La Masonería enfrenta una disonancia sistémica: proclama valores humanistas y fraternales, pero su desconexión con la sociedad digital y el predominio del materialismo revelan una crisis de coherencia que exige reflexión crítica, métricas de impacto y adaptación real para recuperar legitimidad, afirma Carlos Cantero.
Por Carlos Cantero.- Mateo 7:16-20 (RVR 1960): “Así que, por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero, el árbol malo da malos frutos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, se corta y se echa al fuego. Así que por sus frutos los conoceréis”.
En el corazón de las grandes tradiciones filosóficas y espirituales pervive una máxima milenaria: “Como es arriba es abajo; como es adentro es afuera”. Este Principio de Correspondencia no es solo una frase mística, sino una ley de simetría existencial. Afirma la conexión entre todos los planos de la existencia espiritual, mental y físico: lo que ocurre en un nivel se refleja en los otros. Nuestro mundo interior —pensamientos y emociones— se refleja externamente en la realidad y las relaciones.
Al observar el panorama actual (instituciones como las Iglesias de distintas denominaciones y también la Masonería), surge una pregunta incómoda: si el interior institucional autoproclama nobleza y vocación universal, ¿por qué el exterior —la sociedad que emerge— muestra una disonancia sistémica?
Las instituciones espirituales se presentan ante el mundo como escuelas de perfeccionamiento. La Masonería, de gran influencia en el pasado, se asume como filosófica, ética e iniciática, para construir templos a la virtud, sabiduría y fraternidad. Sin embargo, en la sociedad se impone un materialismo desbordado, el nihilismo (falta de sentido y debilitamiento valórico), el hedonismo (búsqueda del placer inmediato sin consideración de las consecuencias) y un individualismo que devora el tejido comunitario.
Frente a esta realidad se observa lenidad, falta de realismo y ausencia de pensamiento crítico, muchas veces por prudencia o lealtades mal entendidas. Sin una clara conciencia de la realidad, se replican autopoieticamente las mismas conductas y procesos disfuncionales. Con más de lo mismo, es evidente que el resultado no será distinto.
Cuando una institución y sus miembros proclaman su compromiso con el fortalecimiento de los valores humanistas, con alcance universal, pero estos se ven debilitados en una sociedad cada vez más banal, algo no anda bien. Esta desconexión no es solo un error de cálculo; es una disonancia cognitiva, ética y sistémica con la realidad, al sostener un ideal elevado mientras se vive en una práctica cada vez más estéril.
La Aporía Masónica
Enfrentamos una aporía —término que refiere a un enunciado que presenta una dificultad lógica o una imposibilidad racional que parece irresoluble—. Esto se da en los discursos masónicos que hablan de fraternidad, ética, educación de calidad y compromiso social, mientras la realidad observable en la sociedad es completamente contradictoria.
Se configura la aporía cuando la Masonería y su compromiso con los valores humanistas no logran mitigar el impacto de las tendencias sociopolíticas y los dogmas económicos de alcance global.
Para comprender mejor, podemos relacionar el pensamiento de filósofos y sociólogos contemporáneos:
- Jürgen Habermas y su teoría crítica de la acción comunicativa: la aporía surge por distorsión de la comunicación institucional.
- Niklas Luhmann y su teoría de sistemas: la autorreferencia impide coherencia con las demandas sociales.
- Pierpaolo Donati: desde la sociología relacional, la crisis está en el debilitamiento de la solidaridad.
- Humberto Maturana: desde la biología del conocer y la autopoiesis, la deriva interna desconecta a la Masonería del entorno.
- Manuel Castells: la aporía es la desconexión estructural con la sociedad de redes y la era digital.
El Choque con la Sociedad Digital
La emergencia de la Sociedad Digital constituye una revolución de tiempo y espacio, transformando la relacionalidad humana y la viralización de ideas y emociones. Herramientas digitales globales caracterizan la cultura OMNI: omnisciente, omnipresente, omnipotente, con instantaneidad, multidireccionalidad, multilenguajes, multimedios, multimodalidad, transparencia, horizontalidad y comunicación directa.
La Masonería, en su deriva, no está plenamente integrada a estas redes y paradigmas emergentes. La consecuencia es la pérdida de influencia, pertinencia, relevancia y legitimidad.
¿Quo Vadis Masonería?
Para enfrentar esta crisis de coherencia, se proponen cinco ejes:
- Integridad personal e institucional: coherencia entre el Masón y la Masonería.
- Responsabilidad social: compromiso más allá de la caridad privada.
- Transparencia: romper el velo de lo opaco.
- Respeto por la diversidad: fraternidad real que fortalezca el egregor.
- Mejora continua: aprendizaje que trascienda el ritual y se traduzca en impacto social.
Hacia Métricas de Coherencia
Como enseñó Peter Drucker: “Lo que no se puede medir no se puede mejorar”. Se requieren métricas de coherencia que evalúen el impacto real y la percepción social.
Si no reaccionamos con pertinencia y oportunidad, la Masonería caerá en lo que Hannah Arendt llamaría la “Banalidad del Bien”: hablar de valores de forma abstracta hasta perder su poder transformador.
Reflexión Final
La “disonancia sistémica”, la brecha entre valores humanistas y materialismo, solo se cura con una praxis renovada. Más allá del perfeccionamiento individual, se debe valorar el trabajo colectivo y el compromiso comunitario. Que se haga carne ese mandato del libro sagrado: “Así que por sus frutos los conoceréis”.
Carlos Cantero es Geógrafo, Máster y Doctor en Sociología.

