Opinión

Del golpe al estallido: cómo llegó Chile a su actual crisis

Cinco décadas de dictadura, transición, alternancias políticas y estallido social han moldeado un país que oscila entre demandas de igualdad y exigencias de orden. El debate sobre el “sentido común” chileno reaparece en un escenario marcado por inseguridad, polarización y tensiones iliberales que desafían la tradición democrática.

Por Hugo Cox.- La evolución política chilena desde 1973 se explica como un péndulo complejo: tras la dictadura (1973-1990) y su modelo neoliberal, Chile transitó hacia una socialdemocracia moderada (Concertación) que gestionó la estabilidad, dio paso a alternancias con la derecha tradicional y derivó en un gobierno de izquierda radical (FA/PC) tras el estallido de 2019. Este proceso actual muestra tensiones hacia un modelo iliberal debido a la crisis de seguridad, el populismo y el auge del nativismo, privilegiando el orden sobre ciertas libertades.

Aquí una breve descripción de la trayectoria:

  • Dictadura (1973-1990): Régimen militar que suprimió la democracia y los derechos humanos, instalando un modelo neoliberal extremo y una Constitución de corte autoritario (1980).
  • Transición y Socialdemocracia (1990-2010): La Concertación asumió el poder, manteniendo el modelo económico, pero con políticas sociales para reducir la pobreza, logrando estabilidad política.
  • Alternancia y Derecha Tradicional (2010-2022): Llegada al poder de la derecha tradicional (Piñera), que continuó con la gestión técnica, pero enfrentó el desgaste del modelo y crecientes demandas sociales.
  • Gobierno PC/Frente Amplio (2022-Presente): Tras el estallido social, asume una coalición de izquierda que buscaba cambios estructurales profundos, pero que ha debido moderarse ante la gobernabilidad.
  • Tendencia iliberal (Actualidad): Ante la crisis de seguridad y económica, surge un discurso de “extrema derecha” o tendencias iliberales (ej. Partido Republicano) que combina nacionalismo, xenofobia y la priorización del orden sobre las libertades públicas.

Este camino muestra que Chile ha pasado de un consenso neoliberal impuesto a una crisis de representación, moviéndose entre la demanda por mayor equidad y el deseo de orden estricto.

Pero, a raíz de lo anterior, es necesario hacerse una pregunta: ¿cuál es el sentido común de Chile? Se intentará dar una respuesta aproximada dentro de márgenes aceptables.

El “sentido común” en Chile no es un concepto estético, sino una construcción colectiva de creencias y valores “autoevidentes” que guían la conducta cotidiana. A lo largo de los siglos XX y XXI, este se ha entrelazado con la historia política a través de la tensión entre el orden institucional, la justicia social y el individualismo económico.

  1. El sentido común en el siglo XX: del Estado protector a la ruptura

Durante gran parte del siglo XX, el sentido común chileno se forjó en torno a la “promesa democrática” y la búsqueda de justicia social ante la profunda desigualdad de la oligarquía inicial.

  • La era de la democratización (1900-1970): El sentido común evolucionó desde la aceptación de un orden aristocrático hacia una demanda de mayor participación. La “cuestión social” (problemas de urbanización, salud y trabajo) instaló en el imaginario colectivo que el Estado debía ser el motor del desarrollo y el garante de derechos.
  • La polarización y el quiebre (1970-1973): Bajo la Unidad Popular, el sentido común se dividió. Para unos, la vía al socialismo era la culminación de la justicia social; para otros, ponía en riesgo la tradición democrática y las libertades individuales.
  • La reconfiguración en dictadura (1973-1990): La dictadura militar de Augusto Pinochet rompió con el sentido común estatista, introduciendo por la fuerza un modelo de mercado. Se instaló una lógica de “sentido práctico” y burgués (amor al trabajo, economía personal) que buscaba desplazar la acción colectiva por el éxito individual.
  1. El sentido común en el siglo XXI: de la estabilidad a la revuelta

El inicio del siglo XXI estuvo marcado por un sentido común de “posibilidad” y estabilidad, que luego entró en crisis.

