Mundo Académico

Cuando lo sagrado se banaliza

Un gesto individual puede desatar significados históricos profundos: en un mundo hiperconectado, la banalización de lo sagrado reabre tensiones que creíamos superadas.

Por Rafael Rosell.- Hay hechos que, más allá de su dimensión concreta, adquieren relevancia por lo que simbolizan. En un mundo hiperconectado, donde las imágenes circulan sin contexto y a gran velocidad, el impacto de un gesto puede ser mucho mayor que su intención original.

La reciente imagen de un soldado israelí dañando una representación de Cristo en el sur del Líbano es un ejemplo claro. Se trata, sin duda, de un acto individual y reprochable. Pero su gravedad no radica solo en la acción, sino en lo que evoca.

Durante siglos, la relación entre el mundo cristiano y el pueblo judío estuvo marcada por la acusación de responsabilidad en la muerte de Cristo. Esa narrativa, profundamente injusta, derivó en persecuciones y violencia, como el antisemitismo. Aunque el pensamiento contemporáneo ha avanzado en desmontarla —especialmente tras hitos como el Concilio Vaticano II—, su huella persiste en la memoria cultural.

Por eso, una imagen como esta —aunque no represente una política ni una intención colectiva— puede activar lecturas peligrosas. No porque sean correctas, sino porque resultan reconocibles desde la historia. Y en comunicación, lo reconocible tiene una fuerza enorme.

Pero este no es un hecho aislado. Forma parte de un fenómeno más amplio: la banalización de lo sagrado. En el escenario internacional actual, no son pocos los líderes que han utilizado símbolos religiosos de manera superficial o provocadora, tensionando innecesariamente la convivencia entre culturas y credos.

Cuando lo sagrado se instrumentaliza, pierde su sentido trascendente y se convierte en un recurso más dentro de la disputa política. Y eso tiene consecuencias. Porque los símbolos religiosos no son neutros: contienen historia, identidad y memoria.

En este contexto, la condena institucional es necesaria, pero insuficiente. Se requiere también una comprensión más profunda del momento que vivimos: uno en que no solo se enfrentan intereses o territorios, sino también significados.

Porque cuando se banaliza lo sagrado, no solo se ofende una creencia. Se debilita el tejido social que sostiene la convivencia.

Y en tiempos de incertidumbre global, ese es un riesgo que no podemos darnos el lujo de ignorar.

Rafael Rosell Aiquel, rector de la Universidad del Alba y experto en temas de Medio Oriente.

Alvaro Medina

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