Por Yazmín Alejandra Quintero Hernández y Perla Shiomara del Carpio Ovando.- El presente trabajo tiene el objetivo comprender y argumentar las posibles dinámicas involucradas en los espacios de convivencia familiar y las condiciones derivadas de la situación de contingencia relacionada con el COVID19. Se centra especial atención en el contexto mexicano. Se ha señalado que desde que inició el aislamiento por el COVID-19 han aumentado en México un 5% los ingresos de mujeres a refugios, un 60% las orientaciones vía telefónica o electrónica, un 24% los reportes de violencia familiar y un 7,2% las detenciones por violencia intrafamiliar (Galván, 2020). Lo anterior nos permite subrayar el aumento de la violencia durante la contingencia. Estos datos obligan a reflexionar sobre cambios o afectaciones en la dinámica familiar durante este periodo de aislamiento. Al ser un tema nuevo, implica transitar por las reflexiones de algunos autores y sentar las bases para la investigación de otros momentos (antes, durante y después) de la contingencia. Metodología Es un estudio cualitativo pues, como indica Mason (1996), está basada en métodos de generación de datos flexibles y sensibles al contexto social en el que se producen. Se acude aquí a la revisión y análisis de fuentes documentales (artículos, periódicos, páginas electrónicas, trípticos, otros), registro de información en diario y a la observación. Hallazgos La familia puede ser uno de los mayores espacios de convivencia (INEGI, 2014); sin embargo, en condiciones “normales” sus integrantes “salen”, dando espacio a la liberación de tensiones. De acuerdo con la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo 2014, los niños, adolescentes, así como adultos que trabajan y estudian, dedican al menos una tercera parte del día a actividades fuera del hogar (INEGI, 2014). En espacios de convivencia e interacción es natural que surjan conflictos (Domínguez y García, 2003), especialmente en culturas colectivistas como la mexicana, caracterizadas por la interdependencia entre personas y su grupo (Cienfuegos et al., 2016). En este tipo de culturas los espacios de convivencia se vuelven mucho más importantes y se tornan decisivos. Se vuelve primordial las reacciones que el otro tenga frente a los comportamientos, se permite menos la individualidad y la expresión de puntos de vista alternativos que no coinciden del todo con el que alguno otro miembro tenga. Se sabe que la realidad es única para cada persona; así, existen tantas realidades como personas (Watzlawick, 1994). El problema surge cuando las personas esperan que el otro piense o actúe como ellas lo hacen. Por lo que, opiniones diferentes que además tienen que ver con la supervivencia se convierten en espacios de discusión y conflicto. Además de que ha sido documentado que las relaciones en periodos de máxima convivencia generan rupturas, las cuales en su punto más extremo derivan en separaciones y violencia, estos datos se han reflejado en investigaciones que documentan el aumento de divorcios, por ejemplo, tras periodos vacacionales (Korstanje, 2015). En este sentido, durante la contingencia por COVID-19, temas como la manera en que cada integrante vive la pandemia, las creencias que tenga en torno a esta, la gravedad que le otorgue y los mecanismos que ejerce para protegerse, pueden derivar en espacios de conflicto que se traducirán en una expresión emocional de mayor intensidad. Además, la situación de aislamiento durante la COVID-19 tiene algunas condiciones particulares que hacen a la convivencia aún más complicada, como son que el “encierro” o confinamiento no es voluntario, existe un riesgo a la salud y a la economía, lo que puede incrementar el estrés y aumentar la intensidad de las emociones derivadas, el miedo, la angustia, el desánimo, la añoranza o nostalgia, la inestabilidad o el caos, el enojo y la frustración por los planes no realizados (vacaciones, celebraciones, etc.) y la alteración de las rutinas diarias, la necesidad de reorganización de las actividades o tareas domésticas, la convivencia con los niños y los atrasos en actividades laborales. Otros puntos de discusión que tienen que ver con las individualidades son los diferentes puntos de vista y estrategias que cada integrante de la familia utiliza para mantenerse seguros. La obsesión con la limpieza, o, por el contrario, la relajación en temas de higiene y confinamiento, los diferentes niveles de aislamiento social de los integrantes, los diferentes puntos de vista sobre recibir, o no, a otros familiares en casa, acudir, o no, a eventos familiares, son temas de decisión importantes. Por otro lado, la funcionalidad de la familia tiene que ver con su flexibilidad y su capacidad para adaptarse al cambio y superar las crisis (Juárez, et al., 2016). Derivado de lo cual, consideramos que la familia puede generar aprendizajes importantes y descubrir recursos personales que pueden fortalecer su unión; así, los integrantes pueden desarrollar empatía, solidaridad, comprensión mutua, habilidades de comunicación y negociación, una mayor expresión afectiva positiva y la valoración y el reconocimiento por el otro y su labor. Es indudable que este periodo pondrá a prueba las herramientas y fortalezas de la familia y desarrollará nuevos aprendizajes en muchas de ellas, para lo cual puede ser útil, ante la imposibilidad de mantener una distancia física, tratar de buscar espacios individuales que permitan mantener, en ocasiones, una sana distancia