Mientras la hegemonía del Centro mundial se debilita, América Latina emerge como territorio codiciado por sus recursos críticos. La región enfrenta la disyuntiva histórica de repetir su rol periférico o articular un bloque capaz de disputar autonomía financiera, tecnológica y geopolítica
Por Hugo Cox.- La guerra en Oriente Medio sigue su curso, con un resultado final aún incierto. Lo que sí puede vislumbrarse es que la hegemonía del Centro (EE. UU.) aparece cada vez más debilitada, sin una estrategia de salida definida en este conflicto ni en otros frentes abiertos, como la guerra Rusia–Ucrania, donde tampoco se observa una resolución próxima.
En estas condiciones, el conflicto beneficia a Rusia, que durante un periodo acotado puede vender su petróleo y gas a mejores precios, aumentando sus ingresos y obteniendo así una ventana de financiamiento estratégico.
La situación coloca a América Latina en el ojo tanto del Centro como de las potencias semi-periféricas, que ven en este continente un espacio clave para acceder a minerales estratégicos.
La pregunta es inevitable: ¿cómo enfrentar este desafío? ¿Se conformará un bloque específico retomando experiencias históricas de integración, como el Pacto Andino o la ALALC?
Para determinar quién tendría el “mando” en este bloque hipotético, debemos recurrir a los criterios de Immanuel Wallerstein: capacidad industrial, autonomía financiera y peso geopolítico.
No se trata solo de quién tiene más dinero, sino de quién puede resistir las presiones del Centro (EE. UU.) y negociar con la semi-periferia ascendente (China).
El análisis conduce a tres candidatos principales al liderazgo:
Brasil: el “Gigante de la Semi‑periferia”
Para Wallerstein, Brasil es el candidato natural por su escala y su rol histórico en los BRICS.
Puntos fuertes:
- Posee la base industrial más diversificada de la región (desde aviones Embraer hasta acero).
- Su diplomacia (Itamaraty) es reconocida mundialmente.
- Su control sobre la Amazonía le otorga un poder de veto ecológico global: el mundo no puede cumplir metas climáticas sin Brasil.
Debilidad:
- Su inestabilidad política interna lo obliga con frecuencia a mirar hacia adentro, debilitando su liderazgo regional.
Rol en el bloque: Líder político y energético, encargado de negociar con China y Rusia en condiciones de mayor simetría.
México: el “Puente entre dos mundos”
México ocupa una posición única —y contradictoria— dentro de la teoría de los sistemas‑mundo.
Puntos fuertes:
- Es la mayor potencia exportadora de manufacturas de alta tecnología en América Latina.
- Su cercanía física al Centro (EE. UU.) lo vuelve indispensable para las cadenas globales de suministro.
Debilidad:
- Su dependencia extrema de la economía estadounidense.
Según Wallerstein, México corre el riesgo de convertirse en una “periferia integrada”, más que en un líder autónomo.
Rol en el bloque: Nodo tecnológico e industrial, puerta de entrada para captar tecnología del Norte y redistribuirla al Sur.
Chile y el “Eje Andino”: los guardianes de la base material
Aunque son economías más pequeñas, su peso en la ecología política es desproporcionado.
Puntos fuertes:
- Chile es el mayor productor mundial de cobre y uno de los líderes en litio e hidrógeno verde.
- Su estabilidad institucional le permite actuar como árbitro financiero del bloque.
Debilidad:
- Su economía sigue siendo excesivamente extractivista, dependiente de la exportación de recursos primarios.
Rol en el bloque: Pulmón financiero y de recursos. Chile y los países andinos (Perú/Bolivia) serían el “brazo de presión” del cartel de minerales críticos.
El Eje Brasil–México como condición de éxito
Wallerstein argumentaría que ningún país latinoamericano puede convertirse en “Centro” por sí solo.
El éxito del bloque depende de un Eje Brasil–México:
- Brasil aporta soberanía política y mercado interno.
- México aporta manufactura avanzada.
- El Cono Sur (Chile/Argentina/Bolivia) aporta la base material que sostiene la economía verde global.
Si este bloque se consolidara, el eje de la disputa Irán–EE. UU.–Israel pasaría a un segundo plano.
La verdadera tensión mundial sería entre el Eje Euroasiático (China–Rusia) y un Bloque Latinoamericano compitiendo por definir la economía verde del futuro.
La moneda como última frontera de independencia
Para Wallerstein, la moneda no es solo un papel: es un instrumento de transferencia de valor desde la periferia hacia el Centro.
Si el bloque latinoamericano continúa usando el dólar o el euro, seguirá financiando al sistema‑mundo que lo mantiene subordinado.
Aunque la arquitectura financiera es tarea de economistas y políticos, debería considerar lo siguiente:
Moneda Digital de Intercambio
En lugar de una moneda física única (como el euro), el bloque podría implementar una Unidad de Cuenta Regional.
- No reemplaza las monedas locales: el ciudadano sigue usando su moneda nacional; los gobiernos y grandes empresas usan la unidad digital para comercio regional.
- Respaldo en recursos: una canasta compuesta por oro, litio y reservas energéticas.
A diferencia del dólar (respaldado en deuda y poder militar), esta moneda tendría valor intrínseco.
Banco del Sur vs. FMI y Banco Mundial
Para romper la lógica del sistema‑mundo, la región necesita su propio prestamista de última instancia.
- Financiamiento de infraestructura: trenes transcontinentales, plantas de microchips en México o Brasil, sin las condiciones de austeridad del Banco Mundial.
- Fondo de estabilización: si EE. UU. intenta un ataque especulativo contra la moneda de un país miembro, el bloque usa sus reservas conjuntas para defenderla.
Desconexión del sistema SWIFT
Hoy, incluso si Brasil vende aviones a Chile, la transacción pasa por bancos en Nueva York.
- Sistema de pagos independiente: una red propia basada en blockchain o tecnología similar a la de China y Rusia.
- Impacto geopolítico: las sanciones económicas de EE. UU. serían ineficaces, pues el flujo financiero sería invisible para el Tesoro estadounidense.
La reacción del Centro
Wallerstein advertiría que el Centro no permanecerá pasivo.
Si América Latina deja de demandar dólares:
- Presión inflacionaria en EE. UU.: el retorno masivo de dólares afectaría su economía.
- Represalias: bloqueos comerciales o “golpes de mercado” para desestabilizar la nueva moneda regional.
En resumen, la moneda es la última frontera de la independencia.
Si el bloque latinoamericano logra comerciar en su propia unidad de cuenta, el eje de la lucha geopolítica se desplaza:
ya no seríamos el campo de batalla de otros, sino un polo autónomo de poder, capaz de decidir a quién vende sus recursos y a qué precio.
Y ese cambio —si se concreta— debería traducirse en mejores condiciones de vida para la población.

