Categorías: Opinión

El lenguaje crea incomodidad: lenguaje inclusivo, violencia machista y ortodoxia de la palabra

Por Marcela Vargas.-Hace unos días, dos diputados de “Chile Vamos” ingresaron proyecto para prohibir el lenguaje inclusivo en etapa escolar porque son ideologías que “contaminan la educación de niños y adolescentes”. Como Francia, que prohibió el lenguaje inclusivo en las escuelas ya que sería un obstáculo para leer y comprender la escritura. ¿No es ideológica la prohibición impositiva? La revuelta de octubre de 2019 abrió la posibilidad de debatir con las infancias, juventudes, profesorado, madres, padres, personas al cuidado. No imponer desde la in-comodidad parlamentaria.

El currículum oculto es ideológico en tanto es sexista y binario, al promover dentro y fuera del aula, una idea del deber ser y el deber-nombrarse. Justamente lo que abrió la revuelta de octubre fue la posibilidad de debatir respecto a cómo pensamos el modelo educativo, más justo, más digno.

Debatir, no imponer desde la in-comodidad parlamentaria. Debatir con las comunidades involucradas, con las infancias y la juventud desde las aulas, desde el profesorado, pero también en el entorno que circunda la escuela: madres, padres, personas al cuidado. El lenguaje como un constructo móvil, donde permeen los horizontes de expectativas.

No decimos que el lenguaje inclusivo solucionará problemas como la violencia de género o la invisibilización. Pero sí es un gesto político, militante, que enriquece los debates críticos del esencialismo biológico, para repensar instituciones como la RAE, promotora de una arbitrariedad cultural dominante del lenguaje, diría Bourdieu. Un gesto que incomoda y plantea urgencias desde los mismos grupos que llamaron “minorías”.

En Argentina, con una Ley de Educación Sexual Integral (ESI) desde 2006, el lenguaje inclusivo está en las universidades, en las producciones académicas y la comunicación institucional. Chile no tiene ESI, pero algunas y algunos trabajamos para que esto ocurra a pesar de los argumentos conservadores que piensan la educación sexual como tema privado, de las familias, y no público, de las comunidades.

El lenguaje es uno de los frentes para pensar las relaciones sociales en su complejidad y diversidad. La “X” no reemplaza a la “A”, ni la “O”; nos recuerdan que el género es una construcción sociohistórica y que es necesario escuchar a quienes combaten la omisión, la misoginia, la violencia machista. El lenguaje tiene fuerza transformadora y capacidad de portar luchas. Propongamos uno que erradique las violencias, para imaginar futuros justos, amorosos y solidarios ahora.

Marcela Vargas es licenciada en Historia y en Educación. Magister en Historia del Tiempo Presente.

 

Alvaro Medina

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