
ElPensador.io.- El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, protagonizado por Bad Bunny, no fue solo un despliegue musical: se convirtió en un escenario donde chocaron dos visiones culturales y políticas muy distintas. Por un lado, el artista puertorriqueño articuló un mensaje centrado en la identidad latina, la diversidad y la ampliación del concepto de “América”. Por otro, el presidente Donald Trump respondió con una crítica frontal que interpretó el show como una afrenta a los valores estadounidenses. La tensión entre ambos discursos revela un conflicto más profundo sobre pertenencia, nación y representación cultural.
El mensaje de Bad Bunny: identidad, pertenencia y América como continente
El show de Bad Bunny fue descrito como una celebración explícita de la cultura latina, con referencias visuales y musicales a Puerto Rico, al Caribe y a la vida cotidiana de las comunidades hispanas. La puesta en escena incluyó barberías, salones de uñas, jíbaros, carritos de piragua y símbolos asociados a la vida popular de la isla.
El artista también amplió el sentido de “God Bless America”, mencionando países de todo el continente y cerrando con un mensaje de unidad: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. Esta reinterpretación del concepto de América —no como sinónimo de Estados Unidos, sino como un espacio continental compartido— fue uno de los gestos más comentados del espectáculo.
Además, Bad Bunny ha expresado públicamente críticas a las políticas migratorias de la administración Trump, incluyendo declaraciones contra ICE en premiaciones recientes. Ese trasfondo político contextualiza la lectura del show como una afirmación cultural con implicancias sociales.
La respuesta de Donald Trump: nación, estándares y rechazo cultural
La reacción de Donald Trump fue inmediata y contundente. En su red social Truth Social calificó el espectáculo como “absolutamente terrible” y “uno de los peores de la historia”, afirmando que “nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo” y que la presentación era “repugnante” para los niños que la veían.
Trump interpretó el show como una “bofetada” a Estados Unidos y una “afrenta a la grandeza” del país, argumentando que no representaba los estándares de éxito, creatividad y excelencia que él asocia con la identidad nacional. Su crítica no se limitó a lo musical: también cuestionó el uso del español, la estética del espectáculo y la elección misma del artista para un evento de alcance global.
La reacción se inscribe en un patrón más amplio: Trump y sectores de su base han criticado reiteradamente la presencia de símbolos culturales latinos en espacios centrales de la vida pública estadounidense, interpretándolos como una amenaza a una noción más estrecha de identidad nacional.
El contraste entre ambos mensajes puede analizarse en tres dimensiones:
a) Identidad cultural
b) Lenguaje y representación
c) Legitimidad simbólica
Más allá del espectáculo: un síntoma de la fractura cultural estadounidense
El intercambio entre Bad Bunny y Trump no es un episodio aislado: refleja una disputa más amplia sobre quién tiene derecho a definir la identidad cultural del país. Mientras el artista encarna una visión multicultural que se ha vuelto cada vez más visible en la esfera pública, Trump representa un proyecto político que busca reafirmar una noción más excluyente de nación.
El Super Bowl, como uno de los eventos más vistos del planeta, amplificó ese choque. Lo que para unos fue una celebración de diversidad, para otros fue una provocación o una amenaza simbólica.
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