eso es lo que, por años, se han propuesto todos los países del mundo, una bandera de lucha común frente a un mal que nos afecta a todos, a algunos en mayor y a otros en menor medida, y que, pese a los múltiples esfuerzos, sigue sin una solución de fondo.

Para las Naciones Unidas, poner fin a la pobreza es el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 1, que tiene como meta el año 2030, un objetivo que, a ojos de muchos, todavía se ve lejano. Ahora bien, ¿cómo se define quién es pobre? A nivel internacional —y según el Banco Mundial—, la línea de pobreza extrema pasó de 2,15 a 3 dólares al día en junio de 2025. Llevado a pesos, según el valor actual del dólar, hoy en Chile estarían en situación de pobreza extrema las personas que viven con 2.904 pesos diarios aproximadamente. Sin embargo, sabemos que la pobreza no es solo la falta de ingresos; también es falta de oportunidades, de acceso y de vivienda, y es exclusión social. Por eso, hoy se habla de pobreza multidimensional, un concepto que considera las distintas dimensiones que llevan a una persona a vivir en esa condición.

Las distancias entre países son enormes. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el país más rico en PIB nominal (índice de riqueza) es Estados Unidos, con 32,38 billones de dólares, y el más pobre es Burundi, con 1.031 dólares. ¿Cuáles han sido, entonces, las claves de quienes han logrado salir de la pobreza extrema? El caso más emblemático es China, que, gracias a un modelo de industrialización y urbanización masiva, logró que más de 800 millones de personas salieran de esa condición. En América Latina destacan las transferencias monetarias condicionadas, como Bolsa Família en Brasil y Progresa/Oportunidades en México. También está el camino de las microfinanzas y el emprendimiento comunitario en Bangladesh, impulsado por el premio Nobel Muhammad Yunus, un modelo con el que en nuestro país trabaja la Fundación Banigualdad.

Poniendo el foco en Chile, según la última encuesta Casen 2024, la región más pobre, según ingresos, es La Araucanía, con un 28,6 %, y la menos pobre, Magallanes, con un 9,9 %. La Región Metropolitana, en tanto, registra un 13,3 %. Aquí las brechas y los determinantes sociales son muchos, como, por ejemplo, la ruralidad y la composición demográfica. El Ministerio de Desarrollo Social los mide a través del Registro Social de Hogares, que califica a las personas según su nivel de vulnerabilidad social y abre la puerta a los distintos subsidios y beneficios del Estado. Los esfuerzos han sido bastantes, y la mayoría ha transitado desde la asistencia básica hacia la autonomía financiera. Pero, según las proyecciones del Banco Mundial y de Naciones Unidas, el ritmo actual parece insuficiente para erradicar la pobreza al 2030. Menos aún en el contexto de incertidumbre que vivimos: guerras, cambio climático, altos índices de migración y una economía que podría mutar con la irrupción de la inteligencia artificial.

Sin ir más lejos, Elon Musk afirmó que, en un plazo de 10 a 20 años, trabajar sería una elección personal y que se podría vivir de una renta alta universal. ¿Será que la llamada “era de la abundancia” podrá, por fin, erradicar la pobreza? Mientras esa promesa se cumple, o no, quizás convenga mirar hacia atrás y aprender de los antiguos. Como dice la frase atribuida a Lao-Tsé: «Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres una jornada. Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida». Ahí está, tal vez, la diferencia entre aliviar la pobreza y erradicarla de verdad.

Judith Guajardo Escobar es académica de Trabajo Social, U. Central

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