Por María José Lizana.- Cada 13 de julio, el mundo conmemora el Día Internacional del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) , una fecha clave para visibilizar un trastorno del neurodesarrollo que afecta a miles de familias en Chile. En el país, se estima que alrededor del 15,5 % de los niños entre 4 y 11 años presentan TDAH, descendiendo a un 4,5 % en adolescentes de 12 a 18 años, como plantean la Universidad del Desarrollo y la Universidad San Sebastián.
Desde la psicología, este día invita a reflexionar no solo sobre la prevalencia, sino también sobre cómo diagnosticamos, tratamos y acompañamos a quienes viven con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. El descenso de la tasa en adolescentes sugiere que muchas dificultades se ven atenuadas por estrategias educativas y terapéuticas, aunque también podría reflejar un subdiagnóstico en edades mayores.
El TDAH no es un fenómeno aislado, sino que presenta diversas comorbilidades, como ansiedad, trastornos del estado de ánimo o problemas de conducta, presentes hasta en dos tercios de los casos. Esto implica que un abordaje integral, que no se limite a la farmacoterapia, es indispensable. La evidencia es clara: los tratamientos más efectivos combinan medicación con intervenciones psicológicas, psicoeducación, apoyo escolar y orientación para padres, tutores, cuidadores y docentes.
Lamentablemente, el acceso a estos recursos no es igualitario. En zonas vulnerables, la detección temprana es limitada, y muchas familias quedan sin diagnóstico ni tratamiento oportuno, lo que profundiza las brechas en el bienestar y desarrollo infantil. Por contraste, en contextos con mejor acceso educativo y sanitario, se observa un aumento en los diagnósticos, lo que sugiere que el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad puede tanto subdiagnosticarse como sobrediagnosticarse.
Desde la psicología comunitaria y clínica, es urgente impulsar políticas públicas que promuevan la detección temprana y equitativa, formación docente y parental, apoyo interdisciplinario, y sensibilización sin estigmatización. El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad también nos recuerda que la atención es una capacidad plástica. Con apoyo adecuado, quienes lo viven pueden convertir su espontaneidad, creatividad y energía en fortalezas. A veces, el desafío consiste en pasar de ver el déficit en la atención a reconocer la diversidad cognitiva como una fuente de potencial.
Este 13 de julio, se encienden luces naranjas y se organizan actividades; pero el verdadero impacto ocurre cuando pasamos de la visibilización a la acción: cuando las políticas educativas incorporan estrategias específicas para niños y adolescentes con TDAH; cuando las familias reciben acompañamiento psicoeducativo; cuando se evalúan no solo las dificultades, sino también las capacidades; y cuando Chile apuesta por un enfoque inclusivo y científico.
En definitiva, celebrar este día es también convocar a un compromiso: el desafío es reducir brechas, favorecer la detección temprana, y consolidar un modelo interdisciplinario. Así, no solo apoyamos a quienes tienen Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, sino que enriquecemos nuestra mirada del desarrollo humano, desde la infancia hasta la vida adulta.
María José Lizana es psicóloga y académica de la U.Central
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