
Por Juan Medina Torres.- Un orgullo nacional herido por artículos de prensa fue la causa que influyó en el partido del Mundial de Fútbol de 1962 entre las selecciones de Chile e Italia, convirtiéndose en un encuentro con variados significados políticos y sociales.
Durante la candidatura de Chile para celebrar el Mundial, los periodistas italianos Antonio Ghirelli y Corrado Pizzinelli escribieron un artículo para el periódico Il Resto del Carlino de Bolonia, informando sobre la precaria situación de Santiago de Chile.
El titular era: «Santiago, el confín del mundo: la infinita tristeza de la capital chilena», y contaba: “Desde que estoy en Chile tengo la curiosa sensación de llevar el mundo sobre mis espaldas. Se le siente encima igual que la tristeza de los habitantes, y ello provoca un malestar curioso que se agrava por los enormes saltos de temperatura. La sangre se torna torpe y parece faltar en las venas, y después de permanecer algún tiempo en Chile uno se siente extraño a todo y a todos. El virus de la lejanía más abandonada, más solitaria, más anónima, se mete en el ánimo de todos y creo que ello incidirá en el estado anímico de los atletas”.
Y continuaba: “En vano los chilenos, como para consolar a los italianos, dicen que Santiago se parece a Turín. Y ello tal vez para tratar de hacer olvidar la realidad de esta capital, que es el símbolo triste de uno de los países subdesarrollados del mundo y afligido por todos los males posibles: desnutrición, prostitución, analfabetismo, alcoholismo, miseria… Bajo estos aspectos Chile es terrible y Santiago su más doliente expresión, tan doliente que pierde en ello sus características de ciudad anónima”.
El reportaje también mencionaba que «los teléfonos no funcionan, los taxis son tan raros como los maridos fieles, un cable a Europa cuesta un brazo y una pierna y una carta tarda cinco días en llegar». Asimismo, mencionaba que «Chile es un país pequeño, orgulloso y pobre.
La ciudad capital tiene 700 habitaciones de hotel. Barrios enteros han sido entregados abiertamente a la prostitución. Este país y su gente están orgullosamente miserables y retrasados».
El artículo provocó indignación en los medios de comunicación chilenos y El Mercurio reprodujo dicho artículo días antes del partido entre ambos seleccionados, enardeciendo el ambiente en contra del conjunto visitante. Las Últimas Noticias describió a los italianos como fascistas, mafiosos, hipersexualizados y drogadictos.
Periodistas italianos, principalmente de los diarios La Nazione y Corriere della Sera, respondieron publicando otros artículos ofensivos, describiendo a Chile como un país sumido en la «miseria, el analfabetismo y el alcoholismo».
La respuesta de los medios nacionales no se hizo esperar y tildaron a la delegación europea de «arrogantes» y «racistas».
Así se encendió el ambiente deportivo mucho antes del inicio del encuentro.
El partido
El sábado 2 de junio de 1962 hacía frío y el ambiente de los 66 mil espectadores que repletaban el Estadio Nacional era tenso.
Para el partido por el Grupo 2, Chile salió a la cancha con Misael Escuti, Luis Eyzaguirre, Raúl Sánchez, Sergio Navarro, Carlos Contreras, Eladio Rojas, Jorge Toro, Jaime Ramírez, Honorino Landa, Alberto Fouillioux y Leonel Sánchez. El seleccionado nacional vistió camiseta roja.
Italia, vistiendo camiseta azul, lo hizo con Vito Fassano, Sandro Salvadore, Enzo Robotti, Mario David, Francesco Janich, Paride Tumburus, Giorgio Ferrini, Bruno Mora, Humberto Maschio, José Altafini y Gianpaolo Menichelli.
El árbitro fue el inglés Kenneth George Aston, exoficial de la Indian Army y quien luego sería jefe del Comité de Árbitros de la FIFA e inventor del sistema de las tarjetas amarilla y roja, que empezaron a usarse en el Mundial del ’70.
Conscientes del ambiente adverso, los jugadores de Italia ingresaron a la cancha lanzando ramos de claveles blancos a las 66.000 personas presentes. Los claveles fueron devueltos a los futbolistas italianos con una estruendosa silbatina. Se comentó que el jugador estrella del equipo italiano, Omar Sívori, consciente de la situación, se habría negado a participar en la formación inicial.
