
Por Hugo Cox.- Como los conceptos se van trastocando cuando se usan sin claridad, por otra parte, las sociedades son binarias contemporáneas; ante problemas complejos se requiere pensamiento complejo. La crisis actual se explica en parte porque la atención a los problemas ha estado ligada a que se quiere solucionar todo en poco tiempo: está “la voracidad de comerlo todo”, y eso lleva a no poner atención a los claroscuros, a los intersticios de la sociedad, creando confusión conceptual y falta de atención. La percepción voraz se traga todo, se consume todo, y ese acto no requiere atención. Hoy, por ejemplo, los movimientos iliberales adquieren la denominación de fascistas.
El fascismo surge en la historia como la negación de la democracia; en cambio, los movimientos iliberales surgen dentro de la democracia y en elecciones libres e informadas. Los movimientos iliberales aceptan las elecciones siempre y cuando estén controladas, y a esto llaman democracia. Se debe hacer notar que las elecciones son un instrumento de la democracia, y esos sectores buscan socavar la democracia desde la democracia.
Los conceptos de democracia y fascismo en Chile y Occidente se trastocan y difuminan debido a la crisis de representación, el auge de ultraderechas que adoptan formas “posfascistas” y la persistencia de violencia estructural. En Chile, se suma el legado de la dictadura y la percepción de una democracia de baja intensidad, permitiendo que elementos autoritarios se reconfiguren dentro del sistema.
Factores clave en la confusión de conceptos:
Neoliberalismo y autoritarismo:
El alineamiento ideológico entre el neoliberalismo y sectores conservadores facilita la reproducción de lógicas fascistas, las cuales actúan como estabilizadores de un orden social desigual.
En resumen, la reconfiguración de la derecha radical, que a menudo adopta una fachada democrática para avanzar una agenda autoritaria, genera una difuminación de los límites entre la democracia liberal y el fascismo, tanto en Chile como en el contexto occidental.
Chile experimenta una polarización política extrema y un giro hacia derechas iliberales, evidenciado por el auge del Partido Republicano y figuras como José Antonio Kast, impulsado por el descontento social, el temor al desorden y la demanda de seguridad. Este fenómeno erosiona garantías democráticas liberales, priorizando el orden militarizado y valores conservadores.
Factores clave del cambio iliberal:
Este contexto no implica el fin de la democracia, sino una transformación hacia una democracia iliberal, donde se mantiene la competencia electoral, pero se debilitan los contrapesos liberales.
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