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Trump y la guerra: la geografía es la clave

Desde el interior de Irán, el relato de un chileno expone las fisuras de la estrategia de Trump, el costo real de una guerra de desgaste y el impacto global de un conflicto que tensiona la energía, la diplomacia y el equilibrio del poder mundial.

Por Osvaldo Canales.- Ante la mirada internacional, el poder de la mayor potencia del mundo parece resquebrajarse tras cada decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Soy chileno, con un ADN muy distinto al que conforma el alma de esta región —Asia Occidental—, pero que, por diversas decisiones personales, terminó atrapado en ella. Llevo ocho años viviendo en Irán; me fui quedando, como quien posterga algo que tenía fecha de caducidad. Mi retorno a Chile era inminente desde hace un año, pero el impulso de prolongar la experiencia me dejó en medio de la guerra, sin pasaporte y trabajando sin descanso.

Desde aquí observo y leo análisis provenientes de mi tierra natal, muchos de ellos errados, elaborados por “eruditos del rating” en matinales o por connotados comunicadores que no han considerado siquiera pisar estas tierras milenarias. Así, oscilan entre el deber de informar y un relato muchas veces dibujado desde Washington D. C..

Trump juró liberar al pueblo iraní, pero lo está sumiendo en la desgracia. Aseguró que cambiaría lo que denomina un régimen dictatorial mediante decisiones unilaterales y sin la aprobación de su propio Congreso. Sostuvo que, para terminar con la autocracia, debía actuar de forma autocrática. Y, al no obtener el Premio Nobel de la Paz, parece haber optado por adjudicarse el protagonismo de la guerra, junto con el distanciamiento de sus propios aliados, que hoy lo observan con creciente recelo desde el Salón Oval o su residencia en Mar-a-Lago.

A más de un mes de lo que denominó una “rápida incursión”, hoy exige la reapertura del estrecho de Ormuz, que antes del conflicto permanecía abierto y sin cobro de tarifas. Actualmente, el tránsito se encuentra restringido y se han establecido peajes estratégicos.

A estas alturas, en más de una docena de ocasiones ha afirmado haber destruido la capacidad misilística de Teherán. Sin embargo, continúa enfrentando respuestas del país persa, como la operación “Promesa Verdadera”, que ha puesto en entredicho la eficacia de la defensa israelí, incluyendo su conocida “Cúpula de Hierro”, y ha alcanzado zonas sensibles como las inmediaciones del complejo nuclear de Dimona.

¿Midió Trump el alcance de sus decisiones? Todo indica que no. El poder de Irán no radica en la simetría de fuerzas en el campo de batalla, sino en su estrategia.

Irán es una fortaleza natural. Sus montañas operan como un escudo que la soberbia del magnate parece no haber considerado. Se habla de instalaciones militares interconectadas a cientos de metros de profundidad, bajo roca sólida, prácticamente inaccesibles para los sistemas de ataque de Estados Unidos.

El costo de la guerra también juega en contra de Washington. Interceptar misiles de bajo costo con sistemas antimisiles que pueden valer millones de dólares configura una clásica guerra de desgaste. Este escenario ha llevado al mandatario estadounidense a solicitar incrementos presupuestarios millonarios, en torno a los 200 mil millones de dólares, para sostener su ofensiva.

Ni sus aliados de la Unión Europea, ni de la OTAN, ni del G7 han respaldado plenamente esta estrategia. La distancia es evidente, y el desgaste político también.

El impacto ya es global: el alza de los combustibles tensiona a las economías, afecta al sector agrícola por el encarecimiento de los fertilizantes y genera incertidumbre en los mercados. Paradójicamente, este escenario ha beneficiado a China, principal competidor económico de Estados Unidos, y reabre el debate sobre el futuro del petrodólar, instaurado en 1973 bajo la administración de Richard Nixon, frente a alternativas como el “petroyuan”.

Hoy, con un alto el fuego frágil, Washington insiste en la apertura del estrecho de Ormuz, mientras Teherán exige que cualquier acuerdo de no agresión incluya escenarios como Líbano. En este contexto, se han iniciado conversaciones en Islamabad, capital de Pakistán, un actor clave en el mundo musulmán y el único país de esta esfera que posee armas nucleares, el cual, además, ha mostrado alineamientos con Irán durante el conflicto.

Vivo todo esto en primera persona. Y, por fortuna, llevo ya cuatro días sin escuchar bombas caer en las cercanías de mi hogar, algo que, tras 39 jornadas de ataques, había comenzado a normalizar.

Osvaldo Canales es periodista y presentador de la cadena HISPANTV en Teherán

Alvaro Medina

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