emocional (necesaria) para permitir la reflexión y el tiempo que posibilite la atenuación de las emociones. Referencias bibliográficas Cienfuegos-Martínez, Y.I., Saldívar-Garduno, A., Díaz-Loving, R. y Avalos-Montoya, A.D. (2016). Individualismo y colectivismo: Caracterización y diferencias entre dos localidades mexicanas. Acta de Investigación Psicológica, 6, 2534–2543. Domínguez, R y García, S. (2003). Introducción a la Teoría del Conflicto en las Organizaciones. Madrid: Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Galván, M. (2020). Otra contingencia: La violencia contra las mujeres va en aumento. Expansión Política. Periódico en Línea (5 de abril de 2020) https://politica. expansion.mx/mexico/2020/04/05/otra-contingencia-la-violencia-contra-las-mujeres-va-en-aumento Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (2014). Encuesta Nacional de uso de tiempo (ENUT) 2014. Documento metodológico. México: INEGI http://internet.contenidos.inegi.org.mx/contenidos/productos//prod_serv/ contenidos/espanol/bvinegi/productos/nueva_estruc/702825075545.pdf Juárez, M.C.L., Ponce, R.R.E., Rodríguez, L.J.L. (2016). Clasificación clínica de la familia en estadios funcionales: propuesta de un instrumento para su estudio. Medicina Familiar, 18(3), 65-75. Korstanje, M.E. (2015). Cuando viajar no es un placer: El divorcio en vacaciones. Revista de Antropología Experimental, 15, 73-83. Mason, J. (1996). Qualitative Researching. Londres: Sage. Watzlawick, P. (1994). ¿Es real la realidad? Barcelona: Herder. Yazmín Quintero Hernández es Doctora en Psicología, profesora investigadora de tiempo completo, Departamento de Enfermería Clínica Universidad de Guanajuato, Campus Celaya-Salvatierra. Perla del Carpio Ovando es Doctora en Psicología Social, profesora investigadora de tiempo completo, Departamento de Estudios Culturales, Demográficos y Políticos, Universidad de Guanajuato. Campus Celaya-Salvatierra.
Por Margarita Cortés.- A lo largo de los siglos, la humanidad ha enfrentado una amplia variedad de problemas prácticos, desde la necesidad de reconocer y clasificar elementos hasta identificar tendencias y predecir situaciones futuras.
La sociedad del conocimiento no es ajena a esta realidad. Con la abundancia de datos generados por la capacidad tecnológica de nuestra era, nos encontramos en un momento en el que estas necesidades adquieren mayor relevancia. Es fundamental aprovechar la información disponible y fomentar la formación de ciudadanos y ciudadanas capaces de interpretar la realidad en la que viven a partir de la perspectiva que nos brinda la estadística.
Si bien el Día de la Estadística se celebra el 20 de octubre cada cinco años, es relevante recordar y destacar la importancia de esta ciencia en la sociedad, especialmente en el ámbito de la salud.
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La estadística ha sido fundamental en este campo desde tiempos inmemoriales. Un claro ejemplo de ello es el médico inglés John Snow (1813-1858), considerado uno de los padres de la epidemiología moderna. Snow utilizó mapas y análisis estadísticos para identificar la fuente de la epidemia de cólera, descubriendo que la propagación de la enfermedad se debía a puntos de agua contaminada. Hoy en día, podemos relacionar este tipo de análisis con herramientas estadísticas georreferenciadas.
Sin ir más lejos, en 2021, tenemos otro ejemplo con la destacada Nan McKenzie Laird (1943), la primera mujer galardonada con el Premio Internacional de Estadística 2021 por su trabajo sobre herramientas para el análisis de datos longitudinales. Su último trabajo está relacionado con el campo de la genética, desarrollando métodos para establecer patrones hereditarios de enfermedades como el Alzheimer y el asma.
Como podemos observar, la estadística es una ciencia que contribuye de forma transversal a distintas áreas del conocimiento. Sin embargo, en el ámbito de la salud, su impacto se amplifica, ya que su rol es fundamental para entender y abordar los problemas de salud que afectan a las poblaciones. Permite a los investigadores y políticos identificar tendencias, evaluar intervenciones y formular políticas efectivas.
Sin datos precisos, es imposible medir el impacto de las enfermedades, evaluar la efectividad de los tratamientos o identificar grupos vulnerables que requieren mayor atención. Por ejemplo, durante la pandemia de COVID-19, el seguimiento de estadísticas sobre contagios y muertes fue vital para tomar decisiones e implementar medidas adecuadas para salvar vidas.
La estadística no es sólo un conjunto de herramientas matemáticas, sino una ciencia fundamental que nos ayuda a comprender la complejidad de la realidad en la que estamos inmersos. En un mundo donde la información abunda y los desafíos son cada vez más grades, el análisis estadístico se convierte en una herramienta imprescindible para comprender las dinámicas sociales y sanitarias.
La historia de figuras como John Snow y Nan McKenzie Laird nos recuerda que, a través de la estadística, podemos mejorar la calidad de vida de las personas. Por lo tanto, es esencial que sigamos promoviendo la alfabetización estadística entre los ciudadanos y ciudadanas, para que estemos preparados para interpretar y tomar decisiones sobre la información que nos rodean y, de esta manera, aprovechar la riqueza que nos brinda la sociedad del conocimiento.
Margarita Cortés Toledo es académica de la Facultad de Medicina, U.Central
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