La «miopía política» en Chile se ve en la tendencia de algunos actores políticos a enfocarse en soluciones a corto plazo y beneficios inmediatos, afirma el académico Hugo Cox.
Por Hugo Cox.- Existen momentos para el dolor, para la alegría, para el enojo, para reflexionar, para jugar y un largo etc. La vida está construida de momentos que van encaminando el rumbo.
La historia de las sociedades es el reflejo de ese caminar. También hay momentos para la guerra, para la paz, para reflexionar, para construir caminos de progreso, y otro largo etc. Pero tanto en lo personal como en las sociedades se necesita del otro para avanzar, se necesita para superar los momentos del concurso de otros.
Jürgen Habermas, por ejemplo, a raíz de la situación europea, sostiene la idea de “la incompresible miopía de la política de Europa”. Es una idea que se puede rescatar a raíz de la conmoción de del viejo continente al ser abandonado por Trump.
Ver también:
Las emociones y el nihilismo en el discurso Woke
Marx y la farsa de una historia que quiere repetirse
Frente a un fenómeno como ese, Europa justifica el fortalecimiento de la fuerza militar como una necesidad para avanzar en la integración continental y superar el momento complejo, pero en el camino se pone en riesgo la democracia.
Llevando esta miopía a la política chilena, también estamos frente aun fenómeno complejo. No se ve, en el horizonte cercano, alguna capacidad para mejorar la democracia. La reforma al sistema electoral para evitar la proliferación de partidos políticos o candidatos a Presidente es un ejemplo. La democracia siempre requiere de acuerdos.
El progreso de un país no puede depender de la destrucción, pero sí puede sostenerse de los acuerdos sobre un proyecto nacional al que concurran todas las fuerzas políticas cuyo valor sea la democracia.
La «miopía política» en Chile se ve en la tendencia de algunos actores políticos a enfocarse en soluciones a corto plazo y beneficios inmediatos, descuidando las consecuencias a largo plazo y las necesidades estructurales del país. Esta visión limitada puede manifestarse de diversas formas:
- Enfoque en el corto plazo: Priorizar medidas populistas o electoralistas por encima de políticas sostenibles y de largo aliento.
- Falta de visión estratégica: No anticipar los desafíos futuros ni planificar para ellos, lo que puede llevar a crisis y problemas difíciles de resolver.
- Polarización y fragmentación: La búsqueda de ventajas partidistas a corto plazo puede exacerbar las divisiones políticas y dificultar la construcción de consensos.
- Descuido de problemas estructurales: Ignorar o minimizar problemas como la desigualdad, la delincuencia, el cambio climático o la falta de diversificación económica, que requieren soluciones a largo plazo.
Las consecuencias de la miopía política en términos generales son:
- Inestabilidad económica y social.
- Deterioro de la calidad de las instituciones.
- Pérdida de confianza en la política.
- Dificultad para abordar los desafíos del futuro.
Superar la miopía política requiere caminos múltiples, ninguno de ellos fáciles.
- Promover una visión de largo plazo: Fomentar la planificación estratégica y la elaboración de políticas públicas que consideren las consecuencias a futuro.
- Fortalecer las instituciones: Garantizar la independencia y transparencia de las instituciones, y promover la rendición de cuentas.
- Fomentar el diálogo y la colaboración: Buscar consensos y acuerdos entre los diferentes actores políticos y sociales.
- Promover la educación cívica: Informar y concientizar a la ciudadanía sobre los desafíos del país y la importancia de la participación política.
- Impulsar un debate público informado: Que se promueva la información veraz, y el debate en base a datos y argumentos.
En resumen, superar la miopía política requiere un cambio cultural y político que priorice el bienestar a largo plazo del país por encima de los intereses particulares y las ganancias a corto plazo.