
Por Nidy Marchant.- Con 2.7 mil millones de usuarios diarios en WhatsApp, la introspección se ha convertido en un bien de lujo. Los estados de WhatsApp—diseñados para maximizar vistas y likes—entrenan a toda una generación a priorizar métricas sobre significado.
Según Lev Vygotsky (y su biografía en Britannica), la voz interior —ese diálogo privado que nos ayuda a pensar y crecer— es clave para el desarrollo cognitivo. Pero hoy se ha reducido a un guionista de realities personales. Publicar un estado ya no es espontáneo: es una obra de teatro con filtros, canciones y horarios estratégicos.
Las vistas son la ilusión de ser importante; el cerebro las interpreta como interés genuino. Sin embargo, muchas veces son solo un desliz de pulgar sin atención real. Los likes ofrecen una validación exprés donde la alegría desaparece tan rápido como llega. Y los comentarios funcionan como arma de doble filo: un “¡Eres increíble!” infla el ego; un “¿Y eso es todo?” puede destripar la autoestima.
No podemos desconocer que estas publicaciones tienen aspectos positivos, pero un rediseño digital de los estados podría fomentar la integralidad personal. Imagínate un estado en modo “Voz Interna” que permita la grabación de notas de voz y ofrezca ejercicios personalizados. O un botón “Reflexiona” junto al “Visto” que derive a contenido de autoayuda curado.
Más aún, podríamos instaurar una educación emocional digital basada en estados, donde analicemos lo que queremos expresar frente a lo que realmente comunicamos. Si usamos la tecnología para escucharnos —no solo para ser vistos—, reconectaremos con esa voz interior que no necesita aplausos para saber que es válida.
Nidy Marchant es académica de la Facultad de Educación de la U.Central
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