El giro geopolítico impulsado por Trump en Venezuela, y un Chile que enfrenta su propia crisis revelan que los problemas del siglo XXI se parecen demasiado a los del siglo XX.
Por Hugo Cox.- Hace unos días, en El Mostrador, una columna de Iván Weissman presentó la siguiente descripción de lo ocurrido en Caracas, que transcribo a continuación:
“La expulsión de Maduro de Caracas se entiende mejor como una invitación a hacer retroceder el reloj político poco más de un siglo (…). Se puede insistir en que el mundo de hoy es irreconociblemente distinto al de, digamos, 1906, porque la tecnología lo ha cambiado todo. A mis ojos, lo más llamativo es cuán poca diferencia ha hecho toda esa nueva tecnología en la naturaleza de la política”.
“La política exterior es solo un ámbito en el que estamos intentando hacer retroceder el tiempo. Aranceles, el precio de los alimentos, restricciones migratorias, antisemitismo, socialismo, corrupción, vacunas, carreras armamentistas: los problemas de nuestra época son los mismos que debatían nuestros bisabuelos hace 120 años”.
“Y hace hincapié en la ironía (o paradoja) de que en la era de la inteligencia artificial estamos frente a desigualdades similares a las de la Revolución Industrial, donde las desigualdades creadas por la nueva tecnología se manifestaban en una cultura de élite neovictoriana”.
Hay que recordar que Donald Trump no está hablando de una transición democrática liderada por los venezolanos, sino de control directo y de una administración tutelada por Estados Unidos.
El problema ya no es solo Maduro. Trump desplazó el foco desde la idea de “capturar a un criminal” hacia algo mucho más profundo: “ordenar” un país. Ese giro tiene consecuencias para Chile y para el resto de América.
Al mismo tiempo, esta reconfiguración responde a la disputa por zonas de influencia:
- América, bajo influencia de Estados Unidos.
- Asia, bajo influencia de China.
- Eurasia, bajo influencia de Rusia.
En otros términos, se expresa en los conceptos del BRICS, que plantean un multilateralismo como forma de convivencia global.
Lo que observamos es una crisis global: Irán, Israel, Siria, Libia, Rusia, Estados Unidos, Europa, China y América Latina enfrentan tensiones simultáneas. Y esta crisis también está en Chile, que es parte de este mundo interconectado.
- La crisis chilena bajo la lente de Gramsci
Una explicación posible surge desde Antonio Gramsci y otros autores que ayudan a comprender el fenómeno.
Crisis orgánica
Para Gramsci, no se trata solo de una crisis económica, sino de una crisis orgánica, cuando se rompe el vínculo entre la estructura (economía) y la superestructura (ideología, leyes, legitimidad).
Crisis de hegemonía
Chile vivió décadas bajo una hegemonía neoliberal donde el consenso se naturalizó. Hoy, la clase dirigente pierde ese consenso y solo le queda la coerción.
Empate catastrófico
Es el momento en que “lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer”. Aparecen los fenómenos morbosos: polarización, populismos, desorientación social. La Constitución de 1980 está herida, pero no existe un nuevo proyecto de país.
Crisis de representación
Los partidos dejaron de ser “intelectuales orgánicos”. La sociedad se siente huérfana de conducción.
- Autores complementarios para entender “el resto”
- Pierre Bourdieu – Capital cultural y distinción
Bourdieu explica el malestar de la clase media profesional: Chile educó a millones, pero no les dio acceso al capital social. La crisis también es contra la segregación y la élite cerrada.
- Zygmunt Bauman – Modernidad líquida
Bauman ayuda a entender la fragmentación: movimientos sin líderes, sin estructuras, nacidos en redes sociales.
- Byung-Chul Han – Sociedad del cansancio
Han describe el agotamiento del sujeto neoliberal. El 18-O también fue un colapso por burnout social.
- Alberto Mayol y Carlos Peña – Perspectiva local
- Mayol: derrumbe del modelo por falta de cohesión.
- Peña: la crisis es hija del éxito; nuevas generaciones exigen reconocimiento y autonomía.
Resumen de perspectivas
| Autor | Concepto clave | Aplicación a Chile |
| Gramsci | Crisis orgánica | Lo viejo no muere, lo nuevo no nace. |
| Bourdieu | Capital social | Malestar por la meritocracia falsa y el elitismo. |
| Bauman | Modernidad líquida | Protesta sin líderes ni estructuras. |
| Han | Autoexplotación | Agotamiento psicológico del modelo. |
| Mayol | Derrumbe por agotamiento | Falta de cohesión social. |
| Peña | Hija del éxito | Nuevas generaciones buscan autonomía y reconocimiento. |
¿Cómo salir de la crisis?
El diagnóstico es claro; el desacuerdo está en la salida. Cualquier proyecto debe abordar variables arrastradas por décadas:
- Vivienda
- Salud
- Educación
- Delincuencia y migración
- Impacto de la revolución tecnológica
- Envejecimiento poblacional
- Transformación del trabajo y del ocio
El siglo XX quedó atrás: sus recetas ya no sirven. Hoy se necesita un nuevo consenso sobre los instrumentos para salir de la crisis, dar gobernabilidad y gobernanza. Ese consenso puede surgir desde el centro político, que no ha muerto: simplemente carece de un proyecto que lo articule.
El tiempo histórico es complejo; las variables también. Pero la salida requiere reconocer esa complejidad y construir desde ella.

