Opinión

Europa se prepara para la guerra: la vida civil en primera línea

Hospitales, redes eléctricas y hogares forman parte de una estrategia de resiliencia ante una posible guerra con Rusia, mientras la diplomacia pierde terreno frente a la disuasión armada.

Por Juan Medina Torres.- Las guerras en Medio Oriente y Europa demuestran la debilidad de la diplomacia para resolver conflictos bélicos que hoy tienden a hacerse crónicos por los intereses políticos y económicos en juego.

El papa León XIV, en su encíclica Magnifica humanitas, dice que vivimos:

«En una época de notable ceguera espiritual y cultural. Un falso pragmatismo invita a cortar las raíces de la memoria, como si se pudiera inaugurar una especie de “nueva creación” desvinculada del pasado; incluso quienes invocan grandes principios morales pueden caer en este nihilismo histórico, creyendo ilusoriamente que las atrocidades del siglo XX ya no pueden repetirse. En realidad, las mismas dinámicas resurgen bajo nuevas formas. Parece volver a imponerse la lógica del equilibrio armado y de la disuasión. Pero, a diferencia del escenario bipolar de la Guerra Fría, hoy la multiplicación de los actores y de los frentes de conflicto hace que esta lógica sea cada vez más frágil. La conflictividad exacerbada empuja hacia guerras asimétricas e “híbridas”, libradas también en el terreno económico, financiero e informático, con el uso de la desinformación y campañas que alimentan el miedo para influir en la opinión pública. En muchos países, incluso en el Sur global, el aumento del gasto militar se presenta como la única respuesta a un futuro incierto o a amenazas percibidas, mientras que el costo real recae sobre los más pobres, que ven reducirse los recursos destinados a la salud, a la educación y a los servicios sociales».

Y agrega: «El recurso a la fuerza, a la violencia y a las armas testimonia una pobreza relacional que siempre tiene consecuencias desastrosas para las poblaciones civiles».

La preparación para la guerra

Los analistas coinciden en que, durante los años posteriores a la Guerra Fría, los líderes europeos consideraron que los riesgos de guerra eran remotos y que, en caso de necesidad, Estados Unidos acudiría en su ayuda. Pero esa época terminó y ahora Europa se enfrenta a una nueva realidad en la que la diplomacia cede el paso a la amenaza.

Es sabido que la guerra moderna abarca otros ámbitos, como los ciberataques, los sabotajes, los incendios provocados, los ataques con drones y las acciones contra infraestructuras críticas. El temor de los países europeos es que Rusia realice este tipo de operaciones sin cruzar claramente el umbral de la guerra convencional. Así, el campo de batalla es cada vez más amplio si Putin decide ir más allá.

Ante la posibilidad de un conflicto a gran escala con Rusia, los países europeos han decidido incrementar los gastos en defensa, adaptar sus infraestructuras y preparar a la población civil.

Países como Suecia, Finlandia y Noruega instruyen a sus habitantes para enfrentar apagones prolongados, ciberataques y conflictos armados. En Alemania se revisan los protocolos de atención médica masiva y se preparan los hospitales ante un posible ataque. Su canciller, Friedrich Merz, advirtió sobre «momentos decisivos» en la defensa de la libertad y la paz.

Suiza, conocida por su neutralidad, adoptó una nueva estrategia de seguridad nacional que busca fortalecer la resiliencia de su población y la capacidad del país para defenderse de un ataque armado.

En el Reino Unido, las recomendaciones de preparación ante emergencias incluyen mantener reservas de agua potable y alimentos para, al menos, 72 horas.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, se reunió con los líderes políticos de su país y anunció nuevas medidas para proteger la infraestructura crítica ante la intensificación de los ataques híbridos rusos.

El primer ministro de Polonia, Donald Tusk, ordenó construir infraestructuras defensivas en su frontera oriental.

Las lecciones de Ucrania

Ucrania ha sido un laboratorio para los países europeos y ha ofrecido una lección sobre lo que exige la guerra moderna más allá del material militar: redes eléctricas que resistan ataques, hospitales que puedan atender a un mayor número de personas, comunicaciones, redes de transporte y, lo más importante, gobiernos capaces de funcionar bajo una presión constante y una población resiliente que pueda resistir el costo de la guerra sin colapsar.

Funcionarios de la OTAN estudian cómo los ucranianos logran mantener en funcionamiento los servicios esenciales bajo los ataques rusos sostenidos.

En este contexto, la OTAN publicó el 17 de septiembre de 2026 sus requisitos de resiliencia, que abarcan desde la continuidad del gobierno y el suministro de energía hasta la alimentación, el agua, la atención médica y las comunicaciones durante las crisis y los conflictos.

De este modo, la preparación de la población se convierte en parte de la disuasión, aunque no se sabe si funcionará frente a lo que Putin tenga en mente.

Alvaro Medina

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