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El cine chileno después del coronavirus

Por Edgardo Viereck Salinas.- Desde hace no muchos días circula la noticia de que Ondamedia.cl, un portal digital nacional creado y administrado por el Estado, liberó gran cantidad de películas chilenas con interesantes resultados de recepción de público. Sus responsables han declarado más de cuarenta mil visitas, es decir visualizaciones, antes de la primera semana; y, si uno ingresa a la página, se encuentra con muy buenos comentarios de parte de los usuarios.

Este inesperado fenómeno se ha difundido a través de redes sociales, generando una explicable alegría en el ambiente audiovisual local y despertando, también, la curiosidad de muchos que quizás por vez primera tienen la inquietud de escudriñar el ciberespacio para ver “qué onda con Ondamedia” y estas películas que mi amigo, mi amiga, el amigo de mi señora, mi hijo o quién sea me comentan y me invitan a revisar.

En resumen, surgió la “novedad del año” y, claro, novedosa es, aunque no necesariamente nueva. No hay que olvidar que el Cine Chileno vivió días de gloria en su diálogo con el público nacional y de golpe pasó de ser tema casi obligado del fin de semana a convertirse en una especie de lepra de la cual había que alejarse lo más posible. Si hace casi dos décadas la pregunta era “¿viste la última película chilena?”, hoy la reacción de muchos es asegurar que el cine chileno es pésimo sin siquiera haber visto una de sus películas.

Un prejuicio alimentado por muchos medios de prensa nacionales que, salvo honrosas excepciones, destinan no pocos esfuerzos a cuestionar el panorama cinematográfico local. Año a año, estreno a estreno, tal como si se tratara de una estrategia diseñada para causar daño, muchos comentarios se publican con el evidente propósito de invisibilizar al Cine Chileno y a sus cineastas.

Hace un buen rato (más de una década) que se le vino la noche al cine nacional y este fantasma no ha sido ahuyentado ni siquiera con los dos premios Oscar obtenidos en los últimos años. Parece que nadie quiere nada con las películas locales y, de pronto, nos llega este nuevo amanecer en medio de una pandemia que sin duda ofrece un contexto que es bien aprovechado -lo digo en el mejor sentido de la palabra- y luego viene esta reacción de la gente que lo deja a uno tan feliz como descolocado.

Pero la pandemia no lo explica todo pues hay que hacerse preguntas, no sólo por las causas que explican esta repentina “nueva onda” de ver películas nacionales en internet, sino por las que podrían ayudar a entender por qué ahora son consideradas, y todo indica que bastante bien aceptadas, y antes no.

De todo se le ha dicho al Cine Chileno en estos años. Las películas nacionales han sido sistemáticamente maltratadas y esto se ha visto reflejado, incluso, en un trato bien discutible de parte de los circuitos de salas que conforman el “mainstream” criollo, es decir los complejos de multisalas propiedad de las grandes cadenas de transnacionales que configuran el 95% del circuito de cines a lo largo del país. Todos quienes están involucrados con la producción y sobre todo con la distribución de las películas locales han conocido situaciones en que, de una u otra forma, la tarea de conseguir pantallas, instalar la publicidad, negociar porcentajes de taquilla y otros menesteres propios del negocio se ha vuelto titánica. Hasta malos tratos de parte del personal administrativo, incluyendo los dependientes del aseo, han tenido que tolerar algunos distribuidores de cine chileno. Incluso en las boleterías, donde muchos han reportado la manera en que los vendedores desaconsejan ver el último estreno nacional.

El asunto ha sido material de conversaciones a todo nivel, se han firmado “convenios” para organizar la presencia del cine chileno en los cines locales bajo la fórmula de porcentajes, tablas de progresión en las cifras de asistencia semana a semana, cantidad de salas para el estreno de cada película y otros parámetros. Pero nada. El cine local no ha levantado cabeza hasta ahora cuando  parece que el público local recién descubre que aquello que le dijeron que era malo no lo era tanto.

Entonces uno se pregunta ¿qué cambió? ¿Qué hay de nuevo en el panorama general de la distribución o la exhibición de películas que no había antes? Es importante hacer una precisión más: no se trata de entender por qué la plataforma que provocó esta noticia tuvo tantas visitas luego de anunciar la liberación gratuita de su catálogo, pues eso es bastante obvio en el momento presente. Se trata, en realidad, de analizar lo que ha venido inmediatamente después y que sigue ocurriendo luego de más de dos semanas de registrado el primer estallido del “fenómeno”. Se trata de entender por qué la gente empezó a recomendar la plataforma, por qué se decidió a escribir sendos comentarios de felicitación a distintas películas, por qué muchos se tomaron el tiempo (que si bien hoy día sobra no por eso uno lo dedica a cualquier cosa) para escribir comentarios tan positivos, a modo de verdaderas minicolumnas de crítica cinematográfica donde, además, se plantean preguntas como ¿por qué no se vio esta película en los cines? O ¿por qué duró tan poco en cartelera? O incluso más, ¿será que estuvo en los cines y a mí se me pasó?

Si hacemos un comparativo muy general entre el actual escenario y el de antes, no solo anterior al brote de la pandemia sino también al estallido social, no se advierten grandes diferencias en el perfil de público ni en el carácter gratuito de la plataforma en cuestión. Por el contrario, esta plataforma existe hace un buen rato y nunca consiguió resultados como los de ahora, en que lo único realmente diferente es que no tenemos salas de cine abiertas. Ningún tipo de salas. Ni comerciales, ni de cine arte, ni centros culturales o comunitarios. Nada. ¿Será eso lo que explica que de pronto el público nacional se encuentra con su propio cine, pero fuera de las salas de cine?

Seguramente muchos me dirán que el público de hoy es otro pues “todos hemos cambiado” y puede ser, pero ese cambio se da en un contexto y en ese nuevo contexto lo único verdaderamente distinto es la falta de cines donde ir a ver cine. Por lo demás, muchas películas chilenas están hace tiempo liberadas en otras plataformas digitales de acceso universal sin registrar ni las cifras de acceso ni los comentarios y valoraciones que se verifican hoy en esta nueva “onda”, en este cambio de actitud y de mirada que pareciera haberse producido en el público chileno. En hora buena y que ojalá esto siga así. Pero cuando recuperemos algo de la normalidad extraviada (esperemos que así sea) habrá que hacerse preguntas y volver a tirar líneas porque cuando vuelvan a abrir sus puertas las salas de cine, todas tendrán que hacerse cargo de este nuevo actor llamado Cine Chileno, que vuelve desde tras bambalinas, por no decir del olvido y el ninguneo para ejercer su legítimo derecho de, al menos, poder poner sus afiches y piezas promocionales en los cines sin que se los saquen y los tiren a la basura, los escondan en la bodega o, como a más de alguno le ha pasado, que los utilicen para afirmar las piezas publicitarias de una superproducción extranjera.

Que así sea y entonces se confirmará aquello de que no hay mal que por bien no venga. Entretanto recomiendo seguir ingresando a Ondamedia.cl a revisar un catálogo repleto de interesantes películas que ahora, con más tiempo que nunca, sí se pueden ver.

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