Quienes no pudieron estar presentes en el Estadio Nacional se concentraron en diversos lugares del centro de Santiago para ver el partido en blanco y negro, transmitido por la naciente televisión chilena. Otros siguieron las alternativas del encuentro por las radios Minería, Agricultura, Cooperativa, Corporación, Magallanes, Nuevo Mundo y Radio Portales, con gran presencia en regiones en las voces de Julio Martínez, Abraham Dueñas, Hernán Solís, Raúl Prado y Darío Verdugo, con su característica frase: ¡goooooooolpe en el palo!
Y, a la hora señalada, comenzó el partido «a la italiana», con una presión constante y, a ratos, violenta. La primera falta fue ocasionada a los doce segundos de juego. A los siete minutos, un violento golpe del delantero Giorgio Ferrini al chileno Honorino Landa decretó la primera expulsión por parte del árbitro inglés Ken Aston. Ferrini se negó a abandonar la cancha, siendo arrestado por Carabineros de Chile.
Minutos después, Honorino Landa cometió una falta notoria, siendo perdonado por el árbitro. En el minuto 38 del primer tiempo se produjo el enfrentamiento más recordado de la jornada. Leonel Sánchez —hijo de Juan Sánchez, campeón chileno de boxeo— desbordó por el costado izquierdo de la cancha a Mario David, quien lo marcó violentamente, provocando la caída de Leonel, quien, mientras estaba en el suelo, fue golpeado repetidamente por David. Esto provocó la furia de Sánchez, que se levantó y propinó un golpe con su puño izquierdo a David. Ninguna de las dos acciones fue sancionada por el juez Aston.
Minutos después, en pleno juego, David le propinó una patada en el cuello a Sánchez, que quedó inmóvil en el suelo, siendo inmediatamente expulsado por Aston. Italia quedaba así con nueve jugadores en el campo.
En el segundo tiempo, Chile mejoró su juego y, a los 74 minutos, un tiro de Sánchez rebotó en el arquero Carlo Mattrel, quien no logró despejar, lo que fue aprovechado por Jaime Ramírez para anotar el primer tanto. Un minuto después, un gol de Landa fue anulado por estar fuera de juego. Y, a los 88′, un tiro de Jorge Toro, a más de 30 metros de distancia, decretó el 2-0. Una nueva falta contra Landa permitió al árbitro Aston terminar el partido a los 90 minutos exactos. El estadio estalló de alegría, pues Chile aseguraba su clasificación a la segunda ronda.
Efectos
El partido fue considerado uno de los más violentos en la historia de los mundiales de fútbol. El árbitro Aston fue internacionalmente criticado por favorecer a los chilenos, que fueron tratados de «caníbales» y subdesarrollados por la prensa itálica. Aston reconoció que tuvo una mala actuación durante el partido, pero se excusó diciendo: «No estaba arbitrando un partido de fútbol, estaba actuando como un juez en un conflicto militar».
La prensa chilena defendió el triunfo como una respuesta al orgullo herido por las críticas periodísticas europeas. Los medios italianos denunciaron una emboscada planificada y un arbitraje parcial que permitió agresiones flagrantes de los locales sin recibir el castigo debido.
En el libro The History of the World Cup, Brian Glanville describe cómo los jugadores italianos debieron ser escoltados para garantizar su integridad física al finalizar el encuentro.
El triunfo de Chile sobre Italia por 2-0 en el Mundial de 1962 provocó un festejo nacional: caravanas de automóviles, bocinazos, agitación de banderas y multitudes cantando por las calles celebraron el paso a cuartos de final. El triunfo frente a Italia, dos veces campeón del mundo, que menospreció a Chile, fue tomado como un gran logro deportivo.
La mañana del 3 de junio, la marraqueta para los chilenos tuvo otro sabor y los problemas económicos, políticos y sociales de los 8.497.059 habitantes de nuestro país, gobernado por Jorge Alessandri, pasaron a un segundo plano. La prensa nacional se ocupó de destacar el triunfo como una epopeya de orgullo, coraje y «garra chilena» frente a la provocación extranjera. Los diarios exaltaron la victoria como una «revancha» justificada ante los severos ataques de la prensa europea, consolidando el polémico encuentro como la histórica «Batalla de Santiago», y el rock del Mundial, con The Ramblers, se convirtió en el himno del fútbol:
El Mundial del 62,
Es una fiesta universal,
Del deporte y del balón,
Como consigna general,
Celebrando nuestros triunfos,
Bailaremos rock and roll.
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