La película de Fellini, Amarcord, revela cómo nostalgia, crítica social y tensiones políticas dialogan con la realidad chilena actual. Un artículo de Hugo Cox.
Por Hugo Cox.- El cine logra cruzar la frontera de su tiempo porque no es solo lo que muestra, sino lo que hace sentir y pensar al espectador, y cómo ese sentimiento y pensamiento se propaga e influye en la sociedad y la cultura mucho después de que se apagan las luces de la sala.
El cine italiano de la mitad del siglo XX tiene la característica de no perder vigencia: al mirarlo con los ojos del siglo XXI, siempre nos sitúa en escenarios que, en alguna medida, siguen presentes. Directores como Vittorio De Sica, Michelangelo Antonioni, Federico Fellini y muchos otros deben ser vistos con la mirada de hoy y en una escenografía muy similar. Como suele decirse: la historia no se repite, pero a veces rima.
Normalmente, cuando hay crisis en la sociedad —económicas, políticas, sociales y culturales— se pone en cuestión el pacto social y político que se traduce en una democracia liberal. Esto ocurre hoy en el mundo occidental y, por supuesto, en Chile. No debe olvidarse que, por otra parte, el gobierno de Donald Trump cuestiona el Consenso de Washington, que ha dado forma al comercio mundial y al proceso de globalización.
Fellini, en la película Amarcord (1973), retrata la vida en un pueblo italiano durante el auge del fascismo en los años 30. Esta obra puede relacionarse con el Chile actual a través de la nostalgia, la crítica social y política, y la coexistencia de la fantasía individual con realidades políticas opresivas.
Puntos de conexión
- Nostalgia y memoria selectiva: Amarcord (“Me acuerdo”) es un ejercicio de memoria que utiliza elementos autobiográficos. Muestra un pasado idealizado, pero también los aspectos oscuros subyacentes. En el Chile actual existe una constante pugna por la memoria histórica, especialmente en torno a la dictadura y la transición a la democracia. La forma en que la sociedad chilena recuerda y relata su propio pasado, mezclando nostalgia con el reconocimiento de injusticias, encuentra un eco en la aproximación felliniana.
- Crítica social a través de lo cotidiano: Fellini utiliza personajes excéntricos y situaciones cotidianas para ofrecer una crítica sutil pero mordaz del ambiente social y político de su tiempo. La complacencia, la ignorancia selectiva y la trivialización de la política son temas presentes. En el Chile de hoy, fenómenos como la alta desigualdad y las brechas en el acceso a servicios básicos forman parte del paisaje cotidiano, que a menudo se normaliza, similar a cómo el fascismo se entreteje en la vida diaria en la película.
- La irrupción de la política en la vida privada: En Amarcord, el fascismo es una presencia constante, aunque muchas veces de fondo: desfiles, discursos y actos de intimidación. Esto muestra cómo las ideologías políticas permean y perturban la vida personal y comunitaria. Chile ha vivido recientemente —especialmente desde el estallido social de 2019— un período de intensa politización, donde las divisiones ideológicas impactan las relaciones personales y la convivencia social, un paralelo a la omnipresencia silenciosa del fascismo en la película.
- Personajes arquetípicos y sociedad coral: La película presenta un mosaico de personajes que representan distintas facetas de la sociedad de Rímini. Esta visión coral refleja la diversidad de voces y posturas en el Chile contemporáneo, donde coexisten realidades socioeconómicas y culturales con escasa movilidad social.
Conclusión
Amarcord ofrece una lente atemporal para analizar cómo las complejidades sociales, las tensiones políticas y los recuerdos individuales se entrelazan en la vida de una comunidad. Ese proceso resuena fuertemente con la realidad chilena actual, mostrando cómo el cine puede trascender su tiempo y dialogar con crisis y memorias de distintas épocas.