  • El consenso de la transición (1990-2010): Se consolidó un sentido común basado en el crecimiento económico y la gradualidad política. El éxito del modelo exportador generó una euforia por el progreso que elevó las expectativas de la población hasta niveles difíciles de satisfacer.
  • El despertar de la crítica (2011-Presente): El sentido común comenzó a percibir una brecha entre la “clase política” y la realidad ciudadana. Las movilizaciones de 2019 reflejaron un nuevo sentido común que cuestiona la privatización de servicios públicos y exige una dignidad que el mercado no provee por sí solo.
  1. Características clave del sentido común chileno
  • Respeto a la institucionalidad: Persiste una valoración por los derechos ciudadanos y las libertades políticas como denominador común.
  • Presentismo: Tendencia a mirar el futuro negando el pasado, lo que lleva a repetir ciclos de crisis y euforia.
  • Tensión identitaria: El chileno oscila entre la herencia de una sociedad colonial autoritaria y el deseo de una modernización plena y democrática.

El sentido común en Chile combina una histórica valoración de la estabilidad institucional y la democracia (reconstruida tras 1990) con una profunda demanda por igualdad social y desconfianza hacia las élites, tensiones originadas en la cuestión social del siglo XX, el quiebre de 1973 y el modelo neoliberal, marcando la política del siglo XXI.

Entronque de la historia política (siglos XX y XXI)

Siglo XX: de la cuestión social al quiebre: La desigualdad salitrera generó una cuestión social que detonó movimientos obreros y una lenta democratización. Tras la inestabilidad de 1920-1930, se consolidó un “Estado de compromiso” que intentó equilibrar fuerzas políticas. La polarización de los años 60, marcada por la Guerra Fría y la reforma agraria, quebró este sistema, desembocando en el Golpe de Estado de 1973 y 17 años de dictadura militar.

Siglo XXI: reconstrucción y nueva tensión: Tras el retorno a la democracia en 1990, se reconstruyó una tradición institucional estable. Sin embargo, la persistencia de la desigualdad y la desconfianza hacia los acuerdos de las élites generaron una nueva tensión política reflejada en el malestar social. La búsqueda de un nuevo sentido común se manifiesta en la crisis de representación y el debate constitucional, que abarca un periodo de dos años.

Este recorrido muestra cómo el sentido común chileno oscila entre la búsqueda de orden y el deseo de cambios estructurales, un ciclo que continúa marcando el panorama político contemporáneo: es el camino entre el Padre Hurtado y Portales.

La política chilena del siglo XX se caracterizó por un proceso de democratización acelerado y la emergencia de movimientos sociales. El sentido común en Chile combina una histórica valoración de la estabilidad institucional y la democracia con una profunda demanda por igualdad social y desconfianza hacia las élites.

¿Es posible superar el golpe militar con sentido común?

Esta pregunta es necesaria. Y pareciera que el golpe militar, en sus aspectos más dramáticos, estaba superado. Más que superado, asimilado, digerido. Pero por razones políticas, se ha desenterrado. No como memoria, sino como herramienta; no como reflexión histórica, sino como arma política.

El golpe militar a muchos se los contaron sus padres, tíos y abuelos, y muchos arriesgaron su vida en la lucha contra la dictadura por recuperar la democracia y la libertad. Existen numerosos libros y documentales sobre el Golpe Militar. Pero a una generación que no tiene ni libros ni memoria directa, es muy fácil manipularla con lugares comunes: dictadura mala, democracia buena, el paraíso en la tierra roto por banqueros, empresarios y militares.

El Golpe Militar se ha convertido en una herramienta política y eso nos ha devuelto a un territorio de hostilidad. Yo pertenezco a una generación, y tengo una formación y una experiencia que me permiten decir que en el Golpe Militar perdimos todos. Evidentemente, lo ganó el bando de la derecha y su gente, y lo perdió la democracia. Pero, aparte de ese planteamiento indiscutible, hay una cosa evidente: los chilenos perdimos. Perdimos progreso, una república, libertades. La mujer retrocedió 50 años en la historia. Perdimos mucho todos.

Al final, en este péndulo vamos saliendo de un proceso que, en alguna medida, le dio oxígeno al neoliberalismo y a los movimientos iliberales.

Será la historia la que evaluará con detención la política del siglo XXI en Chile.

Alvaro Medina

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