
Por Francisco Castañeda.- No parece razonable reducir el gasto público en aproximadamente 1.000 millones de dólares, cuando la economía tendencialmente se moverá apenas en un rango 1,8% – 2,1%. Ciertamente se hace para cumplir la meta de déficit estructural del 1,9% del PIB, dada la caída de ingresos fiscales proyectada por el menor crecimiento.
La economía debe ser cuidadosa en su posición fiscal, pero simultáneamente también el gasto público sectorial (el más relacionado con la palanca productiva como vivienda e infraestructura) puede en el margen mover el carro del crecimiento y, de esta forma, obtener esos ingresos tributarios adicionales que la economía requiere.
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Se señala que la economía necesita más gasto en innovación y desarrollo, más financiamiento para proyectos públicos y el fortalecimiento de cordones industriales alicaídos para así potenciar la industria proveedora y de subcontratistas privados que gira en torno a debilitados polos regionales.
Recortar el gasto corriente público (en bienes y personal) está en la línea correcta, pero no es suficiente para la fortaleza fiscal de mediano plazo. Estos recursos deberían haber sido traspasados a la inversión pública (gasto de capital) que moviliza inversión privada.
Así, estos desfases entre gastos e ingresos se van mitigando a medida que la inversión pública surte un efecto multiplicador (empleo, impuestos, producción, etc.) mientras la economía privada se vuelve a levantar.
Francisco Castañeda es economista y académico de la U.Central
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