
Por Hugo Cox.- La evolución política chilena desde 1973 se explica como un péndulo complejo: tras la dictadura (1973-1990) y su modelo neoliberal, Chile transitó hacia una socialdemocracia moderada (Concertación) que gestionó la estabilidad, dio paso a alternancias con la derecha tradicional y derivó en un gobierno de izquierda radical (FA/PC) tras el estallido de 2019. Este proceso actual muestra tensiones hacia un modelo iliberal debido a la crisis de seguridad, el populismo y el auge del nativismo, privilegiando el orden sobre ciertas libertades.
Aquí una breve descripción de la trayectoria:
Este camino muestra que Chile ha pasado de un consenso neoliberal impuesto a una crisis de representación, moviéndose entre la demanda por mayor equidad y el deseo de orden estricto.
Pero, a raíz de lo anterior, es necesario hacerse una pregunta: ¿cuál es el sentido común de Chile? Se intentará dar una respuesta aproximada dentro de márgenes aceptables.
El “sentido común” en Chile no es un concepto estético, sino una construcción colectiva de creencias y valores “autoevidentes” que guían la conducta cotidiana. A lo largo de los siglos XX y XXI, este se ha entrelazado con la historia política a través de la tensión entre el orden institucional, la justicia social y el individualismo económico.
Durante gran parte del siglo XX, el sentido común chileno se forjó en torno a la “promesa democrática” y la búsqueda de justicia social ante la profunda desigualdad de la oligarquía inicial.
El inicio del siglo XXI estuvo marcado por un sentido común de “posibilidad” y estabilidad, que luego entró en crisis.
El sentido común en Chile combina una histórica valoración de la estabilidad institucional y la democracia (reconstruida tras 1990) con una profunda demanda por igualdad social y desconfianza hacia las élites, tensiones originadas en la cuestión social del siglo XX, el quiebre de 1973 y el modelo neoliberal, marcando la política del siglo XXI.
Entronque de la historia política (siglos XX y XXI)
Siglo XX: de la cuestión social al quiebre: La desigualdad salitrera generó una cuestión social que detonó movimientos obreros y una lenta democratización. Tras la inestabilidad de 1920-1930, se consolidó un “Estado de compromiso” que intentó equilibrar fuerzas políticas. La polarización de los años 60, marcada por la Guerra Fría y la reforma agraria, quebró este sistema, desembocando en el Golpe de Estado de 1973 y 17 años de dictadura militar.
Siglo XXI: reconstrucción y nueva tensión: Tras el retorno a la democracia en 1990, se reconstruyó una tradición institucional estable. Sin embargo, la persistencia de la desigualdad y la desconfianza hacia los acuerdos de las élites generaron una nueva tensión política reflejada en el malestar social. La búsqueda de un nuevo sentido común se manifiesta en la crisis de representación y el debate constitucional, que abarca un periodo de dos años.
Este recorrido muestra cómo el sentido común chileno oscila entre la búsqueda de orden y el deseo de cambios estructurales, un ciclo que continúa marcando el panorama político contemporáneo: es el camino entre el Padre Hurtado y Portales.
La política chilena del siglo XX se caracterizó por un proceso de democratización acelerado y la emergencia de movimientos sociales. El sentido común en Chile combina una histórica valoración de la estabilidad institucional y la democracia con una profunda demanda por igualdad social y desconfianza hacia las élites.
¿Es posible superar el golpe militar con sentido común?
Esta pregunta es necesaria. Y pareciera que el golpe militar, en sus aspectos más dramáticos, estaba superado. Más que superado, asimilado, digerido. Pero por razones políticas, se ha desenterrado. No como memoria, sino como herramienta; no como reflexión histórica, sino como arma política.
El golpe militar a muchos se los contaron sus padres, tíos y abuelos, y muchos arriesgaron su vida en la lucha contra la dictadura por recuperar la democracia y la libertad. Existen numerosos libros y documentales sobre el Golpe Militar. Pero a una generación que no tiene ni libros ni memoria directa, es muy fácil manipularla con lugares comunes: dictadura mala, democracia buena, el paraíso en la tierra roto por banqueros, empresarios y militares.
El Golpe Militar se ha convertido en una herramienta política y eso nos ha devuelto a un territorio de hostilidad. Yo pertenezco a una generación, y tengo una formación y una experiencia que me permiten decir que en el Golpe Militar perdimos todos. Evidentemente, lo ganó el bando de la derecha y su gente, y lo perdió la democracia. Pero, aparte de ese planteamiento indiscutible, hay una cosa evidente: los chilenos perdimos. Perdimos progreso, una república, libertades. La mujer retrocedió 50 años en la historia. Perdimos mucho todos.
Al final, en este péndulo vamos saliendo de un proceso que, en alguna medida, le dio oxígeno al neoliberalismo y a los movimientos iliberales.
Será la historia la que evaluará con detención la política del siglo XXI en Chile.
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