Por Carlos Cantero – Pasada la mega-emergencia que -durante 5 días- dejó sin abastecimiento de agua potable a Antofagasta, es el momento de poner foco en ADASA, la empresa concesionaria Aguas Antofagasta y en las autoridades públicas. Se ha evidenciado la fragilidad de un sistema tan fundamental como el agua potable para consumo humano, se vivió -con incuestionable evidencia- la falta de protocolos, la escasa racionalidad de las autoridades públicas y baja colaboración entre el sistema público-privado. Debemos reflexionar sobre el estándar de los protocolos para contingencias. Se han evidenciado graves y diversas falencias, a saber:
Es muy grave el nivel de anomia y disfuncionalidad institucional, la descoordinación y superficialidad de las autoridades. Mientras la ciudad se sumía en el caos y las familias viven un calvario, observamos a las autoridades políticas compitiendo por protagonismos fatuos, en una desembozada y vergonzante inconsciencia. ¿Es razonable la falta de comunicación y coordinación entre el Alcalde Jonathan Velásquez, el Gobernador Regional Ricardo Díaz y la Delegada Presidencial Karen Behrens? ¿Se puede seguir tolerando este nivel de ineptitud gestional en la autoridad? Durante la contingencia, diversas autoridades políticas farandulizaron la crisis, ignorando su propio rol. Oportunismo político y búsqueda de figuración, frente a la calamidad pública. Pero, sin trabajo de equipo. Ni siquiera pudieron resguardar los estanques. ¡Se los robaron!
Mostró improvisación, falta de planificación, un Plan de Contingencia inepto. Se manejó mal las prioridades. No se observó liderazgo en sus ejecutivos, sus comunicaciones fueron confusas, las coordinaciones deficientes, en lo técnico y en la atención a los ciudadanos. Surgen muchas dudas respecto de la priorización de sus inversiones y su plan de operaciones. En el año han enfrentado contingencias con causa de muerte de un trabajador, además de este grave incumplimiento en un servicio fundamental. Se escuchan denuncias de escasa inversión en el giro fundamental de la empresa; conflictos de interés que no privilegian la calidad de la gestión. ¿Se están haciendo las inversiones para una operación segura? ¿Por qué no se atendió la emergencia con el agua que genera la Planta de Filtros del Salar del Carmen?
No se observó una adecuada reacción de las autoridades técnicas, tampoco se transparenta oportunamente la información y gravedad del evento. Se apreció en las autoridades públicas encargadas (Superintendencia) y su institucionalidad pública, una reacción tardía, insuficiente y baja planificación para enfrentar contingencias.
Es inaceptable este grave nivel de improvisación, en un asunto de tan severas consecuencias humanas y económicas. ¿Existe un programa que contemple la redundancia de los sistemas de protección y operación (n+1), claves en infraestructura básica? ¿La municipalidad maneja la información digital de las redes de servicios básicos? ¿Quién y cómo se ha fiscalizado (preventivamente) la gestión de este bien público concesionado? ¿Se puede decir responsablemente que hay inversiones adecuadas y planes de contingencia, con protocolos acordes a la importancia del servicio?
¿Qué podemos esperar ante la próxima contingencia? ¿Qué ocurrirá frente a eventuales contingencias como: terremoto, tsunami, aluviones, secuelas del cambio climático, atentado terrorista o una confrontación bélica?¿Tenemos las condiciones y personas idóneas para ese propósito? Responder a estos desafíos es un imperativo ético, de derechos humanos y de mínima racionalidad y responsabilidad.
Es urgente contar con una institucionalidad competente, con liderazgos que articulen planes de emergencia reales, información digital oportuna y de calidad, con protocolos y coordinaciones definidos. Procedimientos establecidos y autoridades calificadas, competentes, empoderadas y con responsabilidades muy bien definidas. Se requiere colaboración público-privada. En las emergencias la autoridad no puede seguir cancelando o eludiendo a las Fuerzas Armadas, para colaborar con Carabineros y organizaciones de voluntariado, como Bomberos y otras, para servir a Chile.
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