Opinión

¿Quo Vadis, Trump, en Medio Oriente?

En medio de sanciones, amenazas militares de Trump y negociaciones indirectas, Washington y Teherán vuelven a dialogar mientras Medio Oriente observa con temor que un error de cálculo detone una guerra capaz de incendiar la región y desestabilizar la economía global.

Por Juan Medina Torres.- Como “muy buenas” calificó Donald Trump las conversaciones indirectas que mantuvo con Irán el viernes pasado. “Parece que Irán tiene muchas ganas de llegar a un acuerdo. Tenemos que ver en qué consiste ese acuerdo”, dijo el presidente a bordo del Air Force One.

Mientras tanto, Abás Araghchi, viceministro iraní de Relaciones Exteriores, afirmó que las conversaciones “son un buen comienzo”, añadiendo que los argumentos de Irán fueron presentados en un “ambiente positivo”, y que el momento de la próxima ronda de diálogo “será definido más adelante”.

El canciller del sultanato de Omán, Badr al‑Busaidi, se reunió por separado con Araghchi y con Steve Witkoff y Jared Kushner, enviados especiales para Medio Oriente de la Casa Blanca.

Según medios iraníes, Araghchi presentó un “plan preliminar” para “gestionar la situación actual” entre Irán y Estados Unidos. Declaró a Al Jazeera que las conversaciones giraron exclusivamente en torno al programa nuclear iraní, sin abordar los misiles balísticos de Teherán ni su relación con grupos afines en la región. “Estamos dispuestos a alcanzar un acuerdo que les garantice que el enriquecimiento de uranio en Irán será pacífico, pero Irán no aceptará detener por completo el enriquecimiento. Estamos preparados para ello”, afirmó.

Sin embargo, mientras se realizaban las conversaciones en Omán, Estados Unidos impuso nuevas sanciones al petróleo iraní y a 14 buques que lo transportaban, como señal de que Washington quiere mantener la presión económica. Además, Trump declaró que una “gran flota” llegaría pronto a la región e informó detalles de una conversación telefónica con el presidente chino, Xi Jinping, insinuando que estaría presionando a Pekín y a otros países para aislar aún más a Teherán.

Por ahora, la situación es de máxima tensión, con objetivos estratégicos estadounidenses poco claros, riesgos regionales complejos y una dinámica altamente impredecible en Medio Oriente.

Efectos de una guerra

Temerosos de que un conflicto entre Irán y Estados Unidos se extienda al resto de Medio Oriente, los países de la región han intentado desescalar la situación y disuadir a Trump de lanzar un ataque, conscientes de que una nueva guerra hundiría a la región en una crisis profunda.

Se estima que Irán posee miles de misiles y drones capaces de atacar tropas y activos estadounidenses en la región. También podría movilizar su vasta red de grupos aliados, atacar potencialmente a Israel, golpear bases estadounidenses e interrumpir el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, por donde transita más de una quinta parte del petróleo mundial. Esto podría provocar una conmoción global.

Irán ha amenazado con atacar Israel —incluida Tel Aviv— en caso de recibir un ataque norteamericano.

Diversos analistas señalan que los países vecinos de Irán se oponen a cualquier acción militar estadounidense.

  • Turquía teme que un colapso iraní genere millones de refugiados y que la región kurda de Irán busque autonomía.
  • Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar temen los efectos devastadores sobre sus economías.
    Mohammed bin Salman llamó a Trump el 14 de enero de 2026 para pedirle que no lanzara el ataque que estaba preparando.

El tratado de paz y normalización entre Arabia Saudita e Irán, mediado por China en marzo de 2023, podría romperse. Las reservas petroleras sauditas podrían ser atacadas, generando incendios que tardarían meses en extinguirse y desestabilizando el precio del petróleo.

Por su parte, Israel sigue sin estar seguro de poder interceptar un número suficiente de misiles iraníes. Durante la guerra de 12 días en 2025, el 20 % de ellos alcanzó su objetivo, y los últimos lanzados fueron los más devastadores, incluso después de que Israel bombardeara lanzadores y matara a dos comandantes del programa de misiles.

Para reanudar hostilidades, Israel buscó un compromiso estadounidense, lo que llevó a Benjamín Netanyahu a viajar a Washington.

Medio Oriente vive un momento particular: incluso los antiguos enemigos de Irán creen que lo necesitan para contrarrestar a Israel.

Así, Irán y Estados Unidos volvieron a la mesa de negociaciones en medio de amenazas de Trump, mientras el sultanato de Omán retomó su papel como facilitador neutral. Mascate es considerado un espacio propicio para este tipo de intercambios, al ofrecer un entorno diplomático sin la carga política de reunirse en territorio de alguna de las partes.

Alvaro Medina

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