Opinión

Democracia, fascismo e iliberalismo: por qué hoy se confunden

La creciente confusión entre democracia liberal, fascismo e iliberalismo refleja una crisis profunda de representación, el avance de derechas radicales y la erosión de garantías institucionales en Chile y Occidente. Polarización, descontento ciudadano y nuevas formas de autoritarismo electoral están transformando el mapa político y redefiniendo los límites de lo democrático.

Por Hugo Cox.- Como los conceptos se van trastocando cuando se usan sin claridad, por otra parte, las sociedades son binarias contemporáneas; ante problemas complejos se requiere pensamiento complejo. La crisis actual se explica en parte porque la atención a los problemas ha estado ligada a que se quiere solucionar todo en poco tiempo: está “la voracidad de comerlo todo”, y eso lleva a no poner atención a los claroscuros, a los intersticios de la sociedad, creando confusión conceptual y falta de atención. La percepción voraz se traga todo, se consume todo, y ese acto no requiere atención. Hoy, por ejemplo, los movimientos iliberales adquieren la denominación de fascistas.

El fascismo surge en la historia como la negación de la democracia; en cambio, los movimientos iliberales surgen dentro de la democracia y en elecciones libres e informadas. Los movimientos iliberales aceptan las elecciones siempre y cuando estén controladas, y a esto llaman democracia. Se debe hacer notar que las elecciones son un instrumento de la democracia, y esos sectores buscan socavar la democracia desde la democracia.

Los conceptos de democracia y fascismo en Chile y Occidente se trastocan y difuminan debido a la crisis de representación, el auge de ultraderechas que adoptan formas “posfascistas” y la persistencia de violencia estructural. En Chile, se suma el legado de la dictadura y la percepción de una democracia de baja intensidad, permitiendo que elementos autoritarios se reconfiguren dentro del sistema.

Factores clave en la confusión de conceptos:

  • Democracia defectuosa y crisis de representación:
    La democracia en Chile y Occidente es considerada a menudo de “baja intensidad” o “defectuosa”, donde la ciudadanía percibe desigualdad y falta de respuesta de la clase política, lo que debilita el concepto tradicional de democracia liberal.
  • Evolución del fascismo a “postfascismo”:
    El fascismo contemporáneo o postfascismo no siempre busca destruir la democracia desde fuera, sino que opera dentro de ella, utilizando mecanismos democráticos para alcanzar el poder, distanciándose del fascismo clásico, pero manteniendo nacionalismo extremo y xenofobia.
  • Legado e impacto de la ultraderecha:
    En Chile, el fascismo ha resurgido con nuevas narrativas (antiinmigración, valores tradicionales) vinculadas a la extrema derecha, rememorando el Movimiento Nacional Socialista de los años 30.
  • Violencia estructural e institucional:
    Se argumenta que ciertas prácticas de violencia institucional, la militarización (Araucanía) y la criminalización de la protesta en contextos democráticos evidencian una persistencia de rasgos fascistas.

Neoliberalismo y autoritarismo:
El alineamiento ideológico entre el neoliberalismo y sectores conservadores facilita la reproducción de lógicas fascistas, las cuales actúan como estabilizadores de un orden social desigual.

En resumen, la reconfiguración de la derecha radical, que a menudo adopta una fachada democrática para avanzar una agenda autoritaria, genera una difuminación de los límites entre la democracia liberal y el fascismo, tanto en Chile como en el contexto occidental.

Chile experimenta una polarización política extrema y un giro hacia derechas iliberales, evidenciado por el auge del Partido Republicano y figuras como José Antonio Kast, impulsado por el descontento social, el temor al desorden y la demanda de seguridad. Este fenómeno erosiona garantías democráticas liberales, priorizando el orden militarizado y valores conservadores.

Factores clave del cambio iliberal:

  • Polarización extrema:
    La brecha entre izquierda y derecha ha crecido significativamente, con la dictadura como punto de alta división.
  • Auge de la derecha radical:
    Figuras y partidos —como el Partido Republicano— que proponen una agenda de “mano dura”, nacionalismo y fuerte conservadurismo han ganado fuerza electoral, prometiendo orden sobre libertades.
  • Descontento ciudadano:
    La desconfianza hacia la política institucional tradicional ha facilitado la adopción de discursos populistas y antiinstitucionalistas.
  • Erosión de garantías:
    Se observa una tendencia hacia la limitación de la separación de poderes y libertades individuales en favor de la seguridad y la autoridad.
  • Fragmentación:
    Existe una división profunda entre la derecha convencional y la “ultraderecha” o derecha radical, dificultando el consenso.

Este contexto no implica el fin de la democracia, sino una transformación hacia una democracia iliberal, donde se mantiene la competencia electoral, pero se debilitan los contrapesos liberales.

Alvaro Medina

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