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Curiosidades de la Historia: Ciriaco Contreras, un bandido caballeroso

Un jinete capaz de salvar a un niño del río y, al mismo tiempo, de desafiar a hacendados, policías y políticos; así se forja la leyenda de Ciriaco Contreras, el bandolero maulino cuya vida transita entre el mito oral, los archivos judiciales y la memoria literaria de Chile.

Por Juan Medina Torres.- Cuentan que una tarde de verano, mientras un grupo de personas se bañaban felices en el río Teno, cuatro jinetes provenientes de Curicó vadearon el río para proseguir su viaje a Teno. De pronto escucharon los gritos desesperados de un grupo de mujeres. Uno de los niños que se bañaba en el río se estaba ahogando y sus padres, impotentes, no podían socorrerlo. Dicen que la madre del chico miró a los jinetes que habían vadeado el río y les imploró ayuda. Uno de ellos, después de cavilar un poco, se metió con su caballo al agua, sacó su lazo y, sin apearse, laceó al niño que se ahogaba, logrando salvarlo. Los padres, agradecidos, le preguntaron su nombre y él les contestó: “Ciriaco Contreras, para servirles”.

Este es uno de los numerosos relatos que se contaban a orillas de un bracero sobre uno de los más famosos bandoleros chilenos del siglo XIX, cuyo teatro de operaciones fue siempre la región del Maule, donde, según Elvira Dantel Argandoña en su obra El bandido en la literatura chilena, estableció “verdaderos cupos de guerra a los hacendados ricos”, lo que se traducía en un complejo sistema de préstamos forzosos bajo amenaza de asalto a la casa patronal.

Datos biográficos indican que Ciriaco Contreras se casó en 1857 y se radicó en San Fernando, donde puso una carnicería. Fue en este momento cuando fue involucrado en un proceso de cuatrerismo, siendo condenado a cinco años de reclusión bajo la acusación de encubridor.

Al recuperar su libertad, se estableció en Rancagua y después se fue a Chillán, pero en una pelea entre un grupo de jinetes borrachos terminó matando a uno de ellos, por lo que se vio obligado a huir, convirtiéndose en jefe de una banda delictual famosa por sus encuentros con la policía rural de la zona.

Estos dos hechos policiales fueron el origen de una carrera delictual que lo hizo famoso.

Memoria Chilena, sitio web de la Biblioteca Nacional, lo describe como un “bandido caballeroso y amigo de los campesinos pobres. Su fama fue creciendo con el tiempo, amparada en el hecho de que siempre respetó a estos últimos, llegando en ocasiones a ayudarlos económicamente”.

Su fama de bandido no fue obstáculo para cultivar amistades importantes como la que tuvo con Javier Ovalle Errázuriz y su hijo Guillermo Ovalle, quienes le facilitaban los pastizales de la hacienda de Marchigüe para que sus cabalgaduras maltrechas descansaran luego de sus correrías.

Dicen que esa amistad habría nacido tras un asalto de Ciriaco Contreras a los Ovalle, cerca de Teno. El trato que tuvo con ellos y su familia, en especial con los pequeños hijos e hijas de Guillermo Ovalle, fue tan caballeroso y amable que terminaron siendo amigos, amistad que perduró en el tiempo. Esto probablemente fue así porque los bandoleros, en esa época, tenían sus propios códigos de honor.

Como reconocimiento de esa amistad, Ciriaco Contreras le regaló a Guillermo Ovalle su famosa carabina “mocha”, que aún se conserva en Marchigüe.

Su influencia llegó a tal grado que, tras prestar servicios a varios políticos de la zona, entró a la policía de Santiago como director de la Sección de Seguridad, de la que tuvo que salir tras la Guerra Civil de 1891, en la que apoyó al presidente Balmaceda. Murió el 8 de noviembre de 1901, atropellado por un tren cuando perseguía a un ladrón. Tenía 73 años y era viudo de Carmen Rojas. Sus restos fueron sepultados en el Cementerio General.

Rafael Maluenda, Premio Nacional de Periodismo, recoge el testimonio del propio hijo de Ciriaco Contreras y lo incorpora a su obra Historia de Bandidos, donde realza la figura y proezas legendarias del bandido.

José Donoso, en su obra autobiográfica Conjeturas sobre la memoria de mi tribu, menciona a Ciriaco Contreras, describiéndolo como parte de las aventuras soñadas durante su infancia y adolescencia, y como un personaje relatado en torno a las mesas familiares.

La leyenda nos muestra a Ciriaco Contreras siempre perseguido por la policía, a la que burla con espectacularidad, lo cual le crea una reputación romántica que perdura en el tiempo como un Robín Hood criollo.

Alvaro Medina

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Etiquetas: culturahistoria

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