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Lectura: Un discurso que suena a viejo autoritarismo
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Opinión

Un discurso que suena a viejo autoritarismo

Última actualización: 5 de junio de 2026 11:43 am
8 minutos de lectura
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kast discurso
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Un análisis que conecta giros conservadores y retóricas de emergencia con tradiciones autoritarias y los síntomas del “fascismo eterno” de Umberto Eco, para entender por qué ciertos discursos contemporáneos reavivan miedos, polarizan la sociedad y erosionan libertades.

Por Hugo Cox.- El discurso presidencial, recién pasado, al leerlo con detenimiento muestra una serie de antecedentes que se pueden identificar con las culturas de ultraderecha autoritarias tanto en Europa, Estados Unidos, América Latina y en la España franquista. Lo interesante no está en la estructura del evento, sino en la hegemonía que se intenta construir, especialmente cuando en la intervención se adoptan giros conservadores y populistas (Proyecto de ley de Incivilidades). Si observamos las características discursivas comunes en las corrientes de la derecha dura, se pueden rastrear ciertos componentes:

La retórica de la “emergencia” y la “reconstrucción”: el franquismo se fundó sobre el mito de la “Cruzada” para salvar a una España en ruinas morales y materiales. Los discursos contemporáneos que enfatizan de manera obsesiva que el país está en un estado de “emergencia total” o de “degradación institucional absoluta” buscan justificar medidas de autoridad excepcionales o un replanteamiento drástico del orden previo.

La dicotomía “orden vs. caos” (seguridad y delincuencia): el régimen de Franco instrumentalizó el “orden público” y la persecución de la “incivilidad” o el “gamberrismo” como pilares de legitimidad. Leyes o propuestas contemporáneas con un fuerte componente punitivo o de control social extremo (como la creación de registros específicos para infractores o el endurecimiento carcelario radical) sintonizan con esa misma matriz, donde la seguridad supedita a las libertades individuales.

El nacionalismo defensivo y la soberanía: el franquismo era profundamente autárquico y xenófobo, obsesionado con el “complot masónico-izquierdista” internacional. Las narrativas actuales que focalizan la crisis en el “enemigo externo” (por ejemplo, discursos centrados en planes de expulsión masiva o control fronterizo estricto de inmigrantes ilegales bajo la premisa de “defender la patria”) activan resortes emocionales muy similares al miedo.

Por otra parte, el discurso económico enfatiza la propiedad privada como el núcleo del bienestar social en oposición al rol del Estado (orden social privatizado). Además, en el discurso surgen apelaciones religiosas, “invocando fórmulas religiosas formales”, resaltando con esto una supuesta legitimidad moral y una simplificación del lenguaje que reduce todo a buenos y malos, patriotas y destructores.

Corría el año 1995 y Umberto Eco presentó en la Universidad de Columbia el concepto de “Fascismo Eterno”.

Para Eco, el fascismo no desapareció con el fin de la Segunda Guerra Mundial ni con la caída de Mussolini. Él sostenía que el fascismo no era una ideología monolítica o un sistema filosófico coherente, sino una “nebulosa” de elementos dispersos, pero emocionalmente arraigados.

Por lo tanto, el fascismo contemporáneo no suele regresar con uniformes militares ni marchas explícitas, sino que se camufla bajo apariencias inocentes y cotidianas en nuestro día a día, utilizando trajes de civil, las redes sociales, internet o los medios de comunicación.

Eco advirtió que basta con que uno solo de sus rasgos característicos esté presente para que el fascismo comience a coagular a su alrededor. Para ayudarnos a identificarlo en el mundo actual, aisló catorce síntomas fundamentales del Fascismo Eterno.

  1. El culto a la tradición (tradicionalismo): la idea de que la verdad ya fue revelada en el pasado y solo cabe interpretarla de forma rígida, mezclando fuentes contradictorias (sincretismo).
  2. El rechazo del modernismo: considerar que el pensamiento racional y el desarrollo de la cultura occidental desde la Ilustración son el inicio de la depravación moderna.
  3. El culto a la acción por la acción: la premisa de que actuar es bello en sí mismo y debe hacerse sin reflexión intelectual previa; pensar críticamente se ve como una debilidad.
  4. El desacuerdo es traición: el pensamiento crítico realiza distinciones, y distinguir es señal de modernidad; para el Fascismo Eterno, el desacuerdo es una amenaza.
  5. Miedo a la diferencia: el movimiento se nutre de exacerbar el miedo natural a lo diferente, dirigiéndose contra los intrusos o extranjeros (racismo y xenofobia).
  6. Apelación a una clase media frustrada: el fascismo contemporáneo busca el consenso en sectores sociales que sufren crisis económicas o se sienten desplazados.
  7. Obsesión por el complot: a quienes carecen de identidad clara se les ofrece el nacionalismo exacerbado; para unir a la masa, se fomenta la idea de que la nación está asediada por enemigos internos o internacionales mediante teorías conspirativas.
  8. El enemigo es simultáneamente fuerte y débil: por un lado, se resalta la riqueza y fuerza del enemigo para generar indignación y agravio; por otro, se le tacha de decadente y débil para convencer a los seguidores de que pueden derrotarlo.
  9. El pacifismo es traficar con el enemigo: para el Fascismo Eterno, la vida no es una lucha por la vida, sino una “vida para la lucha”, convirtiendo la existencia en una guerra permanente.
  10. El elitismo de masas: un desprecio por los débiles combinado con un elitismo popular donde cada ciudadano, por el simple hecho de pertenecer a ese país, se siente superior a los de fuera.
  11. El heroísmo como norma: se educa a todos para convertirse en héroes, lo que va estrechamente ligado a un culto a la muerte y al sacrificio.
  12. Machismo: trasladar la voluntad de poder al ámbito sexual, lo que implica tanto el desdén hacia las mujeres como la intolerancia y condena hacia costumbres sexuales no conformistas.
  13. Populismo cualitativo / selectivo: el “pueblo” se concibe como una entidad monolítica con una voluntad común imaginaria, y el líder se erige como su único intérprete legítimo, anulando los derechos individuales. Eco predijo que en el futuro esto adoptaría la forma de un populismo de televisión o internet.
  14. Uso de la neolengua: emplear un léxico muy pobre y una sintaxis elemental con el objetivo de limitar las herramientas que el ciudadano tiene para desarrollar un razonamiento complejo y crítico.

La conclusión de Eco es un llamado a la vigilancia democrática constante: el fascismo de hoy no se anunciará a sí mismo con las etiquetas del pasado, sino que se infiltra sutilmente a través del lenguaje simplificado, los discursos de intolerancia camuflados y la manipulación emocional de las masas.

En síntesis, si analizamos la descripción que hace Umberto Eco del fascismo actual, vemos grandes coincidencias con el Chile del presente. “Mientras los polos se derriten en Chile, la población se polariza” (El País).

ETIQUETADO:autoritariofascismoKast
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