Especialistas explican por qué durante los meses fríos muchas personas notan una mayor pérdida de pelo y cómo diferenciar un proceso normal de una condición que requiere tratamiento.
Por ElPensador.io.- En el invierno, muchas personas comienzan a notar una mayor cantidad de pelo en la ducha, el cepillo o la almohada. Aunque suele generar preocupación, los especialistas explican que existe una explicación científica detrás de este fenómeno: la llamada caída estacional del cabello.
Diversas investigaciones han demostrado que el cabello experimenta variaciones a lo largo del año. Un estudio publicado en el British Journal of Dermatology observó que el desprendimiento capilar presenta patrones estacionales y que existe un aumento significativo de folículos que entran en fase de caída durante determinados períodos del año, fenómeno que posteriormente se traduce en una pérdida más evidente.
Según explica la especialista, el invierno reúne varios factores que afectan la salud del pelo.
“El invierno es una época dura tanto para nuestro pelo como para la piel. Los constantes cambios de temperatura —desde el frío exterior a los ambientes calefaccionados y secos— no pasan desapercibidos para la fibra capilar, que tiende a deshidratarse”, señala la especialista.
La caída estacional existe y está documentada científicamente
Aunque muchas personas creen que se trata solo de una percepción, la evidencia científica confirma que el cabello puede experimentar ciclos estacionales. Estudios dermatológicos han identificado fluctuaciones periódicas en la proporción de folículos que entran en fase de reposo, lo que provoca una caída más notoria meses después.
“Con la llegada del invierno se produce una muda capilar completamente normal, pero que suele preocupar a quienes la experimentan por primera vez”, explica la Dra. Jesús Díaz.
Frío, calefacción y ambientes secos: enemigos silenciosos del cabello
La especialista de Clínica Témpora explica que los cambios ambientales propios del invierno también influyen en la apariencia y resistencia del cabello.
“El uso frecuente de calefacción, secadores de pelo o ambientes poco ventilados tiende a resecar el cuero cabelludo. El cabello pierde su untuosidad natural, se vuelve más opaco, menos vigoroso y, en muchos casos, más quebradizo”, indica.
Por ello, el cuidado capilar durante esta época no debería enfocarse únicamente en productos cosméticos, sino también en hábitos cotidianos que permitan conservar la hidratación y proteger la fibra capilar.
Cuándo preocuparse: la caída persistente podría ser señal de una alopecia
Aunque la caída estacional suele ser temporal y reversible, los especialistas advierten que en algunos casos puede transformarse en la primera señal de una condición médica que requiere tratamiento.
La alopecia androgenética, conocida comúnmente como calvicie común, es la principal causa de pérdida permanente de pelo a nivel mundial y afecta a millones de hombres y mujeres.
“La caída estacional puede hacer más evidente una alopecia que ya estaba presente. Por eso es importante consultar cuando la pérdida de cabello es persistente, existe una disminución visible de la densidad capilar o aparecen zonas despobladas”, explica la Dra. Díaz.
La especialista agrega que cada caso debe ser evaluado individualmente, ya que detrás de una caída excesiva pueden existir causas hormonales, nutricionales, genéticas o dermatológicas que requieren un abordaje específico.
Recomendaciones para proteger el pelo durante el invierno
Entre las principales medidas preventivas, la profesional recomienda:
- Mantener una adecuada hidratación y nutrición capilar.
- Incorporar mascarillas o productos nutritivos para combatir la resequedad.
- Utilizar gorros o pañuelos para proteger el cabello del frío, el viento y la humedad.
- Moderar el uso de secadores, planchas y otras fuentes de calor.
- Aplicar protectores térmicos cuando se utilicen herramientas de peinado.
- Consultar a un especialista ante una caída persistente o excesiva.
“Más que un tema superficial, el cuidado del cabello es una forma de autocuidado y también un reflejo de nuestra salud general”, concluye la Dra. Jesús Díaz.

