Mundo Académico

Movimiento o inactividad: ¿Nos quedamos quietos?

Recuperar el movimiento tras la inactividad no es solo un desafío físico: es una oportunidad para reconectar con el cuerpo, el entorno y los valores que sostienen una sociedad más consciente y equitativa.

Por Rodrigo Nanjarí.- Finaliza el invierno, llega la primavera, y muchas personas deciden —con entusiasmo, nostalgia y urgencia— que es momento de volver a moverse. La motivación es legítima: recuperar la salud, sentirse mejor y abrir espacios para el bienestar personal. Sin embargo, lo que ocurre después no siempre es una historia de éxito.

Aunque el cuerpo tiene memoria —incluso ontológica— también tiene límites. Y cuando intentamos volver como si nada hubiera pasado, es muy posible que nuestro cuerpo nos pase la cuenta.

Volver a moverse, ya sea a través del deporte, alguna práctica corporal, actividad física o ejercicio físico, después de meses de inactividad, es un desafío emocional mayor. Es reencontrarse con una versión de uno mismo que quedó en pausa, pero que ya no es la misma.

A veces pensamos: “antes trotaba 10 kilómetros” o “jugaba algún deporte varias veces a la semana, así que esto debería ser fácil”. Y no es raro ver a personas que se lanzan a realizar actividad física como si nada hubiera pasado… hasta que el cuerpo nos recuerda, con dolor en la rodilla o una fatiga que no cede.

Volver a moverse, después de un período prolongado de inactividad, es —paradójicamente— un acto de amor propio. El retorno debe tomarse con inteligencia y conciencia corporal, lo que nos beneficia con una mejor regulación metabólica, aumento de energía, mejora del ánimo y fortalecimiento de la autoestima. Todo ello favorece el respeto por la historia corporal y, por cierto, la adaptación al presente.

En tiempos donde nos movemos poco, donde existen escasos espacios para el ocio y el desarrollo humano, realizar acciones para el bienestar no es solo una opción: es una necesidad.

Te invito a mirar tu entorno, a descubrir espacios urbanos y rurales para desarrollar tu potencial humano. El tiempo pasa, “nos vamos poniendo viejos”, decía una canción. Aun así, el que decide moverse eres tú. Y eso es una oportunidad educativa fundamental, pues te hace consciente, crítico/a y comprometido/a contigo mismo y, proyectivamente, con el cuidado del entorno, la equidad social y el respeto por las futuras generaciones. Son valores que promueven una convivencia civil responsable con el planeta y entre nosotros como sociedad.

Dr. Rodrigo Nanjarí Miranda es académico de Pedagogía en Educación Física, U. Central

Alvaro Medina

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